El entorno de Río Arillo: Un enclave recuperado para la biodiversidad y la sociedad

18 marzo, 2016

por Antonio Gómez Ferrer

Las salinas eran a San Fernando lo que los viñedos a Jerez o los olivares a muchos pueblos de Jaen. Actividades económicas tradicionales que ocupaban mucho territorio, empleaban un importante número de personas y generaban un tejido industrial y económico en el entorno (almazaras, bodegas, muelles, etc). Esta fuerte relación entre actividad y sociedad local no sólo derivó en una modificación y adaptación del territorio natural que circundaba las ciudades a los requerimientos de la producción -en nuestro caso la transformación de marismas naturales a salinas-, sino que se consolidó un vínculo cultural que tiene su reflejo en la arquitectura (casas salineras), el urbanismo (muelles), el vocabulario, el arte y la cultura, en definitiva, de estos enclaves.

No se puede entender San Fernando sin tener presente determinados pilares sobre los que se ha construido esta ciudad, y uno de ellos es sin duda las salinas.

Como ha pasado en otras localidades con otrora fuertes actividades económicas tradicionales, la globalización de los mercados, la modernización de los procesos productivos y las nuevas tecnologías han relegado las pretéritas explotaciones a un plano muy distante del que ocupaban en el pasado, siendo actualmente, y por desgracia, residuales frente a otros usos del territorio, o incluso eliminadas como tales.

En el caso de las salinas, cuando perdieron su pujanza económica, sufrieron una tendencia generalizada de abandono que provocó que gran parte de las más cercanas al núcleo urbano se perdieran por rellenos destinados a ofertar suelo para usos mas rentables (polígono industriales, recintos feriales, urbanizaciones, infraestructuras, centros comerciales, etc.) y otras, las mas expuestas al mar, fuesen perdiendo su fisionomía por la acción continua de vientos y mareas, conjugada con la ausencia de mantenimiento y manejo.

Con este panorama, muy pocos empresarios fueron capaces de mantenerse y, siempre, mediante la adaptación a las nuevas condiciones del mercado. Tenemos un espléndido ejemplo en la Salina San Vicente, que se ha convertido en un referente de cómo una empresa familiar históricamente vinculada a una explotación tradicional es capaz de explorar nuevos mercados y abrirse camino de forma competitiva, a base de innovación, en actividades económicas complementarias a la salina como el turismo o la gastronomía.

Otro ejemplo en San Fernando del mantenimiento de la actividad salinera es El Estanquillo, la cual subsiste como complemento estratégico a otras salinas mecanizadas de mayor envergadura que sus titulares, con gran experiencia en el sector, explotan en el entorno de la Bahía de Cádiz.

Por desgracia, no todas las salinas tenían detrás una familia o un grupo empresarial interesado en mantener la producción minera, muchas veces por la dilución de la titularidad entre herederos, otras por estrategias empresariales incompatibles con la producción de sal, por dificultades económicas y de financiación, o por el limbo administrativo y jurídico que deriva de la falta de ejecución de la Ley de Costas.

Pero realmente, el factor común a esta falta de interés ha sido y es, la escasa rentabilidad que la producción de sal ofrece al empresario, y los altos costes de puesta en funcionamiento y mantenimiento de las salinas. Mucho riesgo y poca ganancia.

Con este panorama, en cierta manera desolador, a finales de los años 90, se identifica por parte del Parque Natural Bahía de Cádiz una zona en el entorno natural cercano a San Fernando que presentaba un potencial innegable para albergar actividades de uso público, servir como un bastión para la biodiversidad, y que estaba sufriendo una serie de amenazas y agresiones que parecían dibujar un futuro similar al de las salinas de La Magdalena, de San Juan o de La Leocadia, las cuales habían desaparecido bajo basuras y escombros total o parcialmente. Esta zona se correspondía con el interior del río Arillo y la salina Tres Amigos, y en esa época su estado de abandono y desecación estaba derivando en una pérdida de valores ambientales muy importante.

Por ello, en coordinación con la Universidad de Cádiz y otros socios franceses y británicos a principios del Siglo XXI, se logra la aprobación del proyecto europeo LIFE NATURE ‘Aves Acuáticas de la Vertiente Atlántica’, mediante el cual se busca mejorar y potenciar los hábitats de nidificación, descanso y alimentación de las aves, a través de la formación de riendas, islas y restauración de compuertas.

Estas actuaciones supusieron un gran éxito desde el punto de vista de la biodiversidad ya que tras las obras se registró un incremento significativo de las poblaciones de aves. En concreto, tras mas de 10 años de seguimiento, a día de hoy podemos decir que la salina de Tres Amigos y el río Arillo constituyen uno de los enclaves más importantes para las poblaciones de ornitológicas del Parque Natural, que a su vez es un sitio RAMSAR, o lo que es lo mismo, de reconocida importancia internacional para las aves.

Esta importancia tiene dos vertientes principales: servir como zona de alimentación y descanso de múltiples especies que pasan la invernada en nuestras salinas o que las usan como estación de tránsito indispensable en sus migraciones, y sobre todo, servir como zona de cría de especies amenazadas y muy singulares, que no encuentran en otros enclaves litorales de Europa las condiciones de naturalidad y ambientales que le ofrece la salina Tres Amigos.

Por poner algunas cifras, podemos decir que en base a los censos oficiales -puntuales y dirigidos a una serie de especies restringidas-, solo en lo referente a aves de zonas húmedas en esta salina y su entorno inmediato se han registrado algunos datos que pueden resultar impresionantes, máxime cuando se dan a escasos cientos de metros de una gran urbe y los habitantes de ésta lo desconocen.

Por ejemplo, desde 2004 se han censado 63 especies diferentes de aves que, unidas a otras terrestres y marinas presentes en la zona, hacen que estemos tratando un territorio con mas de 100 especies de animales vertebrados. Esta cifra estable en un territorio de unas 100 Has denota un índice de biodiversidad muy alto. Pero no solo son muchas especies, sino que también son muchos individuos.

Podemos decir que durante el año, mas de 20.000 aves usan el territorio Río Arillo-Tres Amigos. Además muchas de ellas son gregarias y pueden formar grandes y espectaculares bandos, siendo las registradas de mayor número los correlimos invernantes -superando los 10.000 aves en un sólo día-, el millar de flamencos que pueden llegar a darse cita en determinadas jornadas estivales o los grupos de agujas o avocetas que superan los 800 individuos.

En relación a la abundancia, podemos diferenciar diferentes grupos: uno multitudinario, cuyos ejemplares se pueden contar por miles (correlimos y gaviotas); otro muy numeroso pero que no llega a estas densidades (entre 500 y 1000 individuos) donde se encuentran los flamencos, las avocetas, chorlitejos y agujas; un piso inferior donde encuadramos especies habituales pero menos abundantes (entre 50 y 500 individuos en un día) como zarapitos, cormoranes, cigüeñuelas, espátulas o archibebes; y un grupo de especies territoriales que no suelen aparecer en gran número pero que es posible observar con cierta frecuencia como garzas, martín pescador, águila pescadora o anátidas.

Respecto a la nidificación, indicar que el estero de Tres Amigos es escenario para la reproducción de más de 10 especies, alguna de las cuales son muy importantes y singulares como la avoceta, el charrancito o el chorlitejo patinegro. Por desgracia, también es zona de nidificación de gaviota patiamarilla, cuya colonia depreda sobre el resto de las especies para sacar adelante su nidada.En relación a la abundancia, podemos diferenciar diferentes grupos: uno multitudinario, cuyos ejemplares se pueden contar por miles (correlimos y gaviotas); otro muy numeroso pero que no llega a estas densidades (entre 500 y 1000 individuos) donde se encuentran los flamencos, las avocetas, chorlitejos y agujas; un piso inferior donde encuadramos especies habituales pero menos abundantes (entre 50 y 500 individuos en un día) como zarapitos, cormoranes, cigüeñuelas, espátulas o archibebes; y un grupo de especies territoriales que no suelen aparecer en gran número pero que es posible observar con cierta frecuencia como garzas, martín pescador, águila pescadora o anátidas.

Pero lo realmente singular de este humedal no son sus aves, ni su paisaje, ni siquiera su fisionomía salinera, valores que podemos encontrar en otras localizaciones (pocas y dispersas, eso sí). Lo realmente importante de este enclave es que se ubica a escasos metros de un casco urbano que alberga mas de 100.000 personas que, a su vez, se encuadra en una de las áreas metropolitanas más importantes de Andalucía, y que se rodea de un territorio donde las infraestructuras (carreteras, ferrocarriles, conducciones, etc) tienen un peso específico poco reproducible en otros parques naturales.

Esta cercanía a la urbe es el principal valor de Tres Amigos ya que facilita el disfrute de la naturaleza más selecta por la población general, y potenciar ese valor es tarea de todos. De la administración del Parque Natural, ofertando equipamientos de uso público de calidad (sendero, miradores, señalética) y velando por la calidad ambiental y la biodiversidad. También de la administración local, dando a las salinas el valor que merecen dentro del contexto isleño; del empresariado, identificando y aprovechando las oportunidades de empleo y generación de riqueza que emanan de este territorio obviado desde hace años por los mercados; y de la población local -la sociedad-, apreciándolo por su utilidad como área de contacto con la naturaleza, de práctica deportiva, de paseo, de recreación paisajística, de escenario fotográfico, etc, asumiéndolo como un espacio que ofrece al vecino y al visitante bienestar y calidad de vida, no deslocalizable, ni reproducible en otros enclaves. En pocas palabras, entenderlo como patrimonio isleño y tratarlo como tal.

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