Una centenaria sátira de La Isla

4 marzo, 2017

en El Mentidero. Semanario Satírico [10/01/1914]

localizado y transcrito por Alejandro Díaz Pinto [04/03/2017]

¡SAN FERNANDO… UN MINUTO!

Desde hace la mar de tiempo le estábamos dando vueltas en el magín a una idea casi luminosa, u séase de algo de luz. Mamporro, el eximio, había visto muchas veces en los periódicos del trust esas hojas tan atrayentes, que el público se salta a la grandota, y que se titulan: Albacete, industrial; Zaragoza y su industria, Málaga y sus vinos, etc., etc.

Así, miradas a primera vista, se queda uno diciendo: «¡Caramba, cuántos sacrificios hace este periódico por el fomento patrio! Envía un redactor a estudiar las provincias, y, además, se gastan un riñón en fotograbados.» ¡Magritas del Indostán! Lo que hace es sacar un sin fin de pesetas por cada plana, después de costeado el viaje del redactor, pagado el papel, las fotografías y demás ingredientes.

Y ésta fue la idea que se le ocurrió a Mamporro al empezar el año de Gracia y Justicia de 1914, bajo el protectorado de Vadillo.

Enviamos un representante con todos los atributos convenientes a que recorriera todas las provincias andaluzas, y el hombre no hacía más que telegrafiarnos de cada provincia: «Aquí ni una mota, envíen fondos.» Todo el mundo le decía: «Pero, señor, ¿cómo quiere usted que le demos pesetas por decirnos chirigotas?» ¡Oh, inocentes, que desconocéis en absoluto la vida! La chirigota es hoy el único reclamo eficaz.

Al fin, nuestro emisario llegó a un pueblo de sentido común, aunque chirigotero. La Isla incomparable —y aquí empieza ya el bombo—, la hermosísima población de San Fernando, donde se crían las bocas más elocuentes de España, razón que tuvieron en cuenta nuestros antepasados para reunir allí las Cortes célebres.

—¡Bocas, bocas de la isla, bocas!… —gritaban en la estación.

Y nuestro representante, al oírlo, pensó: «Vamos a ver qué piden por esas bocas.» ¡Qué gran acierto tuvo! Apenas internado en la incomparable y riente población gaditana, que merece toda clase de protecciones y de piropos, se convenció de que no sólo los mariscos, sino las personas de la Isla son de lo mejorcito que atesora España. Véase la muestra, con caricaturas y todo.

   El alcalde.

Un caballero simpaticón iba por la calle, tocado con una chistera de ocho luces, inglesa chipén, y no de las que usa Alba. «Ése es el alcalde», pensamos. Y el alcalde era. Un hombre de grandes iniciativas, con la carrera de Derecho cursada y dedicado a diversos negocios industriales. De su abolengo conservador no había por qué indagar. La chistera flamante y el traje irreprochable lo decían. Un conservador desde la más tierna infancia, elegido ahora alcalde por la mayoría del Ayuntamiento.

—¿Qué tal andamos de alcalde? —le preguntamos a un botero.

—La ma e bien. E una coza zuperió

Y entonces empezó a contarnos cómo la gestión honrada de D. Federico Jiménez Facio —que así se llama nuestro alcalde—, y los conocimientos municipales que como jefe de la minoría conservadora adquirió en el Ayuntamiento, hacen que el pueblo tenga puestas en él grandes esperanzas.

Su honradez —¡cuidado que para decirlo EL MENTIDERO!— es una garantía de buena administración, y la isla que por todas sus bocas llama cariñosamente al alcalde Federico, demostración de su gran popularidad, confía en que Jiménez Facio facerá el milagro de entronizar un régimen administrativo, que dé a San Fernando días de bienestar. Una especie de laureada del mismo nombre.

   El del concierto salinero.

Figúrense ustedes la fruición con que saludamos a Ruiz Pérez. ¡Un hombre que tiene en sus manos las salinas en un conjunto tan armónico como un Concierto! Con… cierto temor nos acercamos a este sucesor de Lazaga en la Presidencia de la Sociedad dueña de las Salinas de los términos municipales de Cádiz, San Fernando, Puerto Real y Chiclana, que posee 147 fábricas, con una tontería de capital representativo de ocho millones de pesetas. ¡Eso es tener sal, y lo demás… música! Así se explica que esta industria, cada día más floreciente, haya venido a constituir el medio casi único de vida de la región… y de EL MENTIDERO. ¿Qué sería de nosotros sin sal?

Nuestros temores no eran infundados, porque nos encontramos con que el señor Ruiz Pérez, siendo el hombre que dispone de más sal, es el hombre más serio que hemos visto. Y por esa seriedad, unida a una grande inteligencia, que le han conquistado todos los respetos, es por lo que su saliente personalidad ha servido para aunar todas las voluntades en una entidad poderosa integrada por 200 propietarios, con sal suficiente para hacerle llevadera la vida a los pobres españoles.

   El de la Almadrabera.

Ustedes han comido atún, ¿verdad? ¿Es bueno? Pues denle las gracias a la Almadrabera Española que preside D. Jerónimo Gómez, un gran demócrata, de los de verdad, porque ama el orden y lo demuestra en sus negocios.

Ahora se ocupa activamente de la instalación de una gran fábrica de salazones y conservas, que honrará a España, y que nos permitirá tener los atunes y otros peces al alcance de la mano, haya o no haya Cortes.

Si tuviéramos en España una docena de hombre como D. Jerónimo Gómez, ya podíamos reírnos de los peces de colores y de tantos besugos como andan por esas calles dándoselas de personas.

¡Como que en este país lo que está haciendo falta es una almadraba nacional para que caigan todos en la red!

   Otro con mucha sal.

Nos referimos a D. Felipe Sánchez García, que tuvo por padre al hombre más inteligente y laborioso de San Fernando. De origen humilde, a fuerza de puños hizo una fortuna y estableció un negocio importantísimo de salinas, el mayor tal vez de la región.

Sánchez García, que es una mezcla muy agradable de conservador en política y de republicanismo en sus relaciones, sigue las huellas de su antecesor, y en él cifran sus paisanos grandes esperanzas.

Ahora es fogoso y dicharachero, cosa naturalísima tratándose de un andaluz joven con tanta sal; pero tan pronto como pone mano en el negocio, se transforma en formidable calculista, que sabe duplicar y triplicar su fortuna y la prosperidad de su país.

Detalle de la portada perteneciente al número 51 de este semanario satírico.

Detalle de la portada perteneciente al número 51 de este semanario satírico.

El Mentidero. Semanario Satírico [Fuente: Biblioteca Nacional de España]

Dirigido y redactado en su mayor parte por el monárquico-católico Manuel Delgado Barreto (1879-1936), quien pretenderá, sin conseguirlo del todo, seguir la estela del periodismo humorístico político conservador que había dejado la revista Gedeón (1895-1912), a través de invectivas «sin ingenio y puramente horteras», según palabras de Miguel Mihura, llevadas a cabo por un «escritor vulgar de estilo ácido», como así calificará Antonio Espina al periodista de origen tinerfeño. Comienza a salir el uno de febrero de 1913, en números de ocho páginas, y después de que el propio Delgado Barreto alcanzara un escaño de diputado en abril de ese año, en la primavera del siguiente adscribirá su publicación a Antonio Maura (1853-1925). Sus campañas de ridiculización y «sátira sangrienta» estuvieron enfocadas contra los que combatían al maurismo, afectando tanto a los líderes oficiales del Partido Conservador como a los del Partido Liberal. Por ejemplo, para identificar al conservador Eduardo Dato (1859-1935) usará el apelativo ‘Cerato Simple’; para el liberal conde de Romanones (1863-1950), ‘Don Álvaro del Ventilador y la Fresquera’, y para el republicano dirigente del Partido Reformista, Melquíades Álvarez (1864-1936), el de ‘Cotorrita’. Pero a Maura siempre lo llamará ‘Don Antonio’.

La revista contará con un protagonista propio, ‘Don Feliz del Mamporro y de la Sonrisa’, un personaje madrileño de características castizas y chulescas, cuya sección será obra del propio Delgado Barreto, aunque Gómez Aparicio se la atribuya al médico Eduardo C. Gereda. Dedicó mayor espacio a la sátira política e insertó -a modo de coleccionable- un diccionario de este carácter, pero también tuvo secciones de chismografía teatral y taurina. Y aunque la mayor parte de sus textos carecen de firma, entre sus principales colaboradores estuvieron Juan Delgado Barreto (1887-1862) y Ángel González de Mendoza, hermano y yerno del director, respectivamente; así como los periodistas Juan Manuel Mata Domínguez (1875-1974) y Agustín Rodríguez Bonnat (1873-1925). Y entre sus caricaturistas, Francisco López Rubio (1895-1963) y Gerardo Fernández de la Reguera (1881-1936), que utilizó el seudónimo Areuger.

El mentidero alcanzará gran popularidad y tiradas de hasta 200.000 ejemplares, que, junto a la abundante publicidad comercial inserta en sus páginas, supondrá una empresa privada con grandes beneficios a su director, permitiéndole adquirir imprenta propia. Salía los sábados y su paginación aumentó hasta 16 páginas. Sin embargo, su vida se fue debilitando al tiempo en que lo hacía el maurismo.

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