La estela de Anton M. Maragliano en Cádiz: La escuela gaditano-genovesa

1 abril, 2017

por Jesús Garrido Pérez

PRIMERA PARTE

Generalidades

Anton Maria Maragliano, el ‘caposcuola’ de la escultura ligur fue el punto de partida de la renovación artística en la escultura lígnea. El virtuosismo de sus gubias labraron una magistral producción, un estilo propio de marcado realismo barroco que impregnaría y conformaría la llamada ‘escuela gaditano genovesa’, afincada en Cádiz durante el siglo XVIII, debido a la privilegiada posición en la que estaba situada, centro estratégico del comercio con las Indias de España e Italia.

Hijo de Luigi y Mónica, bautizado en la Iglesia de Santo Stefano el 18 de septiembre de 1664, fecha que algunos autores toman como referencia de su nacimiento.

Inicia sus estudios como aprendiz en el taller de su tío Giovanni Battista Agnesi en 1680, continuando su formación con Giuseppe Arata y Giovanni Andrea Torre, convirtiéndose poco a poco en un virtuoso de las gubias y el imponente maestro del barroco italiano.

La producción de Anton Maria está documentada entre finales del siglo XVII y el primer tercio del siglo XVIII (1), concretamente en Génova, donde a primera instancia colabora en el taller de Giovanni Battista Pedevilla hasta que se establece en un taller propio donde sus gubias labran una vasta y colosal producción, punto de partida de la renovación artística que iniciarían también sus coetáneos Filippo Parodi y Domenico Piola en el campo de la escultura en mármol y pintura respectivamente.

Chiesa di Santo Stefano (Gónova), donde fue bautizado Maragliano.

Chiesa di Santo Stefano (Gónova), donde fue bautizado Maragliano.

Estilo maraglianesco

  • Características morfológicas e iconográficas de la obra de Anton Maria Maragliano

Las gubias de Anton Maria dotaban a sus obras de un carácter propio, el llamado ‘estilo maraglianesco’. Son famosos los grupos esculturales, cargados de un singular movimiento y un colosal barroquismo, jugando con el plano y la curva, transmitiéndonos de forma teatral escenas bíblicas (fuera de los comunes misterios pasionistas del barroco andaluz) cuajadas de gloriosos querubines que aparecen flotando en barrocos cúmulos nubosos.

Característico de este estilo son los crucificados, donde se ponen de manifiesto los amplios conocimientos anatómicos y la refinada técnica de tallado de la madera. El esquema general transmite una fuerte torsión y desplome en la Imagen del Redentor en la Cruz, con fuerte arqueo centrado a su izquierda (rompiendo con la tradición hispánica) predominando una marcada asimetría. Es muy común la representación de Cristos Expirantes y Difuntos, de rostros serenos que transmiten la sensación de paz tras alcanzar la muerte y con carnaduras que recuerdan al marfil, donde aparecen las heridas del martirio en tonos verdosos. Dinámicos paños de pureza anudados con cuerdas, cabellos con bucles barrocos, grandes orejas despegadas del cuello, finos bigotes que terminan en una corta barba partida en dos y realistas arrugas en cuello, pies y manos.

Las características maraglianescas se repiten a lo largo de su producción mariana y hagiográfica, las tallas presentan gran dinamismo y movimiento centrífugo, en muchos casos helicoidal con proyección plana en forma de ‘S’. Son comunes las imágenes en donde una mano sujeta el manto contra el pecho y la otra se alza del resto de la talla, poniendo de manifiesto el movimiento y teatralidad comunes en el barroco y concretamente en la obra de Maragliano.

Las cabezas suelen aparecer inclinadas hacia la izquierda, en los rostros son comunes las barbilla redondeada con pequeño hoyuelo que deja entrever una grácil papada, labios entreabiertos muy dibujados y carnosos en la zona central, cejas y nariz finas, siendo esta casi una continuación de la frente, ‘mirada maraglianesca’ con un cierto toque hipnotizante debido a los característicos ojos rasgados (2) y orejas asomando levemente por el pelo o despegadas del cuello.

Las manos varoniles aparecen anchas y con los dedos cortos, marcando de forma magistral tendones y venas. Son característicos también los pies calzados por sandalias y apoyados en un tosco montículo pétreo, así como los rollizos Niños y Querubines de pelos castaños y rubiascos que muestran su desnudez y un ademán juguetón.

  • Materiales empleados. La imaginería en madera policromada

Los artistas genoveses utilizaban principalmente la madera de tilo y abedul, maderas de agradable aroma y relativamente blandas muy aptas para su gubiado, permitiendo así una minuciosa talla. Posiblemente los artistas afincados en Cádiz traían estas maderas desde Génova, hasta que se familiarizan con la madera de cedro, muy utilizada en tierras andaluzas. Este tipo de maderas blandas son muy susceptibles al ataque de los xilófagos, sobre todo en climas con alto índice de humedad relativa y prolongados periodos de calor, como pude ser el clima gaditano, efecto que se ha notado en infinidad de obras que han corrido un grave peligro de desintegración.

Como se ha comentado anteriormente los ojos eran de cristal y se introducían en el rostro finalizado el gubiado de la obra.

Es muy destacable también el trabajo de policromado. Esta labor propia del gremio especializado, era supervisada por Antón Maria Maragliano minuciosamente. Los estofados que adornan la decoración de las vestiduras destacan por su riqueza, destacando también las decoraciones en relieve, los encarnados de tonos marfileños y verdosos o el empleo del pan de plata alternado con la decoración dorada, características singulares empleadas por la escuela genovesa y que heredaron también los gremios asentados en Cádiz.

  • Herederos del estilo maraglianesco

Entre los discípulos más relevantes de Anton Maria destacan su hijo Giovanni Battista Maragliano y los hermanos Pietro y Francesco Maria Galleano, que dejaron en la provincia gaditana gran cantidad de obras, herederas de las enseñanzas del maestro e impregnadas de un cierto toque del barroco andaluz. Artistas como Antonio Molinari, Francesco Maria Mayo o Doménico Giscardi, dejan entrever en sus obras el influjo que tuvo ‘Il Maestro’ en la escuela genovesa, una estela ya olvidada y cargada de misticismo que no deja de asombrarnos y estremecernos en pleno siglo XXI.

Obras de Maragliano en Cádiz

  • El Cristo de la Salud

La más impresionante de todas es el Cristo de la Salud, de la iglesia conventual del Carmen de San Fernando, una de la más magistral producción cristífera genovesa, atribuida desde 1988 al maestro Antón María Maragliano (1664-1739) por la profesora Fausta Franchini-Guelfi (3).

La mejor y más completa descripción artística de la portentosa imagen realizada hasta el momento es la publicada en 1999 por fray Juan Dobado (4): «Es de madera de tilo y representa a Cristo muerto crucificado con tres clavos sobre una cruz arbórea plana. Es destacable el acentuado arqueamiento del cuerpo hacia la derecha y profunda inclinación de la cabeza en el sentido contrario. El estudio anatómico es muy minucioso y realizado con gran perfección. Las huellas de la Pasión recorren su cuerpo ensangrentado, pero al mismo tiempo, su rostro transmite una gran serenidad».

La imponente imagen llegó al Convento del Carmen siendo prior fray Antonio de la Encarnación (1733-1736), la talla es en madera de tilo encarnada y policromada, con cruz arbórea plana original, el paño de pureza fue mutilado para que se adaptase el Cristo al altar carmelitano donde se venera. La Imagen fue restaurada a finales del siglo XX por el profesor Manzano Beltrán.

Santísimo Cristo de la Salud. Iglesia Conventual del Carmen (San Fernando).

Santísimo Cristo de la Salud. Iglesia Conventual del Carmen (San Fernando).

  • La Virgen del Carmen de ‘Porta Coeli’

Imagen que preside el altar de la Capilla de la Orden Tercera del Carmen de Cádiz y que representa a la Virgen del Carmen con el Niño en los brazos, que muestra a los fieles el escapulario.

El grupo escultórico emerge del típico cúmulo nuboso cuajado de ángeles niños. La Virgen sostiene al Niño con su mano izquierda, mientras que el Divino Redentor se abraza a la Madre por el cuello. No falta en la representación la teatralidad y el movimiento de los paños, elemento típico del barroco y concretamente del estilo maraglianesco.

A lo largo de la historia esta Imagen ha estado relacionada con los mejores artistas del barroco andaluz, estando equívocamente atribuida a Luisa Ignacia Roldán o a Francisco Camacho de Mendoza.

No es hasta 1988 (5) cuando se relaciona la obra con la producción genovesa. En concreto la Dra. Franchini propuso una primera (6) atribución a Francesco Galleano (7), que se desestimó en una revisión posterior que se hizo de la obra de Galleano tras la aparición de su primera obra documentada.

Fue el profesor José Miguel Sánchez Peña el que tras el estudio histórico, morfológico y técnico, vinculó la talla de la Virgen de Porta Coeli con la producción de Maragliano importada desde Génova. Esta atribución se ve respaldada por el descubrimiento de nuevas obras del maestro en Génova, en concreto con la Virgen del Rosario de la localidad genovesa de Castelazzo Dormida o del Convento del Santísimo Sacramento de Génova.

  • La Virgen del Rosario

Continuando con la obra de Anton Maria Maragliano, tenemos a la magnífica Virgen del Rosario de la Iglesia Mayor Parroquial de San Fernando, atribuida a las gubias del maestro ligur por Jesús Abades (8) en Septiembre de 2005.

La Imagen parece ser que fue la segunda Titular de la Hermandad del Rosario, fundada a mediados del siglo XVII. La primera noticia que tenemos de una Titular de la Hermandad del Rosario es de 1699, cuando la sede donde se veneraba era aún Parroquia en el Castillo de San Romualdo.

No obstante, la vasta producción documentada de Maragliano comienza a fecharse a finales del siglo XVII, consolidando su actividad como imaginero religioso y su exportación de obras a Cádiz en el primer tercio del siglo XVIII, por lo que, si seguimos con la hipótesis de que fue Maraliano quién talló la Virgen del Rosario que actualmente se venera en la Iglesia Mayor Parroquial, seguramente sea una talla posterior a la existente en 1699.

Tanto su calidad artística como sus evidentes semejanzas con la producción mariana de Maragliano, como pueden ser la ‘Virgen del Rosario’ de la iglesia de San Domingo de Varazze, la de la iglesia de San Desiderio o la de Nuestra Señora de Assunta de Génova, la ‘Madonna del Rosario’ de la iglesia de San Miguel Arcángel de Ligure y de la iglesia de la Santa Cruz de Moneglia o la gaditana ‘Porta Coeli’, nos conducen a la idea de que fue ‘Il maestro’ el autor de esta imponente obra.

Las características de su policromía apuntan a que la imagen fue enviada ‘en blanco’ desde Génova, en el primer tercio del siglo XVIII (9), y que maestros doradores de la escuela genovesa, afincados en Cádiz, realizaran la labor de policromado, estofado y encarnado. Por los rasgos de este trabajo, según apunta el profesor Alonso de la Sierra, sería realizado por el dorador Francisco Maria Mortola (10), que trabajó en la Iglesia Mayor de San Fernando, dorando entre otros los altares de la Virgen del Rosario y del Arcángel San Miguel (11).

La Virgen aparece sentada en un cúmulo nuboso cuajado de querubines, sosteniendo en una mano el cetro y en la otra el Bendito Niño. Además de los evidentes rasgos maraglianescos, la imagen está inmersa en un halo de misticismo que la diferencia del resto de las obras genovesas de la provincia de Cádiz.

Aunque la atribución parece tener consistencia, no podemos descartar que fuese uno de sus discípulos, como es el caso de Francesco Galleano o Antonio Molinari, el que labrara esta bellísima obra. Análisis de la madera y de la policromía serán fundamentales para consolidar o refutar la hipótesis acerca de su autoría.

Ntra. Sra. del Rosario. Iglesia Mayor Parroquial de San Fernando.

Ntra. Sra. del Rosario. Iglesia Mayor Parroquial de San Fernando.

  • El Arcángel San Rafael

Se trata de una talla realizada en madera de tilo, encarnada, policromada y estofada, con ojos de cristal y representa al Arcángel San Rafael.

La Imagen, que se venera en la Iglesia del Hospital de San Juan de Dios de Cádiz, posee el dinamismo, la teatralidad y una composición inestable sobre un cúmulo nuboso (12). El rostro recuerda en su hechura a las Imágenes del grupo de ‘la degollación de San Juan Bautista’ de Génova y sigue todas las características morfológicas del estilo maraglianesco. El tallado del ropaje reproduce el hábito de la Orden de San Juan de Dios.

La Imagen fue restaurada por el profesor Manzano Beltrán en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH) en 2004, intervención necesaria debido al ataque los xilófagos.

  • San Francisco de Asís

En el templo carmelitano de San Fernando, se encuentra una pequeña talla, de apenas 49 centímetros, de San Francisco de Asís.

Es venerado en una de las capillas de la nave de la Epístola, dedicada originalmente a esta hermosa talla de San Francisco. A mediados del siglo XX, los carmelitas cambiaron su titular original por la devoción carmelitana del Niño Jesús de Praga.

Esta espectacular imagen fue donada en 1733 por Manuel Arriaga (13). Su virtuoso gubiado así como sus características nos recuerdan al quehacer artístico de Anton Maria, plasmado en obras como ‘San Francisco estigmatizado’ de la Iglesia de San Nicolás de Génova o ‘Santo Domingo’ del Convento del Santísimo Sacramento de Génova.

Esta vinculación acerca de su paternidad artística la ponen de manifiesto los estudiosos Juan Dobado y Juan Aranda en su magnífico libro titulado El Carmen de San Fernando.

Cargada de teatralidad, la talla nos muestra al santo italiano en actitud de predicación. Los soberbios pliegues del raído hábito, el movimiento en ‘S’ de la figura o la maestría con la que se encuentra tallada la cabeza, adornada con una característica tonsura, la cuidada barba, los pies y las manos, nos remiten al taller más importante de la Liguria, al taller de Anton Maria Maragliano.

San Francisco de Asís. Iglesia Conventual del Carmen (San Fernando)

San Francisco de Asís. Iglesia Conventual del Carmen (San Fernando)

  • San Jerónimo y San Francisco de Asís

Se trata de dos tallas de unos 90 centímetros de altura que se veneran en la Capilla del Pilar de la Iglesia de San Lorenzo de Cádiz. Son dos tallas documentadas del Maestro, realizadas en madera de tilo, que se encargaron a Génova para embellecer el templo gaditano.

Las dos tallas presentan un gran movimiento y dinamismo cuyas características nos remiten a la obra del artista ligur, y el crucifijo que porta San Francisco (14) en las manos nos recuerdan la tipología y la encarnadura, de tonos pálidos y verdosos, del Cristo de la Salud de San Fernando.

  • Inmaculada Concepción

Realizada en madera de tilo, se venera en una hornacina del Convento de las Madres Capuchinas de Sanlúcar de Barrameda.

La Imagen de la Inmaculada se nos muestra en su representación apocalíptica. Presenta el característico movimiento en forma de ‘S’, típico de la escuela ligur. Tiene ojos de cristal y luce una bella y elaborada decoración estofada de estilo genovés.

La producción en pequeño formato de Anton Maria Maragliano y su taller

La gran fama que adquirió Maragliano y su taller con las grandes producciones favoreció la creación de una producción ‘menor’, adaptada a un tamaño que permitiese la devoción particular. Es difícil hablar de una autoría de Anton María Maragliano debido a la gran producción que salió de su taller en los siglos XVII y XVIII. Con carácter general se habla de la producción Maraglianesca para hacer referencia a las obras salidas del taller de Maragliano en este periodo.

Esta producción ‘doméstica’ es fiel reflejo, a escala reducida, de las obras que eran veneradas en iglesias y conventos de Génova. Entre estas obras de pequeñas dimensiones, destaca la producción mariana, en las advocaciones del Rosario, Carmen y de la Inmaculada, los crucifijos y los pequeños conjuntos cristíferos como los calvarios y los descensos de la cruz. Siguiendo todos ellos el mismo esquema y dimensiones similares.

Parte de esta producción se exportó a otros países, como es el caso de España, donde encontramos calvarios como el del Convento de las Hermanas de la Cruz la Palma del Condado (Huelva) o el de las Madres Capuchinas en Toledo, siendo quizás ‘la muestra’ que propició el encargo de obras mayores y el establecimiento de la escuela en Cádiz en la primera mitad del siglo XVIII.

En San Fernando contamos con un calvario con las tallas de Cristo, Dolorosa y San Juan de pequeñas dimensiones, perteneciente a un particular. La obra procede de Génova, fue adquirida en una galería de arte de la región italiana en 2012, estando certificada su procedencia y autoría por esta.

Conclusión

Contamos con gran parte del legado que dejó el maestro ligur Antón Maria Maragliano en la vieja Gades. Un legado que en muchos casos ha estado a punto de desaparecer por su mal estado de conservación, por la desidia o el olvido, un legado que es testimonio fiel de una etapa de esplendor ya olvidada, donde el golpe de gubia y las pinceladas de oro nos recuerdan aquel bello hermanamiento entre Génova y Cádiz.

No dejemos morir esta hermosa huella barroca y que el paso del tiempo no apague la hermosa estela que Maragliano y su escuela dejó en España.

Citando a Daniele Sanguineti en su magistral libro Anton Maria Maragliano

… NELL’ ARTE GLI ANTICHI NOSTRI HA SORPASSATO, E LA ESPERANZA HA TOLTO A’ MODERNI DI RAGGIUGNERLO…

Notas

  1. En esta fecha es cuando se inicia la exportación de Imágenes a España desde Génova.
  2. Anton Maria Maragliano, una vez tallada la Imagen, insertaba los ojos de cristal que sellaba a la talla con pasta de madera.
  3. Profesora de la Universidad de Génova y experta en la historia del arte genovés.
  4. Historiador del arte y Prior del Convento del Santo Ángel de la ciudad de Sevilla
  5. Con motivo de los informes de restauración del Templo.
  6. A la doctora se le enviaron fotografías de la Imagen para que diera una primera impresión acerca de la talla.
  7. Discípulo de Maragliano y artista vinculado a la Orden de Predicadores.
  8. Artículo publicado en el portal La Hornacina, ‘La obra de los imagineros genoveses III’.
  9. En este período, Maragliano junto a su discípulo más querido, Pietro Galleano, labran gran parte de la producción genovesa que es exportada a Cádiz.
  10. Francisco Maria Mortola, hijo de genoveses, nació en Cádiz en 1702 y murió en la misma ciudad en 1773.
  11. Existe documentación que corrobora la existencia de un retablo de San Miguel y las Ánimas hacia 1720-1725 en la Parroquia del Castillo de San Romualdo (Fernando Mósig Pérez).
  12. Al igual que la Virgen del Rosario de la Iglesia Mayor Parroquial de San Fernando.
  13. Don Manuel Arriaga compra en 1733 la primera capilla de la nave de la Epístola para colocar en ella la bella imagen de San Francisco de Asís.
  14. Obra que nos recuerda al San Francisco estigmatizado de la Iglesia della Concezione de los Padres Capuchinos de Génova.

Bibliografía

ABADES, JESÚS: ‘La obra de los imagineros genoveses y su presencia en Andalucía (III)’ en portal web La Hornacina.

ARANDA DONCEL, Juan y DOBADO FERNÁNDEZ, Juan: El Carmen de San Fernando. San Fernando, 1999.

CERVINI Y SANGUINETI: Han tutta l’aria di Paradiso. Gruppi processionali di Anton Maria Maragliano tra Genova e Ovada. Turín, 2005.

MÓSIG PÉREZ, Fernando: Historia de las Hermandades y Cofradías isleñas. San Fernando, 2005.

SANCHEZ PEÑA, José Miguel: Escultura Genovesa. Artífices del Setecientos en Cádiz. Cádiz, 2006.

SANGUINETI, Daniele: Antón María Maragliano. Génova, 1998.

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