De Torregorda a Camposoto, un litoral repleto de datos arqueológicos

13 noviembre, 2017

por María del Mar Gómez Pastor

Lda. en Historia y Documentalista

Enmarcando la segunda jornada de los XX Encuentros de Historia y Arqueología de San Fernando, los catedráticos, investigadores y profesores de la Universidad de Cádiz Alicia Arévalo y José Ramos, presentan las primeras conclusiones del proyecto De Torregorda a Camposoto. Un nuevo proyecto de investigación sobre el conocimiento humano desde la prehistoria a la actualidad en el litoral isleño, del cual son coordinadores, y que se encuentra en su primera fase debido a las peculiares circunstancias de la zona. Pondrá punto final a esta segunda sesión la ponencia Oír el pasado, entender el futuro: la exposición como medio de difusión, ofrecida por Diego Moreno García, técnico en museos y patrimonio.

La primera de las ponencias se realizó en dos partes, primero el profesor José Ramos se encargó de explicar las delicadas condiciones del terreno, pertenecientes al Ministerio de Defensa, por lo cual fue necesario el consentimiento de éste para la realización y continuación de los trabajos que allí se quieren llevar a cabo; además, como proyecto arqueológico, es también necesaria la respuesta afirmativa del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Destacó también el profesor Ramos el interés por estas zonas que no es ni casual ni repentino, ya que desde los años 30 arqueólogos de renombre como Pelayo Quintero Atauri, Francisco Collantes de Terán, Antonio Álvarez Rojas, Vicente Castañeda, Oswaldo Arteaga o el mismo José Ramos, y más recientemente Carlos Bruquetas y José Antonio Aceytuno,  vienen realizando estudios de valor prioritario, los cuales, combinados, permitieron establecer en el año 2006 el Proyecto arqueológico de la Banda Atlántica.

El objetivo era “revitalizar la conciencia en la necesidad de profundizar los esfuerzos investigadores en estas zonas” que, según la Carta arqueológica Municipal de San Fernando, elaborada en equipo multidisciplinar por la Universidad de Cádiz y coordinada por Don Darío Bernal, Don Antonio Sáez, Don Antonio Manuel Sáez Romero, Don José Juan Díaz Rodríguez, Doña Lourdes Lorenzo Martínez y Don Francisco Javier Toledo Coello, muestra más de 60 yacimientos en total en la isla de San Fernando, repartiéndose según período cronológico en: 24 yacimientos de prehistoria, 29 yacimientos de protohistoria (S. VII-II a.C), 41 yacimientos romanos (S. I a.C-VII d.C), 5 yacimientos de época medieval y 16 yacimientos de época moderna. No obstante, para la zona concreta de Camposoto, resulta esencial el yacimiento de El Estanquillo, que desveló en el interior del Cuartel de Camposoto, junto a la carretera de Gallineras, tres niveles de ocupación: Romano (S. II a.C-I d.C), Bronce pleno (II milenio a.C), y Neolítico final (IV milenio a.C), y que hacía pensar en la necesaria continuidad de ocupación humana a lo largo de todo este tramo de litoral hasta el emplazamiento de Torregorda, donde se suponía presencia humana gracias a las recientes investigaciones realizadas durante sus respectivos trabajos de fin de máster por alumnos de la Universidad de Cádiz.

“Los trabajos de este numeroso equipo de investigadores no han sido fáciles”, como contó la profesora Alicia Arévalo en la segunda parte de esta ponencia. Tras una primera etapa de documentación a través de materiales de archivo, el estudio de materiales conservados en el Museo Municipal de San Fernando, indicaciones e informaciones recogidas de personas conocedoras del lugar —como Antonio Sáez o Curro Ghersi— o la elaboración de una base de datos en sistema SIG, que recogiera el gran afluente de información, se presentó al Ministerio de Defensa y al Ministerio de Educación Cultura y Deporte el informe de las primeras averiguaciones solicitando la entrada en los terrenos para proceder a la zonificación para la posterior realización de prospecciones y terminar de encajar en la localización supuesta los pretendidos restos.

Durante el otoño de 2016 y el invierno de 2017 se llevan a cabo las prospecciones en Camposoto, localizándose un horno en el Sector A1 del Cerro de los mártires, del que ya se tenían indicaciones de existencia y que será desvelado durante los sondeos llevados a cabo durante la primavera de 2017, con unas dimensiones de aproximadamente 2,40 metros de diámetro y en el que aparecen materiales del II milenio a.C. En cuanto a Torregorda, explica Alicia Arévalo, la problemática era particular ya que “lo que se conoce como Paso de la Alcantarilla había sido un sitio de importancia extrema hasta el siglo XVIII por suponer la única vía de unión entre la Isla y Cádiz, donde después -se pensaba- se construyó en dicho siglo el Fuerte de la Alcantarilla. Se realizó, igual que en el caso anterior, una tarea de documentación importante; cartografía, fotografías, recopilación de información, bibliografía, etc., que fue integrada en una base de datos. La misma incluye una sección para los materiales encontrados que van a ser estudiados para determinar sus cronologías. La hipótesis inicial sobre la existencia de este paso y fuerte, así como de la estructura arquitectónica del segundo, han quedado confirmadas tras las primeras prospecciones en las cuales se han hallado el muro del pretil sur y un pavimento de piedra con dos modalidades constructivas diferentes que anuncian la superposición cronológica de la construcción.

En los próximos años, el equipo pretende comenzar las tareas de excavación en los lugares prospectados; el estudio de los materiales y estructuras encontradas; la ampliación de las zonas susceptibles de intervención, así como la verificación definitiva de las hipótesis de tránsitos poblacionales en estas áreas del litoral. A nivel académico, indican ambos profesores, se pretende hacer de estos yacimientos lugares de formación histórica y arqueológica; así como lugares de integración a nivel social.

Vista general del camino que une las ciudades de San Fernando y Cádiz.

Vista general del camino que une las ciudades de San Fernando y Cádiz.

La segunda y última de las ponencias de esta segunda jornada se tituló Oír el pasado, entender el futuro: la exposición como medio de difusión, de la mano de Diego Moreno García, que tras una introducción al concepto de Patrimonio Cultural según la UNESCO dada en México en 1982 —comprende las obras de sus artistas, arquitectos, músicos, escritores y sabios, así como las creaciones anónimas, surgidas del alma popular, y el conjunto de valores que dan sentido a la vida, es decir, las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de un pueblo; la lengua, los ritos, las creencias, los lugares y monumentos históricos, la literatura, las obras de arte y los archivos y bibliotecas— se centró en los medios de difusión de este patrimonio, concretamente en la exposición, actividad que se ha convertido hoy día en un fenómeno sociocultural muy demandado y de gran utilidad para las instituciones a la hora de establecer un diálogo con la sociedad.

Siguiendo esta línea se establecieron cuatro ámbitos expositivos: exposiciones universales, comerciales, de arte y ocio y, por último, centros de interpretación y museos. Todos estos posibles entornos, sean temporales o permanentes y de distintas dimensiones, tienen un nexo común: se proyectan para explicar una historia en un espacio tridimensional concreto; si bien, cada uno de ellos, con su propia morfología y expectativas de difusión, alberga una serie de características.

Diego Moreno se centró en tres ámbitos: los centros de interpretación, entendidos como equipamientos culturales, cuya función principal es la de promover un ambiente para el aprendizaje creativo, buscando enseñar al público el significado del legado cultural o histórico de los bienes que expone; las exposiciones de ocio y arte, generalmente temporales, donde el visitante establece una relación personal y sensorial con la obra artística y, finalmente, los museos a los que denominó “depósitos de nuestra cultura material colectiva”, en los se establece un vínculo tangible con el pasado, un lugar donde, indicó, “oímos el pasado”.  Al hilo de la nueva sociedad de las tecnologías en la que estamos inmersos, hizo también referencia al nuevo concepto de espacio virtual con la aparición de exposiciones virtuales y el uso de las redes sociales.

Expuestos estos “conceptos preliminares”, la ponencia continuó con la pregunta irremediable: “¿Cómo proceder a crear espacios de difusión?” Nos explica Diego que tres son los pilares básicos: el espacio, el mensaje, y los visitantes a tener en cuenta a la hora de plantear una exposición. Todos y cada uno de ellos deben de ser estudiados meticulosamente para asegurar el éxito.  Tras una rápida relación de una serie de instrumentos de interpretación entre los que destacó la luz, los expositores, el lenguaje y los medios audiovisuales, ofreció pequeñas pinceladas de cada uno de ellos: de la luz indicó que “es una disciplina fundamental que permite percibir los objetos, creando ambientes, guiando al visitante, dando forma, color y transformando la atmósfera”. En cuanto a los expositores, uno de los elementos que supone mayor preocupación al diseñador de una exposición, afirmó que “son el medio de exponer los objetos valiosos o frágiles de forma segura y con todas las garantías de control de humedad, temperatura e iluminación”. Continuó indicando la importancia de la elección de una acertada combinación de tipos de letras e imágenes que permitan transmitir el mensaje. Por último resaltó la importancia de los medios audiovisuales, a los que describió como “una potente herramienta con una alta eficiencia comunicativa y poder para emocionar”.

Especial énfasis puso al explicar la necesidad de delimitar de forma clara los ámbitos expositivos, ya que estos condicionan todos los demás aspectos que “harán de nuestras exposiciones fervientes éxitos o irremediables fracasos”.

Diego cerró su ponencia con una reflexión en la incidió en la exposición como el resultado de una profunda reflexión entre un amplio equipo de profesionales de diversas especialidades. Dijo además que es un compromiso ético, ya que el diseñador dispone de unas potentes herramientas que debe usar con honestidad. Subrayó que “no todo vale a la hora de construir una exposición”; los objetos y el público exigen unas mínimas condiciones de instalación, espacios adecuados, elementos de interpretación ajustados y equipos de trabajo preparados para cumplir con el encargo de convertir la visita en una experiencia que difícilmente se pueda olvidar.

Clausuró el evento Don Antonio Sáez Espligares, subdirector del Museo Histórico Municipal de San Fernando, que con emoción en su voz puso fin a unas jornadas que suponen sin duda un gran éxito después de tantos años de silencio.

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