Quintanilla: Alarife y personaje

10 marzo, 2016

por Yolanda Muñoz Rey

Si ya es difícil encontrar datos de arquitectos renombrados que vivieron a finales del siglo XVIII, hacerlo sobre un alarife o maestro de obras como Juan García Quintanilla es especialmente complicado. Los datos son escasísimos y, aun así, los pocos que se conservan es gracias al carácter muy activo que al parecer tuvo en su larga vida, llegando a ser de toda su generación, el maestro de obras con mayor proyección laboral, económica y social en la Isla de León.

Sin duda el documento que nos aporta mayor información sobre él es su testamento, firmado el 7 de abril de 1812 y en el que se declara “Enfermo de gravedad y en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural”.

Juan García Quintanilla nació en Carmona en 1734, hijo de Francisco García e Isidora de Quintanilla. Se casó en primeras nupcias con 21 años, en 1755 en la Isla de León, con Francisca Díaz, natural de La Isla, que no aportó dote, con la que no tuvo hijos y de la que enviudó en 1785 cuando él contaba 51 años, heredando sus bienes. Los bienes adquiridos por ambos durante el matrimonio fueron principalmente una casa con planta baja y primera, que se nombró ‘Casa de las Indianas’ en el barrio de Olea y que al parecer construyó él en los terrenos que le compró a Domingo de Olea. Tenía patio, valla, alberca y noria. En el solar que ocupó se levantó luego el colegio público Quintanilla. Además de esta casa, que puso en alquiler, tuvo otra en la calle Ancha donde vivió.

Se casó en segundas nupcias con Manuela González, que sí aportó dote, en 1788, contando él 54 años. Tuvieron seis hijos: la mayor, Manuela, casada con Andrés Maza, teniente del Regimiento de Infantería, y los demás, Josefa, Juan, Manuel, José y Ramona.

En su testamento dispone que su cuerpo se amortaje como dispongan sus albaceas, que se entierre en el cementerio general establecido por el gobierno a extramuros de la ciudad y que se diga misa de cuerpo presente en la iglesia parroquial diocesana, según acuerden los albaceas con el reverendo padre Fray Cayetano Quijada del Orden Calzado de María Santísima de las Mercedes, capellán actual de la capilla titulada el Santísimo Cristo de la Vera Cruz, “quien me tiene ofrecido hacer los gastos que se causen”. Aunque firmó su testamento en 1812, no muere hasta el 24 de junio de 1817.Se casó en segundas nupcias con Manuela González, que sí aportó dote, en 1788, contando él 54 años. Tuvieron seis hijos: la mayor, Manuela, casada con Andrés Maza, teniente del Regimiento de Infantería, y los demás, Josefa, Juan, Manuel, José y Ramona.

Sobre sus actividades económicas, se sabe que fueron muy variadas y no se limitaron a su profesión originaria de albañil. Hizo de prestamista, representante, administrador, fiador y depositario de bienes en múltiples ocasiones, arrendador de pastos, y tuvo un negocio para extraer piedra de martelilla en Jerez y venderla a la obra de la Población Naval de San Carlos. Ocupó los puestos de maestro de albañilería municipal y alarife público, diputado del común y diputado de abastos durante muchos años junto a compañeros de profesión como Fernando Lobato, Manuel González, Pedro Domínguez, Cristóbal Bonavia, Juan González y Miguel Navarro. Jugó un papel decisivo en la construcción de la capilla del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y trabajó junto a arquitectos académicos como Torcuato Cayon, Albisu, Croquer y Torcuato Benjumeda en obras municipales: el Ayuntamiento, la calle Real, el cementerio y el matadero.

El alarife es el maestro de albañilería que públicamente está señalado y aprobado para reconocer, apreciar o dirigir las obras que pertenecen a la arquitectura, lo que en la actualidad podría corresponder al aparejador o arquitecto técnico municipal.

Los maestros de obra, aunque poco estudiados, tienen gran relevancia histórica. Algunos cumplimentan e incluso superan la propia actividad de los arquitectos con trabajos de gran nobleza. Pero las obras de carácter popular siempre están destinadas a la incertidumbre y el anonimato.El alarife es el maestro de albañilería que públicamente está señalado y aprobado para reconocer, apreciar o dirigir las obras que pertenecen a la arquitectura, lo que en la actualidad podría corresponder al aparejador o arquitecto técnico municipal.

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