El templo de Melqart-Hércules en el Cerro de los Mártires: la última oportunidad para San Fernando

22 marzo, 2021

Jorge Juan Cepillo Galvín

Arqueólogo

La noticia saltó a los medios en un día tan señalado como el 8 de marzo de 2021, aunque la investigación que ha dado sus frutos en el artículo del Prof. Dr. Antonio Monterroso Checa, de la Universidad de Córdoba, La ubicación del santuario de Melqart en Gadir: aportación de los datos PNOA-LIDAR, publicado en la revista científica SPAL 30.1 (2021), llevaba tiempo fraguándose y trabajándose en la materia gris de tan preclaro arqueólogo e investigador, de reconocido prestigio internacional por, entre otros descubrimientos y a modo de anécdota simplemente, desvelar con sus investigaciones el lugar exacto en que cayó apuñalado Julio César en las ruinas de la actual Roma.

Pero no quiero dedicar estas líneas a ensalzar la dilatada trayectoria científica de este investigador que se sostiene por sí misma, sino a ofrecer una reflexión sobre qué nos jugamos en San Fernando con la posibilidad de la ubicación de este afamado templo de la Antigüedad en el Cerro de los Mártires y no en el islote de Sancti Petri, como se ha venido defendiendo hasta ahora, y que ha tambaleado los propios cimientos sobre los que siempre se pensó que podía estar ese templo, abriendo una nueva y fundamentada hipótesis de trabajo, con sólidos argumentos anclados en datos más que suficientes, y que habrá que corroborar con una investigación de campo en el propio cerro.

A partir de ahora se abre una nueva etapa en la que la ciencia con mayúsculas debe dar paso a las instituciones y a la sociedad en general. Seguir pensando que la única solución al desarrollo de una ciudad costera como San Fernando es el turismo de sol y playa es seguir tropezando con la misma piedra, y no precisamente una piedra de nuestro valioso pasado arqueológico, sino la de querer enrocarse en las soluciones a corto y medio plazo que este inesperado año de pandemia ha puesto en solfa con la aniquilación del sector turístico que, dicho sea de paso, nunca acaba de arrancar en San Fernando. Sol y playa ya lo venden otros desde hace muchos años, hagamos algo diferente, pensemos en soluciones a medio y largo plazo y con productos de sólido valor añadido como es el rico patrimonio arqueológico que atesora el subsuelo de nuestra isla.

Imaginemos solo por un momento que el templo de Melqart está en el Cerro de los Mártires, hipótesis con la que comulgo al cien por cien y estoy convencido que conseguirá demostrarse con los esperados trabajos de campo cuando llegue el momento. La transcendencia internacional de ese descubrimiento será motivo suficiente para volver a ser el faro de luz que fuimos en la Antigüedad. Es el momento de que San Fernando se conjure en esta investigación al igual que hizo Cádiz con el descubrimiento de Gadir, con un decidido apoyo de la administración local, después de muchos años de conjeturas sobre su hipotética ubicación. Y con su descubrimiento daremos vida a las piedras por las que pasaron personajes históricos como Aníbal o Julio César, que invocaron protección para sus campañas en este afamado templo.

Afortunadamente hay algunos haces de luz que me hacen estar esperanzado con esta nueva posibilidad. El Ayuntamiento de San Fernando, poco antes de la pandemia que ha paralizado nuestras vidas pero no nuestras ilusiones, se encomendó en Fitur a las columnas de Hércules y su templo, tal vez presagiando que ésta será la nueva marca de San Fernando en su futuro no muy lejano, el motor que ha de regir los destinos de una ciudad que lleva mucho tiempo buscando su razón de ser y obviando casi siempre su legado arqueológico. Ya lo hicimos con el importante yacimiento neolítico de Campo de Hockey, reconocido y valorado más allá de nuestras fronteras, aunque aquí solo lo apreciamos por la anécdota del enterramiento de <los enamorados>. Y en eso quedó, una pieza más en el museo, pero un yacimiento arqueológico de singular importancia prehistórica que cayó en el más puro anonimato, y al que precisamente le da nombre un campo de hockey que, con todos los respetos para este deporte tan seguido en nuestra querida isla, podría haberse ubicado en otro lugar. Hay muchos ejemplos, podría aburrirles, pero no es mi intención.

Y más esperanzas albergo todavía si recordamos la intención de Defensa, hace unos años, de desafectar una importante superficie de los terrenos del acuartelamiento de Camposoto, precisamente en el Cerro de los Mártires junto a la barriada de la Almadraba-Buen Pastor.  No era primera línea de playa, claro que no. Pero quizás haya que atar en corto y buscar el desarrollo en terrenos que pueden albergar un tesoro mucho más importante que la sal del mar. Pensemos como un fenicio arcaico, busquemos la mejor ubicación para nuestro templo, no al socaire de las mareas y de los temporales del islote, busquemos nuestro futuro en tierra firme, en el propio cerro, y tal vez la leyenda se haga realidad y San Fernando sea reconocida como esa ciudad que supo escuchar el oráculo del viejo templo y le ganó la partida al olvido. Es nuestra última oportunidad, no la desaprovechemos.

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