Autora de personajes ilustres

30 abril, 2017

por Alejandro Díaz Pinto

La ceramista isleña Cristina Martínez Zafra realiza para Patrimonio La Isla un repaso a su trayectoria artística. Varios monumentos, esculturas y murales de azulejería integrados en el paisaje urbano de San Fernando llevan su firma.

Hace años -dice- que salió de los circuitos artísticos locales, pero aún conserva su taller en la calle Pérez Galdós. En él realiza encargos puntuales, el último, un mural cerámico para el Colegio María Auxiliadora de Cádiz, pero durante años creó algunos de los iconos más reconocibles del mobiliario urbano de San Fernando, centros de conmemoraciones anuales, himnos y ofrendas de florales.

Cristina Martínez Zafra es maestra en el CEIP Isabel la Católica de Chiclana de la Frontera y, aunque le encanta su trabajo, reconoce que su verdadera vocación son las artes plásticas. Con el título de Magisterio en la mano y ante la imposibilidad de licenciarse en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, completó su formación cursando Artes Aplicadas en Cádiz, especialidad en Cerámica Artística. «Allí tuve el lujo de ser alumna de Nono Hurtado y Alfonso Berraquero. Ellos sí que eran artistas», recuerda.

Mientras impartía cursos de esta modalidad en el Ayuntamiento conoció al subdirector del Museo Municipal, Antonio Sáez Espligares, quien le animó a montar su propio taller cediéndole unas instalaciones temporalmente. «Le estaré agradecida siempre», confiesa. Más tarde se trasladaría a la calle Pérez Galdós, pero estas dependencias se quedaron pequeñas tras dos años de intensa actividad y se reinstaló en el número 6 de la calle 24 de Septiembre.

En aquel momento impartía clases en el taller y actividades extraescolares en su antiguo colegio, la Compañía de María, cursos en el Ayuntamiento y en una escuela de oficios en Cádiz, similar a las actuales ‘escuelas-taller’. Recibía, además, encargos por parte de instituciones y particulares, datándose en estas fechas -década de los noventa- sus trabajos más conocidos por los isleños, que en ocasiones no identifican su autoría. De ahí lo necesario de esta entrevista. Por aquel entonces, el gobierno municipal depositó en ella su confianza para realizar el busto del padre de la patria andaluza, Blas Infante o «el amigo Blas, así le llama mi madre cuando me veía trabajando en el taller». Reconoce que «lo habría hecho incluso gratis, porque fue mi primer encargo de envergadura; un personaje histórico importante». Y recuerda, a modo de anécdota, que cuando se llevaron el busto original de arcilla a Madrid para fundirlo en bronce tuvieron que cortarle las gafas. «Más tarde lo trajo Antonio Sáez a mi taller para que se las arreglara», por lo que «es posible que se conserve, pero no dónde ni quién lo tiene».

Pese a las acciones vandálicas de las que a menudo es víctima, éste es el único monumento dedicado a Blas Infante en San Fernando y por tanto punto de encuentro para el homenaje anual, conmemorando el aniversario de su fusilamiento.

De Cristina M. Zafra también es otro busto en bronce a menudo cubierto de flores, el del beato Marcelo Spínola y Maestre que existe en Diego de Alvear, junto a Capitanía, sobre una columna apoyada en base de piedra ostionera. La placa metálica ha sido sustraída pero continúa, cada año, siendo objeto de ofrenda por parte de sus devotos, especialmente los cofrades de la Oración en el Huerto cuyo cortejo transita en Semana Santa junto a él. «Esta escultura fue más sencilla porque tenía más detalle, arrugas, recovecos… mientras Blas Infante requería un modelado más fino», explica.

Cristina fue una de las artistas -o artesana, como se define a sí misma- que participó en la campaña de recuperación de hornacinas impulsada desde la delegación de Cultura y la asociación cultural cofrade ‘La Venera’ en la primera mitad de los noventa. En concreto realizó dos imágenes, San Eloy y la Virgen Milagrosa, las cuales se sumaron a otras obras firmadas por artistas como Alfonso Berraquero, Joaquín Domínguez Vidal o Juan Pérez Bey a objeto de completar estos característicos nichos de la arquitectura civil isleña cuyas imágenes originales habían desaparecido.

Azulejo en Las Callejuelas realizado por la entrevistada en 1995.

Azulejo en Las Callejuelas realizado por la entrevistada en 1995.

Azulejos cofrades

Numerosos retablos cerámicos han salido de las manos de esta isleña, no todos religiosos y siguiendo diversas técnicas, pero muchos de ellos son de propiedad particular o encargos para otras localidades. Tres son sobradamente conocidos. El primero de ellos, para un vecino de Las Callejuelas, representa los semblantes del Nazareno y Camarón de La Isla. Se realizó con la tradicional técnica ‘sobre cubierta’, es decir, aplicando los pigmentos sobre el azulejo ya esmaltado en blanco; una superficie impermeable que lógicamente no los absorbe -de ahí su complicación- aunque «es más cómoda». Una variación de esta técnica es la que empleó para el mosaico del Cristo de la Columna de la calle Amargura, es decir, ‘sobre cubierta a la grasa’. Aquí se omite la última capa de esmalte transparente debido al empleo de otro tipo de pigmento de temperatura más baja que durante la cocción vitrifica con el esmalte de la base.

Firma un tercero, esta vez de los titulares del Huerto, en la confluencia de las calles Escaño, Colón y Diego de Alvear, de donde partió la procesión magna en 2010. Se trata de una obra muy criticada, y ella lo sabe, de hecho reconoce que «me equivoqué, lo vi claro al terminarlo». Su aspecto se debe a otro tipo de técnica denominada ‘cuerda seca’ que sustituye los pigmentos por esmaltes, y los azulejos de base esmaltados industrialmente por barro cocido o terracota. «Los distintos tonos de esmalte aplicados llegan a un punto de ebullición tal que requieren de la ‘cuerda seca’ para no unirse, esto es, una mezcla a base de materia grasa, óxido de manganeso y fundente». «Quise innovar, pero debí emplear una técnica mixta y no la ‘cuerda seca’ pura, hubiera dado mejor resultado», explica. El azulejo es en cualquier caso diferente a todos sus homónimos y tan asimilado por los ciudadanos que este punto estratégico no sería lo mismo sin él.

Completan su currículum artístico, al menos en su dimensión más ‘pública’, trabajos para diferentes comunidades vecinales y establecimientos, por ejemplo el pub Anubis -junto a Las Palmeras-, donde se encargó de la decoración pictórica y los bajorrelieves de las cornisas, o el restaurante Casa La Titi, en Gallineras, con relieves de temas marineros modelados en barro; una delicia para los comensales.

Pierde la cuenta -y las fechas- al abordar su producción fuera de San Fernando, la mayoría en manos particulares, pero colaboró con una antigua casa de alfarería en Salvatierra de los Barros, Badajoz. Concluyó su último trabajo artístico en verano, un mural cerámico de María Auxiliadora para Las Salesianas de Cádiz.

Hoy, con su plaza de maestra, no se prodiga mucho. «De momento» mantiene su taller en Pérez Galdós, donde se asentó definitivamente tras abandonar 24 de Septiembre, y sigue dedicándose al arte, aunque de forma más esporádica y selectiva, ya que «ahora me lo puedo permitir». Eso sí, prioriza la faceta artística de sus alumnos a través de manualidades y actividades con pintura, «muy importantes para fomentar la creatividad, aptitud que tenemos todos y debemos trabajar desde la infancia».

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