Diego Villalba: «Siempre en la sangre»

13 abril, 2016

por Enrique Montiel de Arnáiz

«Siempre en la sangre». Así responde Diego Villalba (300 Pavos) cuando le pregunto cuándo surgió su gusto por el cine y las cámaras. Abre los ojos con inocencia, unas perlas azules de buen chico que esconden a un buen chico que quisiera ser malo, repite la pregunta que le he hecho fijándola en su mente y viaja al pasado, a lo que siempre deseó. «Después de darle el coñazo durante cuatro años, mi padre me compró una cámara muy básica», dice antes de contarme la génesis de su primer cortometraje, realizado en la Sierra de Grazalema. «Un corto que ni existe ya» -aclara. Sonríe recordando aquella «chapuza» en la que su hermano imitaba «a un mariquita». Tenía trece años.

¿Cómo pudo descarriarse la ovejita Villalba? ¿Qué tripa se le removió al chiquillo de los Villalba, una familia de San Fernando asidua en las comunidades neocatecumenales del Cristo Viejo? ¿Qué le ocurrió al mayor de cinco hermanos, al niño estudioso al que se le daba bien todo aquello que le interesase y que no fueran Matemáticas, el mismo que hasta 2.º de E.S.O. sacaba «todo sobresalientes»? Su llegada al I.N.B. Isla de León lo descolocó: «La puerta siempre estaba abierta, las niñas, el cachondeo con mis amigos. Faltábamos a clase. Recuerdo que íbamos a casa de mi amigo Salvi, que vivía al lado mía. Yo les decía a mis colegas “¡vamos a grabar un corto!” y decían que sí, hacían lo que yo les pedía sin saber qué significaba. Cuando terminaba el montaje me decían “¡Qué guapo!”»

Así fue como el niño autodidacta, al que le faltan aún cuatro asignaturas para obtener su título de bachiller, empezó a ver la vida que repetía una y otra vez, de encuadre en encuadre, toma a toma. «Me dejaron un programa de edición cuando me regalaron mi primer ordenador, uno regular. Aprendí a usarlo sin tutorial. Sin internet. Estuve una semana para conseguir pasar una bolita de un lado al otro, hasta que lo logré». Diego Villalba se sintió el rey del mundo. El chico, colaborador activo con la Cruz Roja Española, empezó a editar sus propios vídeos, las ideas que surgían de su intuitivo cerebro. Comenzó a imitar, aún sin saberlo.

Cuando le pregunto por sus referencias nombra a Guy Ritchie («pero no por su rollo con Madonna») y a Quentin Tarantino, aunque reconoce no saber demasiado de cine. «En mi casa no vas a ver carteles de películas colgados en las paredes. No soy un obseso. No leo blogs de cine ni nada de eso. Cualquier persona sabe de cine más que yo».

“300 Pavos”

Diego tiene un pequeño estudio de trabajo en un rincón del salón de su casa. Tras mucho insistir, consigue que su madre claudique y le otorgue ese privilegio. «Éramos cinco niños en casa, más mis padres. No tenía sitio para nada». Ambos progenitores trabajaban, su padre en una empresa de alimentación al por mayor en Chiclana. «Mi madre cuidaba a personas mayores. Yo me tuve que ocupar de mis hermanos pequeños, por eso siempre digo que no quiero niños. Ya los cuidé en su momento». Las mascotas, perros y gatos, llegaron después; en esa época la familia Villalba llegaba a fin de mes a lo justo. «El perro nos abandonó en una gasolinera y se llevó el coche» -ríe Diego. Un día se encuentra en la playa de Cádiz con uno de sus monitores en el campamento de Cruz Roja Juventud en el que sus hermanos y él habían conseguido entrar becados. Hacía diez años que no lo veía. Su nombre: Antonio F. Morenilla. Su trabajo: hacía reportajes fotográficos y vídeos de bodas. Charlan un rato y Morenilla le dice que ha visto sus vídeos en internet y que cuando haga algo en serio cuente con él y, sobre todo, con su equipo profesional de grabación.

Diego no tiene dinero, se presenta a castings como actor y lo contratan en algunos sitios aunque a él lo que le apasiona es ponerse detrás de la cámara. «Siempre en la sangre», repite. Llega a su casa, se ducha, y se pone a trabajar. En media hora hace acopio de activos: «¿Qué tengo para grabar? El equipo de Morenilla, el Parque Sacramento y mi barrio». Decide adaptar un guión sobre una especie de “Equipo A” de La Isla, «algo con humor, aprovechando lo que tenemos. Si es cutre, que sea queriéndolo».

Reflexiono en voz alta: si 300 Pavos es El Equipo A, Diego es John “Hannibal” Smith. «Es verdad, soy el más cuerdo». Álvaro Pérez es Murdock, el que está más colgado y Lamine… “No hace falta decir quién es M.A. Barracus”. A Lamine Thior, un chaval de Algeciras, lo conoce en un casting, disfrazado de zombie. Lo vio muy desenvuelto, con desparpajo. «Nos faltaba un personaje así y fui y se lo dije, que estábamos organizando una web serie y va el tío y me dice: “Vamos, que te hace falta un negro, ¿no?”. La verdad es que no era por eso, pero fue un añadido más». “Es como el alivio cómico del alivio cómico que es Álvaro Pérez”, le comento, y Diego asiente.

«Conocí a Álvaro porque entró de monitor en los campamentos de Cruz Roja y yo era el Director de Juventud y me encargaba de organizarlos. Prefería ayudar al que iba a Cruz Roja a pedir porque no tiene. En los campamentos, el primer día los chavales con problemas socioeconómicos te insultan, no te pueden ni ver, y el último día del campamento lloran porque no se quieren ir». Álvaro Pérez es un actor y músico isleño y tiene un hermano mellizo. «El hermano nunca apareció por los campamentos, ¿eh?» -aclara Diego. Álvaro tiene estudios de arte dramático en la Universidad de Sevilla y además es músico en un grupo en auge, los sevillanos Nûk, a los que Diego Villalba ha dirigido su segundo single: “Knock you down”, que se grabó en un hotel abandonado en la zona del campo de golf de San Andrés.

«Lo de Álvaro tiene mérito, es el actor que ha participado en más webseries en España y en Europa. Prácticamente en todas las de éxito en Andalucía: Malviviendo, Flaman, 300 Pavos… Como actor él es así, no hay nada forzado. Cuando preparamos su personaje le dije “sé tú mismo, ¿qué se te ocurriría a ti?”. Lo cierto es que, en cierto sentido, Álvaro Pérez le acaba robando el protagonismo de 300 Pavos a Diego, «Álvaro es el motor de la serie», dejando a su creador la gestión del ritmo. Eso sí, Diego Villalba es el guapo. «Las niñas me lo han dicho, yo llevo viéndome toda la vida en el espejo, pero en la serie intento ser el más cortón. El más fuerte es Álvaro, yo soy el más guapete».

Javier León y Alex O´Dogherty

El primer capítulo de 300 Pavos se estrenó en 2012 y tuvo un éxito inmediato y viral, recibió 50.000 visitas en Youtube en un sólo día; ahora lleva más de medio millón. La webserie ha recibido reconocimientos y premios tanto del Ayuntamiento de San Fernando como de la Junta de Andalucía, que le otorgó el Premio Cádiz Joven en la categoría de “Arte” del Instituto Andaluz de la Juventud. A recoger el premio acudió el equipo de 300 Pavos, incluyendo a Antonio Morenilla, Dani Ruiz (música), Alejandro Oneto (sonido y postproducción) y Raquel Carillo (producción y script). Ésta última, es la pareja sentimental de Diego Villalba.

«Conozco a Raquel de toda la vida, llevo con ella doce años (“¡espero que sean doce años!” -exclama, temeroso de haberse equivocado). Teníamos un amigo en común y nos veíamos en la plazoleta del Cristo antiguo. Empezamos a salir al poco tiempo. A ella le gustaba el cine, tenía muy buen ojo. La verdad es que es muy buena en la producción». La joven pareja, apoyándose en el reciente éxito de 300 Pavos, consigue que el entonces concejal de Urbanismo, Ángel Martínez, les preste medios. «Ángel nos dijo: “Menos dinero, lo que sea” y, sin abusar, aprovechamos y le pedimos. Nos prestó un coche de policía y dos agentes -uno es Antonio Rojas, el actual concejal de Vías y Obras del Ayuntamiento de San Fernando-. Controlaron el tráfico para que pudiéramos grabar. Nos lo consiguió todo en cuatro horas. Fran Romero y Roque Castilla han colaborado también un montón. A la alcaldesa Patricia Cavada la conozco poco, fui a un par de reuniones antes de las elecciones, pero también ha sido muy cordial. No me puedo quejar, no he pedido mucho, pero cuando he pedido me lo han dado. De hecho, por una reforma en el Parque Sacramento iba a retirarse el banco donde hacemos nuestra grabación, el sitio donde nos sentamos los tres protagonistas de la serie, y lo han dejado sólo por nosotros, alguien se lo dijo a la concejala y mantuvieron el banco allí para que pudiéramos seguir grabando».

Fue precisamente el éxito inmediato de 300 Pavos lo que quizás hiciera fijarse en Diego Villalba y Raquel Carrillo a Javier León, con quien estuvieron trabajando en su estudio algo más de un año. León es otro isleño de éxito y talento que ha trabajado en producciones cinematográficas como “Camino” y “Ágora”, integrando el equipo que se alzó con el Premio Goya. Ha realizado campañas publicitarias de grandes marcas internacionales como Lego, McDonalds o British Gas. Su oficina de la calle Real de San Fernando –Leonstudio– es la actual sede europea de la empresa de animación y efectos visuales californiana Bent Image Lab.

Villalba muestra su admiración por Javier León y su estudio: «son la crema», refiere. «Edité en compo (composición) un par de vídeos y estuve un año allí con un ordenador mucho más potente que el mío, de lujo, aprendiendo mucho, viendo cómo funciona una empresa de las buenas, el estrés que se tiene. Yo disfrutaba como un niño en el Chikipark. Raquel Carrillo también colaboró con Leonstudio en producción gracias a su trabajo en 300 Pavos.

¿Para cuándo Alex O´Dogherty en 300 Pavos? -le pregunto. Y lo veo incomodarse. «Me encantaría», responde. «Una vez presentó algo en San Fernando y fuimos a verlo. Al terminar, mis amigos lo trincaron y le dijeron “Alex, este es Diego Villalba, el de 300 Pavos. A ver si haces un cameíto”. A mí me daba mucha vergüenza, no quería molestarle. Alex me dijo que había visto la serie, que le había gustado mucho y que la había compartido en redes sociales. Le di la mano, se rió con lo del cameito y se fue. Lo cierto es que formalmente nunca se lo he pedido, pero me encantaría». Dicho queda.

Dinero

«Sólo nos han dado publicidad por el último episodio de la serie, precisamente nos pagaron 300 euros. ¡Debería haberle puesto a la serie Mil Pavos y me los hubieran dado! Lo cierto es que he estado siempre megaliado grabando, editando, con el grupo de wassap buscando el día que nos viniera bien a todo el mundo para grabar. 300 Pavos no nos ha dado dinero. Como actor sí he ganado algo -participó en dos videoclips del grupo SFDK- y sobre todo con los Vines, los vídeos de humor de seis segundos que están de moda. «Estoy en la segunda división de los vines, podría decirse. Pero he hecho mis pinitos publicitarios con empresas de nivel. Si un vine mío tiene treinta millones de reproducciones quiere decir que como mínimo treinta mil personas lo van a ver. Además, yo me lo curro. Mis vines tienen calidad técnica, pueden usarse en la televisión o en Internet. También hago videoclips musicales, que me encantan».

Diego Villalba ha firmado la dirección y el guión de varios vídeos de música de artistas como la atractiva Mesalla, el potentísimo grupo isleño de heavy metal Guadaña, los emergentes Nûk, Cynthia Montes, David de la Rosa o Phaboo Caulfield (“Vuelvo a nacer”), un interesante rapero de Ubrique. Es en esas obras donde se aprecia la influencia que ha tenido Guy Ritchie en él.

¿Sabes que te has convertido en un referente de la juventud de la Isla, a tus casi treinta años? -le pregunto. Se pone serio. «Cada vez me importa más. No me doy cuenta de la repercusión de lo que hago, voy a mi rollo. Luego me vienen niños a las grabaciones y me dicen que ven la serie, me piden que me haga una foto con ellos».

El próximo proyecto

Diego está dándole caña a Youtube, donde “sólo” tiene trece mil suscriptores. Va a presentar 300 Pavos al próximo Web SUR Festival, el certamen de webseries de Andalucía dirigido por Teresa Segura y auspiciado por David Sáinz (Malviviendo) al que asistieron en su día como invitados Raquel y él. Su sueño es montar una gran productora y manifiesta un respecto “increíble” por Rafael Sadoc, director de The Beautiful Cádiz. Él sabe el gran mérito que tiene realizar, terminar y proyectar una película. Raquel le pone los pies en la tierra. Cuando acaba un proyecto le dice: “¿Qué te ha parecido, Raquel?”. Ella le responde: “Es una mierda. ¿Tú has visto Juego de Tronos, chaval?”. «Me han preguntado por qué no ponen 300 Pavos en Canal Sur, pero es que el audio es infumable en los primeros episodios. Para mí 300 Pavos es una manera de aprender. En la segunda temporada me gustaría buscar patrocinadores, grabar la segunda temporada entera y que tenga el nivel para que la emitan en televisión. Lo que más me gustaría sería hacer algo en serio, poder dirigir una película».

«Lo he llevado siempre en la sangre», me repite Villalba, como si quisiera grabar en su mente la verdad vital de un tipo con tanto talento como él. Si tiene suerte, los perros y los gatos llegarán luego.

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