Pelayo Quintero Atauri en el 150 aniversario de su nacimiento

11 octubre, 2017

por Manuel Parodi Álvarez

Dr. en Historia y arqueólogo colegiado en el ICDL de Sevilla-Huelva

RESUMEN: Pelayo Quintero Atauri fue uno de los padres de la Arqueología española y marroquí; su trabajo se desarrolló en la geografía de dos Continentes durante más de medio siglo; en este breve artículo queremos aproximarnos a su perfil profesional en Andalucía (1904-1939) y en el Norte de Marruecos, en el antiguo Protectorado Español (1939-1946).

ABSTRACT: Pelayo Quintero Atauri was one of the pioneers of Archaeology in Spain, and Morocco; his efforts benefitted territories belonging to two Continents for more than half a Century; in this brief paper we’ll try to understand his proffessional profile in Andalucia (1904-1939) and specially in Northern Morocco, in the former Spanish Protectorate (1939-1940).

Pelayo Quintero Atauri (Uclés, Cuenca, 1867-Tetuán, Marruecos, 1946) (1), arqueólogo e historiador español que desarrolló fundamentalmente su trabajo entre los territorios de las provincias andaluza y marroquí de Cádiz y Tetuán, representa sin lugar a dudas uno de los primeros exponentes de la protección y defensa del Patrimonio Cultural de la Humanidad en su ámbito de trabajo (ya sea desde la perspectiva geográfica como desde la óptica de sus atribuciones y funciones a lo largo de más de medio siglo). Sus actividades en España y Marruecos constituyen un referente que ahora que se cumple el 150 aniversario de su nacimiento está volviendo a ser tal, al caminarse por la senda de la cooperación cultural y la colaboración como vehículos y mecanismos de acción, de trabajo y de salvaguardia del Patrimonio Cultural común en el extremo Sur de Europa y en el Norte más occidental de África.

Precisamente porque se cumplen en este año 2017 los 150 años del nacimiento de Pelayo Quintero queremos contribuir a dejar constancia del papel desempeñado por este investigador en el proceso de institucionalización de la gestión del Patrimonio, y especialmente del Patrimonio Arqueológico, en la España de la primera mitad del siglo XX y en el Marruecos de los años 40 del referido siglo: la investigación, la difusión, la protección y la conservación del Patrimonio Arqueológico en ambas orillas del Estrecho de Gibraltar se beneficiaron notablemente de su labor, de su esfuerzo y de su entrega a su trabajo, siempre desde la perspectiva de lo público, de la gestión de y desde lo público, pues Quintero fue un personaje de la administración a lo largo de todo su periplo vital y profesional, y como tal y desde sus altas responsabilidades veló por el mejor desarrollo de estos citados cuatro pilares de la gestión del Patrimonio (protección, conservación, investigación y difusión), durante décadas y en dos continentes distintos, no siéndole ajenos campos como los de la museística, la investigación arqueológica de campo, la divulgación histórica, la administración y gestión del Patrimonio, la docencia o la crítica.

Acercarse a la figura de Pelayo Quintero y su obra permite estudiar un capítulo de la Historia común de España y Marruecos, de las regiones de Andalucía y de Tánger-Tetuán (especialmente en lo que atañe a la Historiografía arqueológica de ambas tierras), que habrían de ser las fundamentales beneficiarias de las labores arqueológicas e históricas de mayor enjundia de este conquense, gaditano-tetuaní de adopción, cuyo esfuerzo posibilitaría que se sentaran las bases de la protección, la conservación y la defensa del Patrimonio Arqueológico de las provincias de Cádiz y Tetuán, a ambos lados del Fretum Gaditanum. Los Museos de Cádiz y Tetuán (y algunos de los primeros capítulos de las Arqueologías gaditana y tetuaní) son herederos (y beneficiarios) de su trabajo; las excavaciones de Cádiz y Tamuda, por ejemplo, son en buena medida fruto de su esfuerzo, tal y como algunas de las primeras publicaciones sobre arqueología gaditana (andaluza) y tetuaní (marroquí) son obra suya, tal y como sucede con algunas de las más tempranas intervenciones arqueológicas efectuadas en San Fernando, en el entonces llamado ‘Collado Ursoniano’; así, el entorno de los Cerros de los Mártires y de la Batería de San Fernando habrían de ser igualmente objeto del interés y los trabajos de Quintero a principios del siglo XX, cuando fuera la principal autoridad en las cuestiones arqueológicas en el contexto gaditano, como Presidente de la Comisión de Monumentos y como arqueólogo responsable de esta materia en nuestra provincia. Quintero, por muchas razones, es un ejemplo de lo que nos une, y como tal ha de ser considerado.

Dibujos de Pelayo Quintero con motivo de algunas excavaciones.

Dibujos de Pelayo Quintero con motivo de algunas excavaciones.

Pelayo Quintero de Atauri, nacido en Uclés (Cuenca) en 1867 y fallecido en Tetuán en 1946, puede ser considerado como uno de los padres de la Arqueología andaluza, española, marroquí…, y ello merced a su enorme contribución a la tarea de la institucionalización de la gestión del Patrimonio Arqueológico en España (esencialmente, en la provincia de Cádiz) y en el Norte de Marruecos a lo largo de la  primera mitad del siglo XX. Erudito, crítico de arte, arqueólogo, Quintero reunió en su persona un notable cúmulo de cargos, responsabilidades, actividades y puestos de decisión (2), recayendo en su persona buena parte de las responsabilidades operativas de tal incipiente disciplina, la Arqueología en el marco, primero, de la provincia de Cádiz, y luego, como Director de la Inspección General de la Zona Española, en el Norte de Marruecos.

La vida profesional de este manchego, hijo de político (su padre fue gobernador civil de Cuenca bajo Isabel II), nieto de militar (su abuelo materno era juez militar), hermano de diplomático (uno de sus hermanos, Manuel, siguió el oficio de las armas, mientras el otro, Antonio, fue miembro del cuerpo diplomático español), cuya familia formaba parte de la oligarquía terrateniente castellana, se vincularía pronto a Andalucía: si ya a finales del siglo XIX un joven Quintero hacía sus primeras incursiones en el Sur, vía Cádiz y de la mano de la Real Academia de la Historia y de su entonces director, el jesuita Fidel Fita, será aquí no mucho más tarde donde este estudioso de la Antigüedad y del Arte lleve a cabo la mayor parte de sus investigaciones de campo y de gabinete, desarrollando su labor en Granada, como profesor de la Escuela de Bellas Artes, en Málaga, como miembro de la Academia de Bellas Artes de dicha provincia, o en Sevilla, donde llevará a cabo estudios sobre materiales arqueológicos de Italica (Santiponce, Sevilla) y sobre la catedral hispalense; su destino final tras este breve periplo andaluz sería Cádiz, provincia en la cual, y desde las diversas responsabilidades que Quintero iría reuniendo con el paso del tiempo, este pionero de la Arqueología llevó a cabo la que sin duda puede ser considerada como la principal parte y el mayor esfuerzo profesional de su tan extensa como intensa trayectoria.

De este modo, es de señalar que las primeras excavaciones regladas y organizadas en Cádiz serían fruto de los esfuerzos de Pelayo Quintero, quien reunió (en buena medida, estos serían resultado de sus propias excavaciones en suelo gaditano) y sistematizó los repertorios arqueológicos que dieron forma al Gabinete Arqueológico (creado por él) del Museo de Bellas Artes (más tarde integrado en el Museo Arqueológico Provincial de Cádiz, en la década de los 40 del siglo pasado, por decisión del propio Quintero Atauri); Quintero dirigió además las no pocas campañas de excavaciones que de forma periódica (y con una secuencia prácticamente anual —al respecto, véase el cuadro que adjuntamos— se sucedieron en Cádiz desde la década de los años 10 del siglo XX hasta la misma Guerra Civil española, punto de inflexión (profesional y vital) para este infatigable estudioso y erudito (3).

Hipogeos de la necrópolis gaditana excavados por Quintero.

Hipogeos de la necrópolis gaditana excavados por Quintero.

Pelayo Quintero está indisolublemente asociado al arranque de los estudios arqueológicos en la provincia gaditana, a las excavaciones en Cádiz y las necrópolis de Cádiz, a los primeros descubrimientos y excavaciones arqueológicas en yacimientos feno-púnicos de este ámbito, a las primeras aproximaciones arqueológicas (y por ende, históricas) a la Cultura que se encuentra en los orígenes de la Historia de Cádiz y de tal modo (y por extensión), en las raíces del Occidente del Mediterráneo, en algunos de los primeros pasos de inclusión de la Península Ibérica antigua en el contexto de gran un circuito cultural (y económico) de largo radio que se extendía a lo largo del Mediterráneo, el Próximo Oriente, Europa del Sur y  África, para asomarse finalmente al Atlántico. Su celo en el desempeño de los diversos puestos que ocupó demuestra su capacidad de trabajo y la enorme vinculación, personal, emocional que desarrollaba en el desempeño de su deber: no solo llegaría a ser secretario y director de la Academia de Bellas Artes de Cádiz, sino que incluso, además de desempeñar primero la secretaría y luego la dirección del Boletín de la misma, llegaría a costear de su bolsillo varios números de dicho Boletín, que de este modo llegaron a ver la luz no solo merced al desvelo profesional de Quintero, sino gracias a su esfuerzo y desembolso económico.

Quintero reuniría en su persona igualmente otros cargos, puestos y desempeños que trascienden del contexto de la arqueología gaditana, y ello en ámbitos a veces verdaderamente dispares; de esta forma, el Quintero activamente vinculado con el Movimiento Excursionista español convive con el Quintero Delegado Regio de Bellas Artes y Turismo (designado por Alfonso XIII en los años 20), y el Quintero mecenas y protector del escultismo gaditano (los boy scouts, a quienes regalará una embarcación costeada por él) es el mismo que, enfundado en su traje de tres piezas, combate los rigores de la intemperie, ya en su madurez, ya en lo avanzado de su edad, mientras va progresando en la arqueología hasta llegar a ser, en las tres primeras décadas del siglo XX, el auténtico factotum (como lo hemos denominado con anterioridad) de la Arqueología gaditana (especialmente en el ámbito de la Bahía y de la ciudad de Cádiz).

Junto a su trabajo arqueológico de campo, al cumplimiento de sus no pocos desempeños de gestión, administrativos y organizativos (por no hablar de los docentes), junto a su puesto como director del Museo de Bellas Artes y sus obligaciones como académico (de la de Bellas Artes y la Real Hispanoamericana de Cádiz, amén de su condición de correspondiente de la RAH), aún encontraba tiempo para desarrollar su investigación de gabinete, así como para la redacción y la publicación de sus artículos, de sus estudios, de las Memorias de sus excavaciones (por ejemplo en los Boletines provinciales de Bellas Artes, así como en las Memorias de la Junta Superior de Excavaciones Arqueológicas), sin pasar por alto otros múltiples trabajos que desarrollaría en esta tan larga como fértil etapa gaditana de su tan fructífero periplo vital.

Tetuán vista desde Tamuda.

Tetuán vista desde Tamuda.

Una más entre las diferentes y muchas facetas a considerar en el casi inabarcable espectro de actividades desarrolladas por este trabajador incansable es la de crítico de Arte, aunque es asimismo un verdadero historiador del Arte, y así fue autor de varios trabajos sobre la Historia del Arte algunos de los cuales fueron —fruto de su bagaje como profesional e investigador— desarrollados de forma previa a su definitiva llegada a la provincia de Cádiz a principios del siglo XX (es de señalar en este sentido que la Arqueología —considerada desde los planos de la gestión, de la investigación y de la difusión— se convertiría si no en su única sí en su principal dedicación a partir de su establecimiento en Cádiz, una constante que ya no le abandonaría durante el resto de su vida: el Quintero arqueólogo, por así decirlo, superaría al resto de los demás perfiles de este erudito).

Así, y en lo que toca a la Historia del Arte, amén de diversos trabajos sobre varios aspectos y contenidos de los museos gaditanos (el de Bellas Artes y el de las Cortes de Cádiz, hoy Museo municipal), cabe señalar que Quintero es igualmente autor de una monografía sobre las sillerías de coro de las catedrales españolas, publicada en los años 20 del siglo pasado. El conjunto de su obra evidencia con nitidez la gran pluralidad, la versatilidad de las enormes capacidades de trabajo, organizativas y creativas, de Pelayo Quintero Atauri, quien se movió con total soltura y una notable agilidad entre las Bellas Artes, la Historia, la Arqueología, la Museología, la gestión…, en definitiva con todo lo que tiene que ver con el Patrimonio Histórico, Arqueológico, Artístico, Monumental, Cultural en fin de cuentas; en todo ello Quintero se revelaría, siempre, como una personalidad enormemente volcada sobre el trabajo, como un auténtico pionero en lo que atañe a la Arqueología (en la gestión, la investigación, la divulgación), siendo quizá por ello una personalidad no bien comprendida, según pudiera entenderse de algunos de los avatares, a veces azarosos, de la vida de Quintero, zarandeada en sus últimos años por las consecuencias de la Guerra Civil española.

En el caso de Quintero (como en no pocos) no resulta posible disociar la vida personal del personaje de la actividad profesional de un investigador, de un científico como fue este pionero de la Arqueología, especialmente dado que el bagaje personal de este conquense-gaditano-tetuaní estaba cimentado, principalmente, en su actividad investigadora, en su trabajo. Cabe decir que las relaciones de este investigador con el poder fueron muy críticas a lo largo de su carrera profesional, si bien esto no le impediría asumir puestos de gran responsabilidad en la administración española (en este sentido, podemos recordar su dilatada experiencia en cargos de la más alta responsabilidad en la gestión patrimonial en la provincia de Cádiz), o su cargo de Delegado Regio de Bellas Artes y de Turismo en la provincia de Cádiz en los años 20 del siglo pasado, aunque no es menos cierto que su actitud crítica —rayana en lo inconformista— (que se muestra en sus textos, pues sus reflexiones críticas se hacen patentes en los párrafos de sus textos científicos y divulgativos, denunciando, cuando era necesario, la negativa situación económica —y administrativa— de la gestión del Patrimonio Arqueológico —y no sólo del Arqueológico— gaditano en el tercio inicial del siglo XX) pudo haberle traído complicaciones en más de una ocasión…

Estas posibles repercusiones se hicieron más palpables al pasar de los años, y llegarían a un acmé ya en puertas del ocaso de su vida tanto profesional como laboral: ambos perfiles, el profesional y el laboral marchan de la mano a lo largo de toda la vida de Quintero, pues aun ya acabada en teoría su vida laboral, tras su jubilación, se prolongaría su vida profesional. Quintero en realidad nunca se jubiló, hasta el punto de que este incasable trabajador fallecería (con 79 años) en el ejercicio de sus responsabilidades como director del Museo de Tetuán y responsable del Servicio de Arqueología de la Zona Española del Protectorado sobre Marruecos, en la hermosa capital del Norte, Tetuán, y como director del Museo de Bellas Artes de Cádiz (una responsabilidad de la que nunca dimitió); así, y como represalia a su no adhesión al régimen, a los alzados contra la República, la dictadura franquista le arrebataría el control sobre las excavaciones en la provincia gaditana, obligándole además a abandonar incluso la Península Ibérica al finalizar la Guerra Civil, cuando contaba con setenta y dos años (4).

Las razones del ‘ostracismo’ al que se vería sometido Quintero a partir de los años 30 (encontrándose con cada vez menos espacio frente a ‘nuevas’ figuras del mundo cultural de la época, por ejemplo en el ámbito gaditano) pueden tener que ver con su inconformismo, con su espíritu crítico ante el poder (aun siendo él mismo un personaje de la administración), así como con el hecho de que Quintero era un personaje hasta cierto punto incluso ‘incómodo’ tanto para la oligarquía local gaditana como para las élites intelectuales del Sistema, por ese mismo espíritu crítico; igualmente, es imposible negar que este investigador era una persona de innegable calidad profesional, y que como tal destacaba en el panorama andaluz y español del primer tercio del siglo XX (lo cual quizá contribuyó, unido a lo anterior, a granjearle ciertas envidias, cuando no enemistades abiertas o, lo que es peor, calladas); pese a todo ello, acabaría los días de su vida ejerciendo la máxima responsabilidad del Servicio de Arqueología del Norte de Marruecos (la Inspección General, centralizada en Tetuán, sede de la Alta Comisaría Española de la Zona), controlando la Arqueología del Norte de Marruecos, desempeñando un rol fundamental en la institucionalización de la gestión del Patrimonio Arqueológico en este territorio del Noroeste africano, desarrollando sus trabajos de campo en la Zona, especialmente en las excavaciones del yacimiento tetuaní de Tamuda y siendo el primer organizador de las nuevas instalaciones del Museo Arqueológico de Tetuán, inauguradas en julio de 1940 bajo su dirección (y que contarían con un Plan Director redactado conjuntamente por el propio Quintero y por Mariano Bertuchi, el gran pintor, director del Museo de Bellas Artes de Tetuán y responsable de las Bellas Artes en la Zona).

En el Norte de Marruecos Pelayo Quintero fue el responsable de la Inspección General de Excavaciones de la Zona (la IGEZ) desde donde centraría su trabajo (junto a la dirección del Museo Arqueológico de Tetuán, inaugurado en 1940 en su sede actual, en la calle Ben Hossain, junto al Bajalato y el Feddan, lindando con la Medina de Tetuán y parejo a la vieja mezquita de los Darkawas, y del que fuera primer director en esta sede) en las excavaciones del yacimiento arqueológico de Tamuda, la ‘Tetuán anterior a Tetuán’ (como hemos señalado en alguna ocasión), sita a la orilla derecha del río Martín (hoy Martil, llamado Tamuda en época romana), emplazada a la vista de Tetuán; este yacimiento, con sus facies romana y prerromana, fue excavado anteriormente por César Luis de Montalbán (quien identificó su verdadera naturaleza), pero sería Pelayo Quintero quien llevase a cabo las intervenciones de investigación más profundas y definitivas hasta entonces realizadas en la antigua ciudad amurallada.

El sitio arqueológico de Tamuda presenta estructuras puno-mauritanas, en unas primeras fases de la evolución del yacimiento, a las que se superpone, amortizándolas, la facies romana del sitio constituida por la estructura de un castellum, ya que tal privilegiado emplazamiento no sería abandonado en época romana, encontrándose en un relevante eje de comunicaciones terrestre-fluvial conformado por el río Tamuda (el Martín-Martil); dicho emplazamiento sería ocupado por un castellum tras la conquista romana, como se ha señalado, que dominaría con su presencia el valle tetuaní, sirviendo de garante de la presencia del Imperio romano en la región (en una zona convertida en limes en Baja época), y de punto de control ante las estribaciones de la serranía de Beni Hozmar. La sistemática de los trabajos de excavación en Tamuda, los textos presentados en las Memorias anuales de los Museos de España presentando los resultados de dichas tareas de investigación, las publicaciones impulsadas desde el Museo Arqueológico de Tetuán (como las Memorias de Excavación de Tamuda, por ejemplo) o la colaboración con diversos organismos e instituciones peninsulares dedicadas a la protección del Patrimonio Arqueológico (como sería el caso de los Museos Arqueológicos provinciales de Cádiz y Granada, por ejemplo) vendrían a representar algunos de los campos de la acción de Pelayo Quintero en el Norte de África, entre 1939 y 1946.

Queremos creer que el grueso de sus actividades, de su trabajo, de su peripecia vital y profesional, está recogido en el texto de nuestra tesis doctoral Arqueología e Institucionalización del Patrimonio en el Norte de África Occidental. Pelayo Quintero Atauri (1939-1946), defendida con éxito en la Universidad de Cádiz el 7 de julio de este año (cuya referencia se encuentra, como hemos señalado supra, en la Bibliografía que cierra este pequeño artículo); en estos párrafos hemos querido tan sólo acercar a los lectores interesados una muy sucinta impronta sobre Pelayo Quintero Atauri en el 150 aniversario de su nacimiento, pues nos encontramos ante uno de los pioneros de la Arqueología y la gestión del Patrimonio Arqueológico en España y en Marruecos, un investigador estrechamente vinculado a la provincia de Cádiz, donde dejaría la impronta de su trabajo como puede comprobarse al visitar el Museo de las Cortes de Cádiz, el Museo Arqueológico de Cádiz o la Plaza de España de la capital gaditana, espacio emblemático debido en buena medida a su constancia, pues sin el desvelo y empeño de Quintero muy posiblemente no se habría culminado (en 1929, cuando tenía que haber estado listo en 1912) el proyecto ideado para la Conmemoración del I Centenario de la Constitución de Cádiz de 1812 (5), el Monumento a las Cortes de Cádiz que preside esta señera plaza de Cádiz. Porque muchos fueron sus desempeños y notables los resultados de su esfuerzo a lo largo de décadas, todo lo cual redundó en beneficio del Patrimonio Histórico de España y de Marruecos, no está de más que nos detengamos, siquiera unos minutos, a considerar su figura y su obra.

Fig. I.: Campañas arqueológicas de Pelayo Quintero en Cádiz entre 1915 y 1935.

Fig. I.: Campañas arqueológicas de Pelayo Quintero en Cádiz entre 1915 y 1935.

Fig. 2: Campañas arqueológicas de Quintero en Tamuda (Tetuán, 1940-1945).

Fig. II: Campañas arqueológicas de Quintero en Tamuda (Tetuán, 1940-1945).

Notas:

(1) Su nombre es recogido de diversas formas según la cita que del mismo se haga. Así, puede aparecer como “Pelayo Quintero y Atauri”, “Pelayo Quintero de Atauri”, “Pelayo Quintero y de Atauri”, o “Pelayo Quintero Atauri”; ésta última forma es la que hemos elegido y utilizaremos normalmente en este texto, siguiendo un criterio de homogeneidad.

(2) Sería en exceso prolijo entrar en el pormenor de sus desempeños, y hemos dedicado otros párrafos (recogidos en la Bibliografía que cierra este pequeño trabajo y a los que nos remitimos) a tal cuestión; digamos tan solamente que fue Delegado Regio de Bellas Artes y Turismo en la provincia de Cádiz, Presidente de la Comisión de Monumentos de esta provincia, director del Museo de Bellas Artes de Cádiz (no del Arqueológico, como suele erróneamente señalarse a veces), responsable de las excavaciones en Cádiz y San Fernando a lo largo de las décadas de los 10, los 20 y los 30 del siglo XX (con algunas significadas excepciones y hasta su definitivo traslado a los territorios del por entonces Protectorado Español de Marruecos), entre otros cargos, obligaciones y desempeños.

(3) Durante los años de la dictadura de Primo de Rivera, Quintero fue fugazmente sustituido al frente de los trabajos de campo en Cádiz por quien ejercía la dirección del Museo Arqueológico gaditano, Francisco Cervera (recordemos que Quintero era director del Museo Provincial de Bellas Artes, que como sabemos contaba con un Gabinete Arqueológico creado por el conquense); Cervera firmaría la correspondiente ‘entrega’ a las Memorias anuales del texto referido a las excavaciones que él mismo dirigiera; en las campañas de los años inmediatamente posteriores, Quintero recuperaría la dirección de las excavaciones en Cádiz y como tal reflejan las Memorias correspondientes.

(4) Quintero era, políticamente hablando, esencialmente monárquico; se adscribió a los liberales de Sagasta, en el contexto de la Restauración Borbónica, a finales del XIX (en la España del bipartidismo), manteniendo una estrecha vinculación, por ejemplo, con Cayetano del Toro, en Cádiz; monárquico, no simpatizó con el fascismo, ni con su manifestación en España, el franquismo, y ello (como hemos desarrollado en otros lugares —como en nuestra tesis, recogida en la Bibliografía—, si bien se insertó en las filas de la Unión Patriótica de Primo de Rivera (en los años XX), ejerciendo incluso el cargo de vicepresidente de la Diputación Provincial de Cádiz; prevalecía su monarquismo, su lealtad monárquica, desde la perspectiva de un liberal ‘a la inglesa’, que rechazó frontalmente al totalitarismo encarnado por los golpistas de 1936 a los que entendía como algo ajeno (a ellos y al ‘Movimiento Nacional’) a la Historia, la tradición (monárquica) y al carácter español, todo lo cual estuvo a punto de costarle la vida, y le llevaría a su trastierro al Norte de África de la mano de su red de contactos personales (gracias, especialmente, a la intervención de Tomás García Figueras, y del entonces Alto Comisario de la Zona Española del Protectorado, el coronel —luego general— Beigbeder), en 1939.

(5) Quintero desempeñó asimismo un papel muy relevante en la Conmemoración del I Centenario de ‘La Pepa’, formando parte de la comisión organizadora de dicho evento.

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