Luis de Córdova, el almirante español que adelantó el final de la guerra de independencia norteamericana.

21 agosto, 2017

por Enrique Galea Outón

Gdo. en Administración y Dirección de Empresas, Recreacionista Histórico

Muchas personas desconocen la decisiva y profunda implicación de España en la guerra de independencia estadounidense.

Actualmente es muy recordada la participación del gobernador español de La Luisiana, don Bernardo de Gálvez, que presta a los rebeldes un apoyo material, naval y terrestre, así como la victoriosa batalla de Pensacola. Bernardo de Gálvez es uno de los principales españoles responsables de la independencia de EEUU. Bastante reconocido en la actualidad, cuenta con un cuadro en el capitolio y una estatua junto a los libertadores de EEUU, pero hoy vamos a hablar de otro destacado militar, más desconocido, que contribuyó decisivamente en acercar el final de la guerra de independencia estadounidense.

Como todos sabemos, la implicación de España fue menos visible que la francesa, más allá de la gloria que despachan los campos de batalla inmortalizando en la historia por la mano de pintores y escritores. Sin embargo, los pabellones españoles combatieron a Inglaterra en escenarios muchos más alejados de las trece colonias, como las Antillas o el Atlántico. Hoy vamos hablar de una de esas batallas libradas en mitad del Atlántico, conocida como la ‘captura del doble convoy ingles’ dirigida por Luis de Córdova y Córdova. De orígenes humilde, nació en Sevilla el 4 de diciembre de 1706 y falleció en San Fernando (Cádiz) el 29 de septiembre de 1796. Inicialmente enterrado en la Iglesia de San Francisco, más tarde sería trasladado al Panteón de los Marinos Ilustres.

Recordando estos episodios, la Fundación Legado de las Cortes realizó un homenaje el pasado 19 de agosto en el Castillo de Santa Catalina de Cádiz consistente en el disparo de salvas de cañón e infantería y lectura de los hechos.

Luis de Córdova es conocido por asestar el mayor golpe logístico a la marina británica en toda su historia. Todo empieza el 29 de julio de 1780, cuando salió desde Portsmouth al sur de Inglaterra un convoy compuesto por 55 navíos y escoltado por la escuadra británica en el canal de La Mancha hasta la altura de Galicia, donde esta se vuelve a Inglaterra quedando solo con la escolta del navío de línea de 74 cañones ‘HMS Ramillies’, en la que viaja el comandante de la flota John Moutray, y las fragatas de 36 cañones ‘HMS Thetis’ y ‘HMS Southampton’. La flota de 55 navíos se dividiría en dos en mitad del Atlántico, dirigiéndose una parte a la India para apoyar la expansión colonial, y la otra a Norteamérica, para combatir a los rebeldes de las trece colonias. Al llevar una escolta de solo tres navíos, los barcos debían navegar alejados de las costas españolas y de rutas comerciales para evitar encuentros con navíos españoles o franceses, ya que estos barcos, al ser de carácter mercante, iban poco artillados.

Sin embargo, toda cautela les fue en vano. Los espías españoles consiguieron averiguar la fecha de salida del convoy, llegando esta noticia hasta Luis de Córdova quien, con sus 73 años, era director general de la Armada Española en Cádiz. Tan pronto como Córdova recibió la información, comenzó a organizar la captura del convoy británico.

La escuadra combinada hispano-francesa capitaneada por Luis de Córdova en el insigne navío Santísima Trinidad, se adentró en el Atlántico el 7 de agosto guiándose por suposiciones hechas a partir de la fecha de salida. Para lograr interceptar la flota británica, se enviaron varias fragatas de exploración que batieron una amplia zona del océano.

Fue en la madrugada del 9 de agosto de 1780 cuando una de las fragatas divisó en el horizonte un gran número de velas que navegaban a unas 180 millas (290 km) al oeste del cabo de San Vicente, informándose al Almirante Luis de Cordova en la menor brevedad posible y tomándose esta noticia con cautela al desconocerse la potencia de fuego del enemigo.

El segundo mando español, José de Mazarredo, abogó inmediatamente por el ataque, ya que supuso que no había ninguna razón para que la flota británica navegase tan alejada de las costas, salvo que no fuese escoltada por navíos de guerra.

Tras ordenar Córdova el ataque, las rápidas fragatas se dirigieron hacia la flota británica, seguidas por los navíos de líneas. El comandante británico John Moutray, tras constatar la abrumadora superioridad de la flota franco-española se retiró sin plantar batalla con los tres buques de escolta, iniciando los demás navíos mercantes una huida en desbandada. Ante esta situación, Córdova dio desde el Santísima Trinidad una señal de ‘caza general’ empezando una desordenada persecución en la que los buques españoles y franceses iban seleccionando y capturando presas como si de una competición se tratara. Una vez alcanzados, los mercantes se iban entregando sin presentar combate ya que poco podían hacer frente a los navíos de guerra. La persecución se prolongó hasta la madrugada, capturándose en total 52 buques británicos de los 55 que componían el convoy. Todo sin derramarse una gota de sangre.

Al día siguiente se agrupó toda la flota en dirección a Cádiz. A su llegada el 19 de agosto, tanto el Puerto como la Carraca resultaban insuficientes para albergar todos los buques, fondeando la mayoría en mitad de la Bahía. Cuando don Luis entra en el puerto con su buque insignia y se dirige a Capitanía para informar al Rey, todo Cádiz sale a las calles aclamando su heroicidad.

La importancia de la captura fue enorme porque no solo se habían capturado 52 buques, sino también 80.000 mosquetes, 3.000 barriles de pólvora, gran cantidad de provisiones y efectos navales destinados a mantener operativas las flotas británicas de América y el océano Índico, uniformes y pertrechos para doce regimientos de infantería y un millón de libras esterlinas en oro. Además se hicieron unos 3.000 prisioneros, de los cuales unos 1.400 eran militares de Infantería enviados como refuerzos. Todos ellos serían liberados más tarde.

Las consecuencias fueron muy relevantes a corto y largo plazo. Esta victoria española provocó una crisis financiera entre los aseguradores de Marina en toda Europa. Las pérdidas supusieron para el Reino Unido el mayor desastre logístico de su historia naval, superando incluso al sufrido por el convoy PQ 17, perdido frente a fuerzas alemanas más de un siglo y medio después, durante la Segunda Guerra Mundial. Las pérdidas provocaron una de las mayores crisis de Inglaterra, un gran agujero en las finanzas Británicas que imposibilitaba mantener las lejanas guerras, acercando el final del conflicto en las trece colonias la no recibir los tan ansiados refuerzos.

Este apresamiento fue decisivo para que los sublevados norteamericanos alcanzasen su independencia. Gracias a esta acción, Luis de Córdova acercaría la victoria a los rebeldes que fundaron los Estados Unidos de Norteamérica, que de mal favor nos devolverían un siglo después iniciando la guerra hispano-estadounidense y arrebatando a España Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico en el desastre del 98.

Dejando de lado los entresijos de la historia, Luis de Córdova es un personaje que puede dar para mucho, por su excelente trayectoria en la Armada Española y su importante implicación en la historia militar, igual que Bernardo de Gálvez en Málaga y EEUU. Los norteamericanos adoran a los héroes de guerra, más cuando son los precursores del surgimiento de su país.

El Santísima Trinidad, en una pintura de Rafael Castex.

El Santísima Trinidad, en una pintura de Rafael Castex.

Texto de su epitafio en el Panteón de Marinos Ilustres

«Aquí está la parte mortal del digno de inmortalidad Luis de Córdova, quien a fin de multiplicar para sus descendientes los trofeos de sus antepasados, lanzas y escudos, yelmos y espadas y conquistar lauros para sí mismo abrazó la profesión de las armas en la que brilló, no por halago del vulgo ni por la fortuna, sino por su fortaleza elevando al ejercicio del mando supremo de la armada, después de llevar a cabo tan memorables y útiles gestas como arduas y peligrosas sobre toda ponderación. Cuantos honores recibió de Francia a la que defendió y cuantas riquezas obtuvo de España a la que tantas proporcionó con las de sus enemigos; aplaudido por el Rey, los nobles y el Reino entero, todo lo empleó en honor de la virgen Madre y en socorro de los desgraciados, entendiendo que solo las así empleadas justamente con el cortejo de las virtudes eran sus verdaderas riquezas. Nacido en Sevilla, murió el 27 de Julio del año del señor 1796, habiendo vivido noventa años, cinco meses y dieciséis días.

Aprende lector.

En todos tus negocios toma siempre el camino que va desde las virtudes a la gloria eterna»

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