Imaginación, autoexigencia y caos: Una artista con códigos propios

19 mayo, 2017

por Alejandro Díaz Pinto

La artista isleña Ía Navarro protagoniza la segunda exposición abierta al público en JMAJ Showroom (Real 143), el nuevo espacio multidisciplinar dirigido por Alfonso Arenas y Miguel Quijano en San Fernando.

Su verdadero nombre es Mercedes. «Ía fue la primera palabra que vocalicé al escuchar unos dibujos de la tele», explica Navarro, quien pese a forjar su talento a lo largo de muchos años ha brotado de repente, como aquel sonido, entre los elogios de unos círculos artísticos que la aplauden y reclaman. Hace no más de cuatro años que optó por dar este paso, eso sí, sin retroceder. «Sentí que estaba preparada, que mis circunstancias familiares me lo permitían y me lancé». Claro que acumulaba tras de sí una sólida trayectoria iniciada con Artes Aplicadas, en Cádiz, y que continuó más tarde licenciándose en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. De aquella época recuerda como «lloraba de la emoción al llegar a las puertas de la facultad», un viaje de ida y vuelta diario desde La Isla que le robaba muchas horas y, no obstante, le producía gran satisfacción.

Desde entonces «no he parado de pintar», es más, «estoy todo el día trabajando». Entiéndase esta idea más allá del acto de coger el pincel, también implica sentir y canalizar esos sentimientos, saber plasmarlos con firmeza, porque «todo eso se nota cuando el espectador se coloca ante la obra». «Si no estás segura de lo que quieres, transmites inseguridad, miedo… hay que tener las ideas claras». Por eso nunca deja de pensar. Así fue durante su formación, más tarde, compatibilizando sus deberes familiares, y finalmente ahora, al alcanzar su obra la dimensión pública y el reconocimiento merecido. Otra cosa es que solo necesite una hora -o cinco- para materializar todo ese esfuerzo. A veces, «si no logro definir mi objetivo me revelo y, de la rabia, llego a rayar el cuadro». Pero entonces… surgen nuevas texturas.

Se define a sí misma como «imaginativa, me dejo llevar por las emociones», explica, aunque eso la adentre en un mundo donde la pintura refleja sus angustias, su miedos, su lucha interior. «Más que un trabajo es, para mí, una forma de vida», y bajo ningún concepto un entretenimiento como lo califican muchos agentes externos. Esto la indigna. Tanto como hacer obras por encargo, «lo que no nace de mí es falso, por ahí no paso». Por eso, tal vez, se describe también como «exigente»; no tiene referentes físicos, todo está en su mente, y esto, según indica, «acrecienta la lucha conmigo misma». De igual forma reconoce que es «caótica». Incluso cuando viajó a Nápoles, de donde procede su segundo apellido -Ristori-, se sintió identificada con los vaivenes de esta ciudad, «todo me resultaba tan familiar…».

En sus obras parte manchas de color a las que, poco a poco, va dando forma. Abajo se agarran las raíces a la tierra, y «mi truco para no ahogarme es yéndome hacia lo alto». En la parte superior del cuadro -muchos de los que expone ahora en JMAJ- existe, por tanto, un «horizonte para respirar» aunque el primer plano transmita desasosiego. Su pintura es expresionista, pues saca a la superficie la riqueza de su mundo interno, aunque en ocasiones tiende a la abstracción: «Coqueteo con el espectador dejando entrever ideas que él interpreta a su manera».

A estas alturas de la vida, «me permito ser un poco egoísta, dedico más tiempo a mí misma», confiesa, tanto para crear como para compartir sus creaciones, que a lo largo del último quinquenio se han traducido en colecciones como Pintura sin tiempo (Fundación Provincial de Cultura), El séptimo sentido (Ayuntamiento de Cádiz) y Cielos desde un naugrafio, la serie que actualmente puede contemplarse en el Showroom dirigido por Alfonso Arenas.

Además de pertenecer al colectivo algecireño ‘Distrito Arte’, ha formado parte del programa de ‘Exposiciones Itinerantes’ de la Diputación y en cuatro ediciones del Mercado de Arte. Sus obras han gozado de gran aceptación en Sanlúcar y en Algeciras, en Cádiz -Casa de Iberoamérica- o en el Centro de Congresos de San Fernando, donde expuso en 2014. «Aquella fue mi primera exposición de envergadura… hasta entonces, solo pintaba para mí». Claro que ya contaba con un aval de entendidos que la animaron a dar el paso de darse a conocer, lo de seguir en la brecha ha sido fruto de su insistencia: «Creo en lo que hago».

Cielos desde un naufragio incorpora tres obras de estreno que siguen la línea expresionista, sin meditar, aunque «algo más contenidas. Intento recrearme en las manchas… ¡hasta que exploto y vuelvo a las ‘locas’!» Se refiere a otra vertiente creativa donde las protagonistas son figuras femeninas, mujeres sin contexto, perdidas. Son giros habituales puesto que «nunca he podido atarme a nada». Eso sí, «quien apuesta por mí, se está llevando parte de mi alma. Solo le pido que coloque la obra en un lugar especial dentro de su casa».

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