Crónica de la visita de la Reina Isabel II a la Ciudad de San Fernando

12 mayo, 2016

por Diego Moreno García

Ldo. en Geografía e Historia

En octubre de 1862, la reina Isabel II visita San Fernando en una corta parada integrada en su viaje a las zonas de Andalucía y Murcia.

Desde el 12 de septiembre y hasta el 29 de ese mismo mes, la reina, su marido Francisco de Asís de Borbón y sus dos hijos, Alfonso e Isabel, recorrieron la geografía andaluza permaneciendo en algunas ciudades, como Granada, hasta doce noches, mientras en otras, como Huelva, ni siquiera pudieron disfrutar de su presencia. Debemos entender esta visita como una respuesta a la pérdida de confianza de sus súbditos, en un intento de borrar el descontento hacia su reinado. Un descontento reflejado en sucesos como el que tuvo lugar en Loja (Granada) y que se zanjó con varios muertos.

Historiadores como Isabel Burdiel la definen como <<dada a la pereza, a los placeres de la mesa y de la carne; que no comprendió nunca el poder más que como un juego de intrigas de salón sujeto a ambiciones personales, que obstaculizó constantemente el sistema parlamentario y despreció el liberalismo, que intentó imponer su poder de las formas más erráticas y suicidas que puedan imaginarse…>> Poco pudo imaginar Isabel II que seis años después, en aguas de la Bahía de Cádiz, se originaría un episodio que acabó con su reinado obligándola a abandonar el país camino de Francia: la Revolución de septiembre, ‘La Gloriosa’.

Isabel II conoce San Fernando como una ciudad que, al momento de nuestra crónica, es cabeza de partido y dista de Cádiz dos leguas. Por escudo usa el Puente de Zuazo y las columnas de Hércules, con una llave pendiente de un lazo entre las mismas donde puede leerse ‘1810, Unión y Fuerza, 1820’. Tiene por contribuciones 713. 801 reales y una población de 27. 482 habitantes. Constituyen su principal fuente de riqueza y producción las muchísimas salinas de su término. Éstas dan, en un año, 317.287 fanegas que, a su vez, originan 1.261.983 reales de gasto de personal y laboreo. Es cabeza del Primer Departamento Marítimo del Reino, residiendo la Capitanía General y, por ende, sus oficinas y dependencias. Existen para la Instrucción Pública tres escuelas de niños y dos de niñas, más una de adultos -en la parte baja de la Casa Capitular- costeada por D. Antonio de Zulueta, con 130 alumnos.

La oferta educativa se completa con cuatro escuelas privadas de niños, diez de niñas, y los colegios de San Cayetano, el ubicado en la calle Real bajo la dirección de D. José M. Pantoja o el del nº 40 de la calle San Nicolás. Todos ellos dedicados a preparar a sus alumnos para el acceso a la Escuela Naval y demás carreras militares.

Desde 1856 se publica el periódico ‘El Departamento. Diario de Marina, ciencias, artes e intereses locales’ dirigido por D. Rafael Martínez en los talleres de la conocida Imprenta y Librería Española de la Calle Real 47. Los casinos situados en el número 64 de esta vía, frente a la Alameda y el denominado ‘El Círculo’ de la Plaza Iglesia completan el contexto sociocultural. Para la asistencia sanitaria cuenta la ciudad con el Hospital de San José bajo la dirección de las Hermanas Carmelitas de la Caridad.

El Cabildo Municipal recibe una carta del Gobernador Civil de la Provincia el 24 de agosto de 1862 informando que, como parte del programa de visitas de la Reina Isabel II a Cádiz, era muy probable que la comitiva pasara por San Fernando. Por ello instaba a la Corporación Municipal y a la ciudad a llevar a cabo todos aquellos arreglos y disposiciones necesarias para agasajar a la Familia Real.

El Cuerpo Capitular estimó que la visita supondría un gasto de 500.000 reales de vellón para el arreglo de la Calle Real, adornos y mejoras de la Casa Consistorial, arcos triunfales, carruajes y ‘refresco’ a la comitiva. Dada la precaria situación económica de la ciudad y careciendo de fondos <<de propios>> para afrontar el gasto, el Alcalde D. Rafael Alonso y Barca solicitó ayuda para obtener dichos recursos al Gobernador Civil. La misma, finalmente, no llega por parte de éste, sino de un vecino de la ciudad llamado D. Francisco Camoyano Vizo que concedió un préstamo de 240.000 reales de vellón convenido con un interés del 6% anual y la condición de <<que había de satisfacérsele por cuartas partes, una de cada uno de los días treinta y uno de agosto de los años venideros de mil ochocientos sesenta y tres, mil ochocientos sesenta y cuatro, mil ochocientos sesenta y cinco y mil ochocientos sesenta y seis>>. Por Real Decreto de 6 de septiembre se autoriza este préstamo incluyéndolo en los nuevos y modificados presupuestos municipales.

Francisco Camoyano Viso era un próspero industrial y propietario de San Fernando cuya familia, de origen italiano, llevaba establecida en la Isla de León desde finales del siglo XVIII. Sus negocios se movían alrededor de la explotación de industrias de curtidos en San Fernando -como la denominada ‘San José’, en la calle San Joaquín y María- y en Sanlúcar de Barrameda. Tenía invertida gran parte de esta riqueza en préstamos (<<invertido todo el metálico que posee en préstamos y colocado a réditos…>>) de los que, sin duda, debía obtener jugosos beneficios, como el que acuerda con el Ayuntamiento de San Fernando por importe de 240.000 reales de vellón. Eran también de su propiedad viviendas en las calles Real, Rosario y Bonifacio, así como unas fanegas de tierra en Alcalá de los Gazules y una dehesa de monte bajo y alto denominado ‘Cortijo Viejo’ en la Villa de Bélmez (Córdoba) adquirida en 1875. La vida de este rico propietario resulta muy peculiar: soltero, rico, con cuatro hijos de tres mujeres diferentes (Francisca Camoyano Corral, Ricardo Camoyano Martínez, José Carlos y Victoria Camoyano Bennet) y, como nos indica el historiador isleño Fernando Mósig, ascendiente de la conocida rama de los González Camoyano.

Resuelto el problema económico, y atendiendo a la premura de la visita, la Corporación Municipal comienza inmediatamente los preparativos para los que -como era costumbre- acuerda nombrar una serie de comisiones.

Una de ellas se encargaría de las obras de reparación de la escalera de la Casa Consistorial y del arreglo de las calles, especialmente de aquellas por las que pasaría la Comitiva Real. En concreto, la Calle Real -que por entonces presentaba un grave deterioro en su empedrado-, San Rafael, Rosario y adecentamiento de la Glorieta. Recordemos que desde finales del siglo XVIII se habían ido realizando los empedrados de las principales calles de la ciudad, pero el constante trasiego de carruajes, calesas y carros había acabado por dejarlas en un mal estado que era urgente reparar antes de la visita Real. En la Casa Consistorial acuerdan que <<era imprescindible necesidad hacer en la escalera principal de la misma Casa Consistorial la reforma que su fábrica exige puesto que la que existe fue colocada con carácter de provisional, en cuyo estado permanece>>.

Otra comisión formada por los primeros tenientes de Alcaldía se ocuparía del ornato interior de la Casa Capitular. Estos acuerdan <<adornar de una manera tan decorosa cual corresponde esta Sala Capitular y un gabinete con los muebles y útiles necesarios por si se digna honrarla con su Real presencia; que igualmente era preciso preparar otro salón en estas Casas Consistoriales donde servirles un decente bufet>>. Para la preparación y cuidado de este buffet se formaría la comisión compuesta por los tenientes terceros de Alcaldía.

Para el adorno del recorrido se formó otra delegación integrada por los tenientes segundos que, conforme a la tradición del momento y con el objetivo de simbolizar <<la unión de lo viejo y lo nuevo>>, decide instalar dos arcos triunfales, uno en la Calle Real y otro en la Glorieta, decorando el itinerario desde este último punto y hasta el Ayuntamiento con guirnaldas, flores y banderas.

La encargada de atender las limosnas y socorros quedó formada por el Arcipreste, el Juez de Primera Instancia, el Juez de Paz, el administrador de Correos y los ‘mayores contribuyentes’ de la ciudad entre los que figuraba, por supuesto, Francisco Camoyano. Todos ellos acordaron <<exigiendo la inveterada costumbre, perpetuar la memoria de las Regias visitas con actos de caridad tampoco podía prescindirse de ejercerlo siquiera un día repartiendo limosnas proporcionadas a las clases menesterosas y personas indigentes>>.

Una última comisión se destinaría a todo lo relativo a la recepción desde el punto de vista protocolario.

El día 22 de septiembre se dio a conocer, por fin, el programa completo de la visita de la Familia Real y su comitiva a Cádiz y, por consiguiente, el día concreto de su llegada a San Fernando: el 2 de octubre.

La mañana de aquel jueves de octubre de 1862, el fuerte viento de levante acabó de secar las calles de la ciudad. Ni la lluvia de la noche anterior, ni los efectos del fuerte temporal, consiguieron desbaratar los preparativos del Ayuntamiento, que adornó el itinerario previsto por el Cortejo Real.

El reloj daba las 15:00 horas cuando la Reina Isabel II y su séquito partieron desde Cádiz en dirección a la ciudad de San Fernando. Embarcados en el vapor ‘Remolcador’, lujosamente engalanado, se dirigieron hacia el Arsenal de La Carraca mientras una serie de salvas de artillería despedía desde la capital el cortejo, escoltado por los buques de guerra que, formados en línea, tributaban honores. Era la segunda vez que la Reina pasaba por el Arsenal tras haber visitado ya sus dependencias el día 30 de septiembre y antes de volver de nuevo al astillero el 7 de octubre, con motivo de la botadura del navío ‘Villa de Madrid’. No obstante, ceñiremos esta crónica exclusivamente a la visita a la ciudad de San Fernando ya que, si bien es cierto que la carga de trabajo incidía muy notablemente en la población isleña, el Arsenal pertenecía en aquel momento al término municipal de Puerto Real.

Son tres las crónicas conservadas en los fondos de la Biblioteca Lobo sobre la visita de la Familia Real a Andalucía: la oficial de Fernando Cos-Gayón, la de Francisco María Tubino y la de Aristides Pongilioni y Francisco de Paula Hidalgo, a la que recurrimos para relatar este momento histórico por ser la más exhaustiva.

Tras ser recibida en La Carraca por las autoridades civiles y militares, la Comitiva Real se dirigió, sobre una carretela propiedad del Alcalde de San Fernando, Rafael Alonso y Barca, a la Población Militar de San Carlos. En el Colegio Naval Militar, lujosamente decorado, les esperaba el General O`Donnell, el Estado Mayor del Departamento y otros jefes y oficiales de la Armada, así como los alumnos, quienes dedicaron unas poesías a sus Majestades. Visitaron las distintas dependencias, sala de juntas y habitaciones, mostrando especial interés en la capilla donde se veneraba la imagen de Ntra. Sra. del Rosario. La misma que según la tradición acompañó a Juan de Austria en la Batalla de Lepanto. La comitiva se dirigió a continuación al Panteón de Marinos Ilustres. Allí contemplaron las tumbas de grandes marinos como Jorge Juan, Gravina, Ciscar o Valdés antes de partir al Cuartel de Infantería de Marina, decorado para la ocasión con las insignias de todas las Órdenes Militares de España y un gran escudo con la Medalla de África en el centro del balcón principal. Como acto de soberana bondad, la Reina ordenó poner en libertad a los soldados arrestados para después proseguir su visita por la Academia de Estado Mayor de la Artillería y la Escuela de Condestables.

Hacia las 17:00 horas, la comitiva ya se dirigía al centro de la ciudad a través de un recorrido decorado con tres arcos triunfales. El primero de ellos, levantado por el Cuerpo del Estado Mayor de la Armada a la salida de la Población Militar, era de estilo gótico-bizantino. Estaba rematado con emblemas de la Marina y la inscripción ‘La Armada Española a su Reina’. El segundo, en la Glorieta, presentaba columnas de orden dórico y sobre él se podía leer: ‘El Ayuntamiento a SS. MM. y AA.’, Doce coches descubiertos con la Familia Real, autoridades y servidumbre lo atravesaron para adentrarse en las calles San Rafael, Rosario y Real, engalanadas con colgaduras y repletas de un inmenso gentío que aclamaba y vitoreaba a los Reyes.

El cortejo se detuvo en la Plaza de la Iglesia, por expreso deseo de la Reina, para dirigirse a la Iglesia Mayor Parroquial. Allí sería recibida por el arcipreste José Mª Bocio y el resto del clero para presenciar un ‘Te Deum’ entonado desde el altar mayor, lujosamente decorado de terciopelo carmesí y oro. Los carruajes continuaron su camino entonces hacia la plaza de la Constitución donde se había colocado otro arco triunfal con el escudo de armas de la ciudad rodeado de banderas nacionales y una leyenda: ‘A la augusta heredera de cien reyes, a la que dio a su pueblo sabias leyes’.

Ya en el Ayuntamiento accedieron a la sala de juntas o plenos, decorada lujosamente del siguiente modo: <<en el testero del frente se había colocado un hermoso trono de terciopelo carmesí galonado de oro, luciendo una bella corona real, y debajo de él magníficos sillones. Una riquísima alfombra cubría el pavimento y en las ventanas que dan al extenso balcón del frente de la fachada que estaba pintado al óleo y colgado de terciopelo y oro, se habían puesto cortinas de damasco carmesí divididas en forma de pabellón con elegantes adornos de terciopelo y oro>>.

Asomados al balcón, los Reyes fueron aclamados por un numeroso público que les profesaba su cariño. Es éste el momento de la Visita Real en el que la leyenda se confunde con la realidad, cambiando para siempre la forma de entender la gastronomía en la ciudad con el ‘nacimiento’ de nuestro exquisito cazón en adobo o, más bien, su forma de denominarlo. El gesto de la Reina al aceptar, hacia las 18:00 horas, un <<buffet con algún refresco>> es recogido por las crónicas recalcando cómo ésta <<manifestó de nuevo lo complacida que se encontraba>>. Es decir, podemos estar ante un instante perpetuado por el saber y el sabor popular: el ‘minuto uno’ del bienmesabe.

La salida del Ayuntamiento estuvo arropada por las autoridades con cirios encendidos, una gran gran muchedumbre y el alegre repique de campanas con los ecos de la Marcha Real de fondo. Lo avanzado de la hora obligó a suspender la visita al Hospital de San José y al Convento de las Reverendas Madres (Compañía de María), así como las pruebas de tiro preparadas con la nueva munición antiblindaje. No quisieron perderse, sin embargo, el recorrido por las dependencias del Observatorio Astronómico, entre ellas, el Salón Oriental, la Biblioteca, las diversas secciones e incluso, a pesar del viento, la torre giratoria, donde pudieron ver el mecanismo que da movimiento a la gran ecuatorial.

La Comitiva Real se despidió de la ciudad hacia las 20:00 horas y, acompañada por las autoridades, se dirigió a la estación para volver a Cádiz en tren. A su paso por la Batería Doctrinal, hoy Janer, vieron los fuegos artificiales preparados a tal efecto y las bengalas que alumbraban la fortificación.

El mismo viento de levante que trajo a la Reina hasta el Arsenal y la ciudad de San Fernando, el mismo que la acompañó durante la visita, empujó suavemente a sus Majestades por el istmo hasta la ciudad de Cádiz, donde fueron recibidos, de nuevo, con formidable entusiasmo.

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