Los territorios de la Isla de León a través de los autores clásicos Estrabón y Pomponio Mela

18 mayo, 2019

María Elena Martínez Rodríguez de Lema

Dra. en Filología Clásica

En la segunda mitad del segundo milenio antes de nuestra era, aparecieron culturas evolucionadas en torno al Mediterráneo, que desembocaron en la griega y la romana, capaces de desarrollar el arte literario y con él la historiografía. Su  producción es de una enorme importancia para el conocimiento de nuestro pasado más remoto. Ha sido transmitida gracias a los copistas medievales y a partir de la invención de la imprenta por editores, los cuales llevaron a cabo una auténtica labor de filólogos a través de los siglos.

El estudio de todos los autores clásicos que recogen referencias a los territorios que ocupa la actual ciudad de San Fernando sería enormemente amplio. Por ello nos centraremos en dos autores coetáneos de la época clásica latina en el borde del cambio de la era: Estrabón y Pomponio Mela

El primero, el historiador y geógrafo Estrabón, es muy mencionado por nuestros historiadores a la hora de hablar de nuestros orígenes. Aclaremos que Estrabón escribió en griego porque era griego, pero vivió en la época clásica romana. De sus circunstancias personales sabemos muy poco, apenas unos datos procedentes de su propia obra. De esta manera Benedicto Niese, historiador alemán, ha establecido su fecha de nacimiento entre el año 64 y 63 a. C. y su fallecimiento entre el año 24 y 25 p. C., con casi 85 años de edad. Nació al noroeste de la actual Turquía, en Amasya, capital de la región del Ponto Euxino, como en la antigüedad llamaron los propios griegos jonios al Mar Negro. Era el momento en que formaba distrito administrativo junto a Bitinia.

Fue un gran viajero que recorrió pueblos desde Armenia hasta Etruria, y desde el Mar Negro hasta Etiopía. En su obra da muestra de conocer bastante bien la zona oriental del Mediterráneo, y él mismo nos cuenta que su primer maestro fue Aristodemo de Nisa (XIV 1.48) y que estuvo en contacto con las élites culturales del mundo griego: con Atenedoro de Tarso (XVI 4.21); con el filósofo Boecio de Sidón, que fue alumno de Andrónico y de Nicolás de Damasco; con Diodoto de Sidón (XVI 2.24) y con Diodoro de Sardes. Ateneo (XIV 657) dice que Estrabón conoció personalmente a Posidonio, lo cual resulta muy verosímil, puesto que Aristodemo, el maestro de Estrabón, era nieto de Posidonio.

Pasó largas temporadas en Roma. Una de ellas en el año 44 a. C., cuando Julio César fue asesinado, siendo testigo de la convulsa etapa final de la República Romana, que catapultó al joven Octavio a convertirse en Augusto y primer emperador romano, iniciándose así la época imperial en la historia de la ciudad eterna.

Se encontraba en Corinto justo cuando Augusto se preparaba para la batalla naval de Attium, batalla que pasaría a la posteridad porque Roma derrotaría definitivamente la flota egipcia capitaneada por Marco Antonio y Cleopatra, convirtiendo a Egipto en provincia romana.

Fue bajo la protección del emperador Tiberio cuando escribió su Geografía.

Aprovechando el viaje que realizó a Egipto con su patrono y mecenas Elio Galo, tuvo la oportunidad de pasar una larga temporada en Alejandría, donde consultó los extraordinarios fondos que poseía la mayor biblioteca de la antigüedad: las expediciones de Alejandro Magno, los tratados de Eratóstenes, y tantos otros.

Su gran obra histórica significó un complemento a la de Polibio, pero apenas se han conservado algunos fragmentos. Sin embargo, su Noticias geográficas, que es el verdadero título de la llamada Geografía, se ha conservado prácticamente entera. Se trata de una obra que se centra en los aspectos humanos, los mitos y la historia de la ecúmene. Consta de 17 libros. Por eso junto con la obra de Pomponio Mela y la de Plinio el Viejo, se le ha llamado la enciclopedia del saber de la antigüedad.

Fue escrita con toda probabilidad en papiro pero durante los primeros cuatro siglos tuvo una escasa difusión. En este periodo se realizó la transcripción a códice de pergamino. El manuscrito más antiguo que se conoce es del siglo V. Se trata de un palimpsesto conocido con la sigla Π, raspado hasta tres veces.

La editio princeps se publicó en Venecia en la prestigiosa editorial de Aldo Manuzio en 1516. La primera edición crítica la realizó el filólogo y erudito Isaac Casaubon. En el siglo XIX se llevaron a cabo varias, siendo las más modernas la de W. Aly, en Bonn 1972, y la de S. Radt, en Göttigen 2002. Citaremos además las traducciones al castellano de García Bellido, 1942, y la de J. L. García Ramón y J. García Blanco, 2001.

Es el libro III el que está dedicado a Iberia. Pero nuestro autor, a pesar de ser un viajero incasable, no había visitado personalmente este territorio. En su época Iberia ya se encontraba bajo el control de Roma como una provincia más del imperio. Muchos romanos habían pasado ya por aquí. Resulta sorprendente que al geógrafo póntico no le interesara viajar a nuestros territorios, quizás porque resultaran demasiado exóticos y lejanos para sus lectores, o porque ya disponía de suficiente información de quienes le precedieron. Por ello se remite a sus ilustres antecesores: Polibio, Posidonio o Artemidoro, los cuales sí estuvieron aquí y escribieron largo y tendido sobre estos lugares. Así, como dice Gómez Espelosín, para los que somos del extremo opuesto del Mare Nostrum “la geografía que nos presenta se transforma en una imagen de carácter literario y anacrónico”. Por el contrario, a nosotros nos parece utilísima ya que nos transmite datos anteriores a su época que de otra manera no nos hubieran llegado.

A veces, es difícil conectar con un individuo que vivió hace 1992 años, es decir, estamos a siete de los 2000 que nos separan de él. Dos milenios es mucho tiempo.

En cambio, podemos afirmar que en la actualidad Estrabón goza de cierta popularidad. Ya hemos dicho que los investigadores lo citan frecuentemente en sus trabajos, pero para el público en general también es conocido gracias a la famosa frase:

Griego Elena

Iberia se asemeja a una piel [de toro] extendida a lo largo de oeste a este, con los miembros delanteros en dirección al este y a lo ancho de norte a sur.

Esta frase, que sin duda heredó de Posidonio, ha sido interpretada y difundida en argot taurino, y se le ha aplicado el significado de “piel de toro” a la palabra βύρσηι/, (dat sg. de βύρσα, -ης) aportándole un significado concreto, cuando su sentido es mucho más genérico, pudiendo referirse a cualquier animal cuadrúpedo: a un buey, un cerdo, una cabra, etc.

Incluso se le atribuye otra famosa frase, un tanto melancólica, muy utilizada en la época de la burbuja inmobiliaria por los amantes de la naturaleza:

Una ardilla podía ir desde Algeciras hasta los Pirineos sin bajarse de los árboles.

De esta frase no se puede mostrar el texto griego original, sencillamente porque tal texto no existe. Es decir, aunque fuera cierto que hace 2000 años la Península Ibérica pudiera estar totalmente cubierta de árboles, también es cierto que no se le puede atribuir a Estrabón tal afirmación, ya que él nunca se ocupó de las ardillas. De la razón de cómo y por qué se le ha atribuido a nuestro geógrafo, no podemos ocuparnos ahora aquí.

Por lo demás, pasa casi de puntillas por algunas de las regiones peninsulares. Sin embargo se detiene con más detalles en la zona meridional, heredera del legendario reino de Tartesos, que confunde con la Turdetania, zona que presentaba un alto grado de romanización y que coincidía prácticamente con la actual Andalucía. Es por este motivo por lo que su obra tiene hoy aquí un especial interés.

Describe a la Turdetania como una región surcada por ríos, canales y esteros, que tejen una red de comunicación interna completa, rodeada de campos fértiles muy adecuados para la agricultura y la ganadería, y ricas montañas donde se encontraban toda clase de metales, a lo que hay que añadir la riqueza costera en cuanto al desarrollo de la pesca e industrias de salazones.

Las Gadeiras en la época de Estrabón.

Las Gadeiras en la época de Estrabón.

Para él Gades es, por encima de Corduba e Hispalis, la ciudad predominante, sin necesidad de ostentar la capitalidad en lo político, ya que sobresale en lo económico, beneficiada por su situación geográfica.

A partir del capítulo cinco se centra en la descripción de Gadira comenzando con un interesantísimo texto donde nos expone las siguientes ideas:

  1. Que del lado de allá de las Columnas está Gádira,
  1. Que no va por detrás de ninguna ciudad, exceptuada Roma porque en uno de los censos recientes se estimó en 500 el número de gadiranos del orden ecuestre,
  1. Que al principio los gadiranos habitaban una ciudad muy pequeña, pero Balbo, el que logró el triunfo, les construyó otra que llaman “Nεἀπολις” (‘Ciudad Nueva’), y a la ciudad constituida por ambas [las llamó] Διδύμη (“Gemela”)
  1. Que viven también en la costa de enfrente, y sobre todo, por sus ventajas naturales, en la islita vecina, de la que han hecho de Gemela como una “ciudad enfrentada” o sea “Aντίπολις”.
  1. Que el Heraclión se encuentra al otro lado, al este, por donde la isla se aproxima más al continente,
  1. Y que dicen que el santuario dista de la ciudad 12 millas, haciendo coincidir el número de trabajos con el de millas; pero que sin embargo la distancia es mayor, casi tanta como la longitud de la Isla. (III. 5, 3.)

A continuación dice que Ferécides llamaba Gadir a Eritía y que en ella situaba el mito de Gerión. Pero advierte que otros consideraban que Eritía era el nombre de Antípolis, futura Isla de León, y describiéndola dice:

Sus pastos son tan buenos que la leche de los rebaños que pacen allí no forma suero. Debido a la nata que contiene, pueden hacer quesos mezclándola con gran cantidad de agua, y el animal se ahoga en 30 días si no se le sangra. La hierba que pacen es seca pero engorda mucho. Se cree que por este motivo aquí se forjó el mito de los rebaños de bueyes de Gerión.

Continúa con el conocido texto de las tres expediciones:

En el primero cuenta cómo los gaditanos recuerdan un oráculo que los tirios recibieron con el mandato de enviar una colonia a las Columnas de Heracles. Realizaron tres expediciones. La primera fue a la ciudad de los saxitanos, la segunda cerca de Onoba, pero como en cada una las víctimas de los sacrificios no resultaron favorables, se volvieron a su patria. En él dice textualmente:

Los que llegaron en la tercera expedición fundaron Gadira y levantaron un templo en la parte oriental de la isla y la ciudad en la parte occidental.

Más adelante hablando de las Columnas de Heracles dice:

Eratóstenes cree que las columnas eran Calpe y Abilix, (Gibraltar y Ceuta)… pero Artemidoro no está de acuerdo.

Otros trasladan aquí el misterio de las islas Errantes y Entrechocantes de Apolonio de Rodas, pensando que son las columnas que Píndaro llama “Puertas de Gadira” cuando afirma que Heracles llegó hasta ellas como el último confín de las tierras.

En este momento entra nuestro autor en una larga relación de los numerosos lugares que se atribuyen el honor de ser la sede de las Columnas de Heracles, con sus respetivos defensores, para al final realizar el siguiente resumen:

Tanto Dicearco, como Eratóstenes, Polibio y la mayoría de los autores griegos sitúan las columnas en los alrededores del Estrecho, mientras que los libios e iberos dicen que están en Gadira. Otros las identifican con las columnas de bronce de ocho codos de altura del santuario de Heracles en Gadira, en las cuales están grabados los gastos de construcción del templo, porque los que llegaban a ellas al finalizar sus travesías y hacían un sacrificio en honor a Heracles, difundieron la creencia de que este era el límite de la tierra y del mar. También Posidonio considera esta explicación como la más plausible, y en cambio al oráculo y a las diversas expediciones, las considera una invención fenicia.

Según el propio Estrabón, que se tratara de unas columnas en sentido estricto y no de promontorios, montañas o islas, tiene sentido ya que en la antigüedad existían multitud de lugares por todo el Mediterráneo que tenían la costumbre de establecer sus límites colocando columnas. Por ejemplo la llamada torre de Péloro en Faro, Los altares de los filenos en Sirte en la costa de Libia, en Mesina, Corinto, en Atenas, etc. Incluso dice textualmente:

Alejandro levantó, como hito de su expedición a la India, unos altares en los lugares más orientales a los que llegó, imitando a Heracles y a Dioniso.

Más adelante (III. 5, 6) considera poco razonable relacionar las Columnas de Heracles con las que se encuentran en el templo de Gadira, puesto que lo verosímil sería que su fama fuera anterior a la construcción del propio templo. De esta manera deja en el aire la posición de las mismas, permitiendo que tantos lugares se sigan disputando su localización a lo largo de la historia hasta nuestros días.

Uno de los textos más interesantes del geógrafo es aquel en el que nos habla sobre el régimen de las fuentes y pozos del Heracleion (III. 5, 7). En el que dice:

  1. Polibio afirma que hay una fuente en el Heracleion de Gadira que tiene una bajada de unos cuantos escalones hasta llegar al agua, que es potable, a la cual le sucede en las mareas lo contrario que al mar, que se seca en los flujos y se llena en los reflujos.
  1. Artemidoro, citando a Sileno, no está de acuerdo con Polibio.
  1. Y concluye diciendo textualmente: yo creo que no dicen cosas dignas de mención porque los dos son profanos en la materia.

No deja de ser curioso lo contundente que Estrabón se muestra aquí con respecto a la opinión Sileno y a la de Polibio, negándoles toda credibilidad, y pasándoles por encima.

En cambio recogiendo la opinión de su querido Posidonio, quien sí viajó por la península y pasó un mes en Cádiz, amplia este tema, afirmando que esa historia era “ψευδῆ”, es decir, ‘falsa’, y lo explica de la siguiente manera:

En el Heraclion hay dos pozos, y un tercero en la ciudad. De los del Heraclion el más pequeño se agota de inmediato si se le saca agua sin interrupción, y si se deja de sacar agua se llena de nuevo; y el mayor, que da agua abasto durante todo el día, aunque baja el nivel como todos los demás pozos, por la noche se vuelve a llenar cuando cesa la extracción. Pero puesto que la bajamar tiene lugar a veces a la vez que la subida del agua del pozo, los lugareños han creído sin fundamento en lo inverso del fenómeno.

En este texto, según nuestro autor, Posidonio deja claro que se trataban de pozos (“φρέατα”) y no de ‘fuentes’ (“κρέναι”), palabras que son completamente diferentes.

Nos llama la atención cómo en estos fragmentos Estrabón nos permite asistir a un auténtico debate científico sobre los pozos del Heracleo en el que están inmersos nada más y nada menos que Artemidoro, Sileno, Polibio, Posidonio, Atenodoro y él mismo.

Además el geógrafo aprovecha para dar su propia opinión sobre el tema e introducir algunas precisiones por su cuenta:

Hemos oído decir también que existen otros pozos, unos delante de la ciudad en los huertos, y otros dentro de ella, pero a causa de la mala calidad del agua proliferan en la ciudad los aljibes para el agua de lluvia. (III. 5, 7, cont.)

Termina el geógrafo su relato sobre Gadira, con una curiosa información recogida por Posidonio sobre los árboles que crecían en la zona. Describe a la Dracaena draco o drago y al árbol de Nueva Carquedón, explicando que desprende de sus espinas una fibra con la que se fabrica hermosísimos tejidos; que cuando se rompe brota leche, y que cuando se corta una raíz, sale un jugo bermellón. No está claro qué especie de palmera es.

Recreación idealizada del autor clásico Estrabón.

Recreación idealizada del autor clásico Estrabón.

Siguiendo nuestro objetivo, abordamos ahora la obra de un autor, contemporáneo de Estrabón, quizás menos conocido que él pero no menos importante. Se trata de Pomponio Mela. Era algo más joven, ya que, cuando tuvo lugar su nacimiento en tiempos del emperador Claudio (siglo I), el geógrafo del Ponto ya había escrito su Geografía.

Mela, que escribió su obra en latín, era de origen gaditano. Nació en Tingentera, cerca de Tarifa, un lugar situado justo en el extremo contrario del imperio romano donde había nacido Estrabón.

Recientemente se ha suscitado una controversia sobre el origen de este autor. De una parte Roger Batty defiende que era de origen fenicio, como tantos gaditanos de esta época. En su opinión, habría plasmado en su obra una visión del mundo atribuible a la cultura fenicia.

Pero de otra parte, autores, como Eduardo Ferrer Albelda de la Universidad de Sevilla, contradicen a Batty, afirmando que sus estudios se basan en una alusión de Pomponio a un grupo de población fenicia del norte de África que se trasladó a Tingentera, sin tener en cuenta que ya en sí mismo el estudio prosopográfico del nomen Pomponius y del cognomen Mela indica que no es en absoluto fenicio. Todo lo contrario, era bastante frecuente en Roma y en toda Italia, incluso en Hispania. Se trata de un cognomen de origen griego, importado por los romanos, cuyo significado es  ‘negro’.

Otra de las controversias que ha suscitado este personaje está en relación con la situación exacta de Tingentera, y constituye un debate histórico-geográfico muy discutido, pues es un hápax, es decir, es la única vez que aparece atestiguada en toda la literatura antigua. El mismo Pomponio Mela la sitúa entre Melaria y Carteia. No nos podemos detener en este debate por lo prolijo que resultaría. Solo diremos que la acepción más aceptada es que coincida con la Iulia Loza de Estabón, llamada Iulia Traducta por Ptolomeo. Así en el libro II nos dice:

…más allá hay un golfo y en él Carteia, en otro tiempo, Tartesos, según consideran algunos, y que pueblan fenicios procedentes de África y luego está Tingentera, de donde soy yo, (II. 6, 96)

Según Ferrer, Pomponio Mela era un romano de origen itálico, sin antecedentes fenicios, un emigrado reciente, ya que la redacción de su obra se fecha hacia el año 44 p. C., y la fundación de Tingentera entre el 33 y el 27 a. C. Su padre sería uno de los primeros pobladores. Con respecto a este punto, Guzmán Arias se muestra partidaria de que la redacción del libro III sea del año 44, pero piensa que el I y el II son anteriores.

Silberman, A. (Pomponius Mela, Chorographie, p. XIV y ss.), está de acuerdo con Guzmán, ya que en el pasaje III, 49 se lee:

Que tal sea Britania y que tal sean los hombres que engendra, en otra ocasión se dirá lo que más cierto tuviéremos y más bien averiguado, porque ahora es cuando el mayor príncipe del orbe la descubre

Por tanto se puede afirmar que compuso su obra en época del emperador Claudio. Concretamente entre los años 41 y 44, antes del triunfo militar de este emperador en tierras de los britanos.

La pretensión del autor fue describir todo el mundo conocido, es decir, el orbis terrarum, de manera sucinta y breve, pero prolija en la enumeración de ciudades, montes, ríos y demás elementos geográficos, cobrando importancia contenidos de tipo etnográficos y geopolíticos.

El carácter compilatorio de las fuentes anteriores en la obra de Mela le confiere un interés especial para el filólogo, porque se puede encontrar en su obra rastros de testimonios perdidos, a pesar de que por este mismo motivo contiene informaciones erróneas y obsoletas respecto a territorios que en esta época eran mejor conocidos y más familiares para los romanos.

Sin embargo, en cuanto a la Península Ibérica, como dice Frank Romer de la Universidad de Carolina, de acuerdo con Ferrer, la estructura de su Chorographia ofrece una visión cosmográfica de la ecúmene como un puzle en el que se combinan la herencia histórico-geográfica y etnográfica tradicional griega con noticias procedentes de Homero y Herodoto, consultadas a través de griegos y latinos, pero actualizadas a las conquistas romanas del s. I a. C., concretamente, y al contrario que en Estrabón, la descripción de Hispania corresponde a la realidad geográfica, político-social y etnográfica de su tiempo.

La narración está diseñada con la visión que se percibe desde el mar, como si el lector viajara en una embarcación desde la que divisara la costa, y realizara breves incursiones tierra adentro, enumerando los accidentes geográficos. Es lo que se conocía como el “género del periplo”.

La Chorographia de Mela es el primer tratado de geografía latina que se ha conservado íntegramente y fue citada incluso por Plinio el Vejo. Sus ediciones derivan de una copia del siglo VI realizada en Rávena por Rusticio Helpidio Domnulo y copiada también en Francia en la Escuela de Lupo Ferrières.

La editio princeps: Chorographia. De situ orbis libri tres, se publica en 1471 en Milán. Por tanto es un incunable, y curiosamente apareció 45 años antes que la Geografía de Estrabón. Después de la imprenta las ediciones se multiplican por toda Europa. Para abreviar destacaremos la edición que junto a la obra de Solino comentó en 1536 Pedro Juan Olivar que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Murcia.

De la edición El mundo según Pomponio Mela, Biblit. U. Salamanca (1478) se ha conservado un mapamundi, que tuvo una gran difusión.

Dos años más tarde se publicó en Basilea (Apud Michaelem Isingrinium et Henricum Petri) un mapa de Europa de Pomponio Mela (32,6 X 24,6 cm), uno de los primeros conservados, muy difundido a partir del Renacimiento. Desde este momento proliferan las ediciones hasta la gran obra de K. H. Tzschucke, publicada en Leipzig en 1807, en siete volúmenes con más de 4.000 páginas que recoge 22 manuscritos y 46 ediciones anteriores. En el siglo XX resaltaremos la edición de P. Parroni en Roma (1984), la de A. Siberman en París 1988 y la de C. Guzmán Arias en Murcia (1989), traducida al castellano. La mayoría de ellas tomaron como referencia la reconstrucción del mapamundi de Konrad Miller (1898).

La estructura de la Chorographia está dividida en tres libros que recorren toda la geografía conocida de la época. Pero es en el libro III en donde se encuentra la información relativa a Hispania y a Gades.

Como Estrabón, habla del templo de Hércules egipcio que fue fundado por los tirios, es decir, por los fenicios, venidos de Tiro, pero añade que era famoso porque en él reposaban los huesos de Hércules. No olvidemos que Mela era romano, y así llamaban los romanos al dios griego Heracles.

Dice que Gades está tocando al estrecho, en un espacio angosto, como separado del continente por un río, y que tiene en un extremo una ciudad de su mismo nombre y en el otro el templo del Hércules Egipcio, famoso por sus fundadores, su culto, su antigüedad y sus riquezas… Que los tirios lo fundaron y se convirtió en sagrado porque sus huesos están allí enterrados. Sus orígenes se remontan a los tiempos de la caída de Troya. El tiempo aumentó su poder (Chorogr. III, 6, 46).

Pero Mela, como Estrabón, recoge también el mito de Gerión, usando la palabra accepimus, o sea “hemos oído decir”. Cuenta que Gerión estaba enterrado en Eritía de donde había sido rey y en donde había criado el ganado que Hércules le robó. Pero en cambio, cuando habla de la tumba Hércules, con la frase cur sanctum sit ossa eius ibi sita efficiunt, es decir, “el templo de Hércules era sagrado porque sus huesos estaban en él enterrados”, aporta la información de quien conoció por sí mismo al Gades romano y su entorno, y estuvo en el propio templo de Hércules.

Pero evidentemente allí no había nadie para realizar una prueba de ADN a los huesos enterrados en el Herlaklion y de esta manera comprobar a quien pertenecían. Sin embargo esta tradición estaba tan aferrada o más que la que existe en la actualidad respecto a la tumba de Santiago en Compostela, y como ella lo fue durante siglos, creando toda una cultura en su entorno sin que nadie haya podido demostrar que el santo estuviera allí enterrado.

Desgraciadamente la tumba de Heracles hasta el momento no se ha podido encontrar, ni siquiera el templo, aunque los arqueólogos han realizado importantes hallazgos que, cotejados con las fuentes clásicas, apoyan su existencia.

Pomponio Mela en el Paseo de la Palmera (Ceuta).

Pomponio Mela en el Paseo de la Palmera (Ceuta).

Hic et nunc hemos realizado una aproximación a los textos conservados de dos autores: Estrabón y Pomponio Mela. Ellos vivieron una época muy próxima al cambio de la era. El primero, nacido en la parte más oriental del imperio romano, escribió en griego; el segundo nacido en la parte más occidental, escribió en latín.

Ambos nos describen llenos de riquezas naturales los territorios que hoy ocupa la  ciudad  de San Fernando, presididos por todo lo que significó e templo de Melqart>Heracles>Hércules, visitado por los más importantes personajes históricos, como Aníbal Barca o Julio César. Fue fundado por los tirios en una tercera expedición colonizadora, en una isla perteneciente al archipiélago de las Gadeiras, enfrente de Antípolis, donde se situó más tarde la Isla de León.

Los datos que han aportado han servido para conocer la evolución de la configuración de la bahía de Cádiz y son valiosísimos para el conocimiento de la época feno-púnica-romana, en la que la actividad de este templo fue de una enorme importancia no solo en el terreno religioso, sino también en lo político, económico y social.

Pero tanto Estrabón como Mela omiten cualquier dato sobre otra de las construcciones que la mayoría de los modernos historiadores están de acuerdo en que ya existía. Algunos remontan su origen incluso a la época fenicia, otros atribuyen su construcción a Cornelius Balbus, Minor.

Nos referimos, por supuesto, a nuestro emblemático Puente Zuazo, hoy auténtico símbolo de nuestra ciudad. Sin duda nos hubiera gustado aportar algún dato al respecto, sobre aquella primitiva construcción, que muy poco tendría que ver con la que actualmente contemplamos, pero hay que esperar hasta tres siglos después de los autores mencionados, a que aparezca el Itinerario Antonino para poder realizar una mera deducción de su existencia por medio de un texto.

De momento tampoco la arqueología ha sido capaz de aclarar el quién, el cuándo y el cómo se llevó a cabo la primera y originaria construcción del monumento más representativo de nuestro patrimonio. Por tanto el origen del puente que unió por tierra a la Isla y a Cádiz con el resto del mundo, sigue siendo todavía un enigma por aclarar.

FUENTES CONSULTADAS

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