De símbolos y otras formas de respetar

8 noviembre, 2017

Luis F. Martínez Montiel

Dr. en Historia del Arte y Profesor Titular de la Universidad de Sevilla

Vaya por delante mi defensa de todo aquello que de alguna forma mejore nuestro conocimiento, nuestra forma de vivir o el deguste que de ella hacemos. No es lo que sigue una defensa a ultranza de la eliminación de todo símbolo que hable de sentimientos parciales y que además estén anclados en un pasado que necesariamente debemos superar. Hay algunos, confieso que no recuerdo muchos, que probablemente deban ser cuidados por su trascendencia histórica, estética o cualquiera otra de las razones que desde la colectividad seamos capaces de imaginar. No es el caso de la pieza que ahora nos ocupa, al menos así lo entiendo desde el presente.

Creo que el Ayuntamiento de una ciudad es quien representa a la suma de ciudadanos y el que dirige el funcionamiento de toda la comunidad… TODA. La propia Constitución del 78 lo deja meridianamente claro y por tanto, hasta hoy, es fuente suprema de legislación. Se deben respetar todas las religiones tanto como el no profesar ninguna, así se garantiza la libertad de conciencia de los individuos y de las comunidades.

Pero más allá de tecnicismos legales, lo que nos mueve en este caso es un tema ‘cultural’, que no ‘cultual’, vamos, ‘de culto’. Obviamente, el panel de azulejos que durante años ha desconfigurado el aspecto arquitectónico de uno de los Monumentos Históricos de nuestra ciudad es de ínfima calidad artística y bastardea la pureza que tanto Cayón al principio como Amadeo Rodríguez al final pensaron para su edificio.

No se trata, pues, de atacar a ninguna religión a través de este Corazón de Jesús, ni a nadie en particular, sino de respetar los principios básicos de cualquier creación. Nadie entendería que en Las meninas, a Velázquez se le hubiera puesto una medalla de la Virgen del Carmen o del Corazón de Jesús, por muy devoto que de ellos se sea. Lo habrían visto como un ataque a una obra maestra. El ayuntamiento lo es a su escala, como lo demuestra el que esté declarado Bien de Interés Cultural y el que sea el Monumento, junto con las construcciones de la Armada, del que más nos enorgullecemos los que somos de la ciudad. Si a ello sumásemos que la medallita fuese de ningún interés artístico y que además no aportase absolutamente nada interesante al conjunto, parece obvio que la postura lógica sería no pintarla, o en nuestro caso desmontarlo y conservarlo en algún almacén apropiado, museo si se quiere y tiene, o reubicarlo en un lugar más conveniente para sus fines, en el que puedan disfrutarlo sus devotos seguidores.

No creemos con ello adoptar una actitud irrespetuosa, sino todo lo contrario. Es devolver el respeto a una gran obra que con la colocación del citado panel fue irrespetuosamente alterada para representar simbólicamente a tan solo una parte de la población… y nosotros de eso empezamos a entender ahora bastante.

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