Los secretos del ‘Cristo Viejo’

19 febrero, 2017

por Alejandro Díaz Pinto

Un grupo de isleños se reúne para escuchar in situ las explicaciones de la Dra. Yolanda Muñoz sobre la rehabilitación del templo crucero.

El Neoclásico fue, durante los siglos XVIII y XIX, el estilo artístico defendido por las élites. Una vuelta a los cánones del mundo grecorromano que solo los grandes arquitectos solían poner en práctica y, por ende, en edificios institucionales o de cierta envergadura. El Barroco, contemporáneo a éste, acabó siendo considerado por la Academia de Bellas Artes como un estilo vulgar, de mal gusto por sus excesos pero muy aceptado entre el grueso de una población que recurría a la ornamentación para disimular la pobreza de los materiales empleados.

La Capilla de la Vera Cruz de San Fernando es, por tanto, «uno de los pocos ejemplos de arquitectura neoclásica con carácter popular», indicó Yolanda al inicio de la visita. Es la principal singularidad del objeto en torno al que desarrolló su tesis doctoral. La capilla fue construida en las últimas décadas del siglo XVIII bajo «una iniciativa popular dirigida por el maestro de obras Juan García Quintanilla». Este personaje, indicó Muñoz, «era, en esencia, un albañil, aunque estaba vinculado al Ayuntamiento, y seguramente conoció a arquitectos de la época como Cayón o Benjumeda». De ahí el estilo de la capilla que, no obstante, mantiene el elemento barroco en su portada, la cual «de manera muy simplificada, copia la de la Iglesia Conventual del Carmen», aclaró.

Ya en el interior, se centró en otra de las características que hacen especial a este templo, «tan ligado a muchas personas del pueblo por haberse bautizado o casado en él». Se refería al techo de carpintería, que solía construirse con carácter provisional en tanto llegaban los recursos necesarios para concluir la fábrica de las iglesias. El de La Pastora, por ejemplo, fue sustituido a lo largo del siglo XIX. «El del Cristo es el único que conservamos en la actualidad». Los retablos también encierran curiosidades, ya que «los que vemos ahora fueron colocados en algún momento de la centuria decimonónica». La escuela-taller llegó a esta conclusión cuando al desmontarlos encontró motivos decorativos pintados directamente sobre la pared. Es decir, «la Capilla se inauguró sin retablos, con simples huecos abiertos en sus muros de mampostería para albergar a los santos». La realización tardía de estos altares, que «sufrieron varias restauraciones en los siglos XIX y XX», se corrobora con firmas y hojas de periódico halladas durante la obra de rehabilitación.

Algunos visitantes posan junto a Yolanda, directora de la rehabilitación y autora del libro sobre la Capilla.

Algunos visitantes posan junto a Yolanda Muñoz, Dra. en Arte y Humanidades.

Víctima del desconocimiento

«Todos recordamos el templo con los altares de color gris naval y un suelo de losas hidráulicas», reconoce. Sin embargo, «esto distaba mucho de su concepción original». La solería era de barro, como muestran las fotos de las catas publicadas en el libro de Muñoz Rey. Algo que no se ha querido recuperar, aún siendo posible, al optarse por «unas losas de mármol ajedrezado que nada tienen que ver con la naturaleza popular del templo». Los altares sí presentan su marmoleado original en colores pastel claro de los que aún quedaba rastro «bajo la pintura al aceite que se les aplicó en una desafortunada intervención del siglo XX». Desgraciadamente no se ha respetado una pintura en forma de ‘jaula’ hallada tras el retablo de la Virgen del Carmen y que, pese a ser anterior a éste, se ajustaba perfectamente al hueco. Tampoco el color albero aplicado en pilastras y cornisas es propio del templo.

Yolanda espera que no se trate de pintura plástica ya que «los muros antiguos necesitan respirar, de ahí que aplicásemos a las paredes un mortero de cal especial para ello». Los efectos de la humedad, que siempre fue un problema intrínseco del edificio, se verán mermados no obstante gracias al nuevo sistema de anclaje de los retablos, que hasta la intervención de la escuela estaban adheridos directamente al muro. No faltaron curiosidades sobre los enterramientos descubiertos, o la pobreza de los cimientos, todo ello rigurosamente recogido en el título La Capilla de la Vera Cruz de San Fernando. Ejemplo de interpretación popular de la arquitectura neoclásica gaditana.

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