La Salle antes de La Salle: el colegio preparatorio de Manuel de la Pascua

14 mayo, 2021

Alejandro Díaz Pinto

Drando. en Humanidades y Comunicación

Entre los numerosos colegios o academias que en La Isla del XIX se especializaron en la preparación de aspirantes a carreras militares, destacan fundamentalmente dos: San Cayetano, existente en la Casa Zimbrelo desde 1843, y el conocido como «de Pascua».

Este último, con el objetivo de formar a los jóvenes para su ingreso en el Colegio Naval Militar, fue fundado en 1853 por José María Pantoja Quintas y su cuñado, el sevillano Manuel de la Pascua Conde. La dirección corría a cargo del primero, que años antes había estado al frente de San Cayetano e impartía la asignatura de Francés. Pascua, profesor superior de la Escuela Normal de Sevilla afincado en San Fernando tras su matrimonio con María Dolores Pantoja, daba clases de Matemáticas e Instrucción primera superior.

Completaban la plantilla Joaquín de la Pascua Conde, profesor elemental de la referida institución hispalense y hermano del cofundador, para la asignatura de Instrucción primera elemental; los adscritos al Observatorio Ignacio Poch Bonavía y Miguel Pellón, quienes compartían Matemáticas con Manuel de la Pascua y José Bayardo, este último también profesor de Inglés; Joaquín Payán, de Francés; José Sánchez Márquez, de Dibujo lineal y topográfico; Nicolás Baturone, de Dibujo natural; Ramón Berlanga, de Música; y Antonio Marín, de Esgrima. Los alumnos, por su parte, podían serlo en calidad de pensionistas, medio pensionistas o externos. Los primeros pagaban 360 reales de vellón mensuales, los segundos 160 y los terceros 50 (enseñanza superior) o 30 (enseñanza elemental).

Pero… ¿dónde se encontraba la academia? La tradición siempre ha señalado el 129 de la arteria principal de la ciudad, es decir, el actual Colegio La Salle, pero lo cierto es que durante sus primeros años ocupó un local mucho más austero en el número 6 de la calle Comedias. No será hasta algunos años después cuando se traslade a este edificio de la calle Real construido por Juan Domingo Saporito a principios del siglo XVIII y que, tras pertenecer a José Micón entre 1717 y 1737, pasó a engrosar el patrimonio del marquesado de Ureña y finalmente funcionar como casa de postas desde al menos 1824.

Desconocemos el momento exacto del traslado. En 1880 ya se encontraba operativo en la nueva ubicación e inmerso en las reformas que imprimirían al edificio su estética isabelina actual. Para entonces el centro había experimentado grandes cambios, pues ni José María Pantoja vivía ya, asumiendo Manuel de la Pascua la dirección facultativa; ni el Colegio Naval Militar permanecía en la Población de San Carlos, por lo que los planes de estudio se enfocaban a la nueva Escuela Naval Flotante de Ferrol. El teniente de navío José Fita Palanca afirmó por aquellas fechas que su hermosa fachada, aunque todavía en construcción, revela un interior digno de ella, como el precioso jardín que hay en medio del patio: tanto el bonito y despejado comedor como los diferentes salones destinados a las clases y todas, en fin, las demás piezas que lo forman, contribuyen a armonizar el todo y a darle un conjunto tal que, suavizando la severidad de las ciencias exactas, hacen que los alumnos se sientan predispuestos al estudio y, si no dichosos, tranquilos y olvidados del natural sentimiento que les produce la separación de su familia. También hizo mención a la «magnífica capilla» donde el sacerdote José Gómez Aguado impartía misa diaria y que no coincidiría con la que los hermanos dedicaron años después a San Juan Bautista de La Salle, pues parece que este último espacio albergaba entonces el comedor. Así lo afirma Carlos de la Pascua, descendiente del propietario. Los dormitorios de los estudiantes estaban en la planta alta; en la baja las aulas y también las viviendas para la servidumbre, aunque con acceso por el callejón de Tomás del Valle; la familia, por su parte, habitaba las dependencias hoy día ocupadas por la tienda de muebles.

Los alumnos eran en su mayoría andaluces, pero también los había de otras regiones españolas e incluso extranjeros. Se encontraban distribuidos en cinco secciones. La primera cursaba Francés, principios de Aritmética, Geografía e Historia en algunos casos; la segunda abandonaba la Geografía para asentar la Historia y nociones de Álgebra; en la tercera la Historia daba paso a nociones de Geometría; la cuarta mantenía el Francés, la Aritmética, el Álgebra y la Geometría en toda su extensión. La quinta se dividía en dos grupos: uno pendiente del último semestre que incorporaba a los estudios de la cuarta sección los de Trigonometría y Topografía, y otro, casi a punto para la oposición, que reforzaba todo lo visto hasta el momento incluyendo ejercicios prácticos y contenidos sobre Geometría Descriptiva  y Analítica. Existía también una sección de independientes que necesitaban un repaso rápido de determinadas asignaturas para incorporarse a otra clase más adelantada. El horario era el siguiente: de 6:00 a 6:30 se despertaban y aseaban; de 6:30 a 8:00 estudiaban; de 8:00 a 9:00 oían la misa; de 9:00 a 10:00 disfrutaban del recreo; de 10:00 a 15:30 acudían a clase; de 15:30 a 16:00 otro recreo; de 16:00 a 17:00 comían; de 17:00 a 18:00 la sobremesa; de 18:00 a 20:00 continuaban estudiando y de 20:00 a 21:00 rezaban el Rosario, cenaban y se iban a la cama. En verano, la sección más avanzada dedicaba su sobremesa a preparar las posteriores clases de Geometría y Trigonometría.

Entre los profesores destacaban el teniente de navío Joaquín Cervera, de Geometría Analítica; Juan Macías, de Álgebra; el exprofesor de la Escuela Naval Flotante Miguel García del Villar, de Geometría; el del Real Observatorio de la Armada Manuel Rodríguez Carrillo, de Trigonometría; o el vicedirector y secretario Ernesto Juliá, de Geografía, Historia y Dibujo. El centro también llegó a contar con el mismísimo Isaac Peral, quien años antes de botar su submarino asumió allí algunas cátedras mientras practicaba los estudios de ampliación en el Observatorio.

A estas alturas, el «Colegio de Pascua», como se le conocía por el apellido de su director, era célebre a escala nacional. Por ejemplo, en 1874, seis de los trece aspirantes que consiguieron plaza en la Escuela Naval Flotante se habían formado aquí -y siete del mismo centro entraron como cadetes del cuerpo de Infantería de Marina-; en 1877 aprobaron veintiuno de los veintitrés que llegaron a presentarse; en 1880 dieciocho de veinte, mientras de los veintisiete procedentes de otras academias solo lo lograron la mitad; en 1886 tres de tres, aunque ya se percibe un bajón en el número de colegiales.

Manuel de la Pascua falleció en 1884. Como curiosidad, un año antes había recibido un anónimo exigiéndole 7.000 reales bajo amenaza a los hijos que tenía estudiando en Sevilla, de muerte o secuestro según las fuentes. El asunto no tuvo mayor recorrido pues el extorsionador cayó en una trampa orquestada desde Jefatura de Orden Público. Uno de estos hijos, Manuel de la Pascua Pantoja, retomó entonces las riendas del centro pretendiendo mantener el prestigio de la formación militar aunque con algunas reformas en lo relativo a los estudios generales de Segunda Enseñanza, incorporando cátedras de todas las asignaturas contempladas en el bachillerato de Arte y gabinetes para su estudio.

Poco más de una década sostuvo su actividad. La última referencia que hemos localizado data de 1897, cuando recibió autorización para verificar exámenes presididos por los catedráticos Ríos, Góngora, Argullos y Rodríguez. Un año después, el edificio sería subastado por deudas de su propietario y adquirido por la Junta de Escuelas Católicas de San Fernando, es decir, la rama local de los hermanos de San Juan Bautista de La Salle. Estos siguen allí actualmente pero en calidad de usufructuarios, pues la escritura fundacional determinaba que «en caso de disolución o de que alguna administración pública o del orden civil quisiera apoderarse sus propiedades», estas pasarían al Obispado, lo cual ocurrió en 1941 al no figurar la citada Junta de Escuelas Católicas inscrita en el registro de asociaciones del Gobierno provincial, fruto quizás de los vaivenes experimentados durante la II República.

El salón regio, una de las zonas originales del edificio, ha sido recientemente restaurado.

El salón regio, una de las zonas originales del edificio, ha sido recientemente restaurado.

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El salón regio, una de las zonas originales del edificio, ha sido recientemente restaurado.

El salón regio, una de las zonas originales del edificio, ha sido recientemente restaurado.

El salón regio, una de las zonas originales del edificio, ha sido recientemente restaurado.

El salón regio, una de las zonas originales del edificio, ha sido recientemente restaurado.

El salón regio, una de las zonas originales del edificio, ha sido recientemente restaurado.

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