Una nueva oportunidad: Janer y el futuro del Patrimonio Arqueológico isleño

17 agosto, 2015

por Antonio Saez Romero

¿Cuál es el color del cristal con el que se mide el valor de las cosas en materia de patrimonio arqueológico? Este texto pretende ser una breve reflexión sobre esta cuestión al hilo de los recientes trabajos arqueológicos en el antiguo polígono de Tiro Janer (San Fernando, Cádiz).

Me han sorprendido en el otro extremo del Mediterráneo las notas de prensa publicadas esta pasada semana que han filtrado los primeros datos de lo que se presume el informe definitivo de los trabajos arqueológicos en Janer. Estaba precisamente trabajando sobre ánforas que seguramente pudieron ser fabricadas allí o en otros talleres de San Fernando y que acabaron siendo consumidas (llenas de pescado salado) por griegos de la época de Heródoto, Hipócrateso Pericles. Con estupor, aunque no con sorpresa, veo el enfoque de estos “artículos” de nuevo dando por sentado lo positivo de que el yacimiento no va a seguir impidiendo el desarrollo del parque empresarial. Del mismo modo, cómo se valoran las estructuras aparecidas como de “escaso valor”, dando vía libre así a su traslado (en el mejor de los casos) o a su destrucción (lo más probable en la mayoría de estructuras). Todo ello trae de nuevo a mi mente escenas ya vividas con el Campo de Hockey y otros puntos de la ciudad menos conocidos para el gran público, pero dolientes para los que conocemos más en profundidad la arqueología de la ciudad. Oportunidades perdidas y decisiones apresuradas y poco documentadas en muchas ocasiones, fruto de hacer las cosas al revés (planificar el uso del suelo antes de hacer el diagnóstico arqueológico en zonas donde se sabe a ciencia cierta que hay restos antes de excavar).

Mi visión del asunto no es objetiva, por llevar muchos años ligado a la arqueología de la ciudad y haber asistido a demasiadas defunciones anunciadas como la que parece planear sobre los restos de Janer. Y tampoco los es dado que mi investigación en la última década ha girado en torno a este tipo de yacimientos, esencialmente alfarerías púnicas de San Fernando y su relación con la economía conservera gaditana de la Antigüedad. Este tipo de modestas chancas y alfarerías son ahora ampliamente conocidas a nivel internacional debido a que se apostó por luchar por su conocimiento hace ya muchos años desde instituciones como el Museo Municipal, y a la labor continuada de algunos investigadores que han estudiado muchas de las excavaciones practicadas publicando sus resultados en revistas y congresos de todo tipo.

Por todo ello, considerar lo hallado como de “escaso valor” a pesar de que la conservación de muchas estructuras no sea óptima no me parece adecuado a la realidad. No creo que en el futuro próximo vayan a excavarse centenares de ejemplos más como los ahora descubiertos, pues los restos arqueológicos son como los combustibles fósiles, finitos, y con cada destrucción se sucede una pérdida irreparable (quedando la duda sobre si se volverán a dar alguna vez hallazgos similares). Los hornos y tumbas de Janer constituyen desde mi punto de vista científico un hallazgo excepcional en la isla gaditana, pues no se había dado un conjunto así desde hace casi veinte años (en el actual residencial ‘Isla de León’ junto a la Pery Junquera, completamente destruido hoy). La conexión entre hornos, tumbas, fosas y su medio originario costero, cerca de las marismas, es otro factor a considerar, dado que no se cuenta con otro ejemplo igual. Quizá la minusvaloración de los restos de Janer, como de muchos otras necrópolis, hornos y todo tipo de restos documentados en la bahía, deriva de la percepción popular de que sea donde sea donde se vaya a construir un edificio de nueva planta saldrán restos. Hay que considerar que las piezas del puzzle histórico que aporta la arqueología son un recurso finito, limitado, y que al ritmo que en las últimas décadas nuestro urbanismo ha devorado suelos, las próximas generaciones deberán mimar los pocos puntos donde vayan quedando restos susceptibles de ser investigados.

Lo hallado en Janer es un muy buen ejemplo de una especificidad arqueológica que tiene San Fernando y que es rara en el Mediterráneo, pues fue el solar de un enorme grupo de talleres de producción cerámica asociados a la ciudad de Gadir (esa musealizada con enorme acierto en el casco antiguo de Cádiz). No apostar por esta seña de identidad única del municipio me parece un error. Dado que ya se cuenta con elementos de este tipo en el museo municipal y en la Rotonda de los Hornos Púnicos ¿No sería posible comenzar a apostar por una ruta arqueológica específica para este tipo de instalaciones industriales púnicas isleñas?

En todo caso, lo publicado estos días en la prensa no resuelve otras dudas sobre Janer y su investigación arqueológica, y la coexistencia de esta con el desarrollo urbanístico de los terrenos: ¿seguirá habiendo arqueólogos en el solar cuando empiecen las máquinas a revolver la tierra? El solar es enorme, y los restos muy dispersos por gran parte de él, por lo que me parece precipitado decir que todo ha concluido ya y que el “problema arqueológico” está finiquitado.

En este sentido, queda otra zona, mucho más amplia que la ocupada por tumbas y hornos, que aún está por investigar, acotar y definir en lo tocante a su recuperación: la batería doctrinal, cuyo perímetro fue engullido en los sesenta por la instalación militar derruida recientemente, pero cuyos cimientos se conservan perfectamente. ¿Va a recuperarse completamente uno de los pocos ejemplos hoy musealizables de batería de época napoleónica disponibles en el casco urbano? Se acerca el 24 de septiembre, lo que me recuerda que nada de lo proyectado para el Bicentenario en este sentido (recuperación de baterías y fuertes costeros del asedio) llegó a cuajar, por lo que Janer se presenta como una buena segunda oportunidad para la enmienda también en este campo. Eso si dicha parte del solar no quedó ya atribuida a otros usos, pues entonces me temo que veremos sucumbir también otra seña de identidad local como esta pequeña parte de la red defensiva de la campaña contra los franceses.

Concluyendo, considero que después de que el solar hubiese estado abandonado una década (dando tiempo a haber adelantado los trabajos arqueológicos), no cabe ahora tomar decisiones apresuradas. Antes de dictar sentencia quizá los propios arqueólogos podrían dar una charla pública explicando los resultados, evitando así filtros y dando la oportunidad de conocer y opinar de primera mano. Pero sobre todo, pienso que este caso (en unión a otros recientes como Campo de Hockey) deben ser un toque de atención sobre el modelo de gestión del patrimonio arqueológico local, y acerca de la necesidad de tener una planificación más a larga distancia en la cual la creación de la figura de una oficina municipal de arqueología -ligada a la concejalía de Urbanismo- podría ser una medida que ayudase decisivamente a evitar situaciones como la ahora planteada por Janer (esta figura ya se propuso para su creación en la Carta Arqueológica Municipal en 2003).

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