Cayón, un académico en La Isla

4 septiembre, 2015

por Yolanda Muñoz Rey

Torcuato Cayón nace en Cádiz en 1725, hijo y sobrino de los Maestros de Obra José y Gaspar Cayon, ambos miembros del equipo que Vicente Acero se trajo desde Guadix para construir la Catedral de Cádiz, obra en la que Torcuato empieza a trabajar desde niño como aprendiz.

A Cayón, que vivió inmerso en la Segunda Edad de Oro de la historia gaditana, le tocó protagonizar en la arquitectura local la transición de Barroco al Neoclasicismo de la mano del Academicismo madrileño. Es sin duda una figura importante en la historia de Cádiz, siendo uno de los artífices que han configurado la ciudad tal como hoy la conocemos.

Según su principal biógrafo, Pablo Antón Solé, Torcuato queda huérfano y se casa muy joven, con lo cual acelera por necesidad aún más su ascenso laboral en el gremio de la Arquitectura. A los 26 años es Jefe de Obra en la Catedral de Cádiz y a los 32 es Maestro Mayor. Seis años después viaja a Madrid donde aprueba el examen para obtener el título de Académico de Arquitectura de la Real Academia de San Fernando y casar a su hija Micaela con el arquitecto de la Academia Ventura Rodríguez.

La actividad de Cayon en Cádiz es muy prolífica, no solo por el momento que le toca vivir de auge intelectual, económico y constructivo en la ciudad, sino por su propio carácter activo, trabajador y apasionado de su trabajo.

Ya en la década de los 70, debido a ciertos problemas de salud y cansado por algunas críticas sobre sus trabajos en la Catedral de Cádiz, se traslada a vivir a La Isla de León, en una casa de su propiedad en la calle Vicario. En 1774 inspecciona la calle Real con vistas a su empedrado y presenta un proyecto para la plaza del Mercado. Después de diseñar y construir el Hospital de San José, en 1778 proyecta e inicia las obras del Ayuntamiento en las que tiene en cuenta también el entorno (la plaza y las casas que la rodean). En 1779 inspecciona los terrenos para construir un Matadero. Diseña la Capilla de San Antonio de Padua para la cual compra él mismo un solar en la calle Vicario y la imagen titular. Pero muere el 10 de enero de 1783 sin haberse iniciado las obras. Su viuda y su amado discípulo Torcuato Benjumeda construyen la Capilla (hoy desaparecida) tras dar el Visto Bueno al solar el alarife público Juan García Quintanilla. En 1776 ya habían fallecido su única hija y su único nieto, y su viuda María Juana Gerónima de San Amand de Jesús murió en La Isla de León en 1836 solicitando en su testamento la voluntad de ser enterrada en la cripta de la Capilla de Servitas de la Iglesia Mayor. Desconocemos sin embargo donde había sido enterrado Torcuato Cayon.

Fue el arquitecto al que le correspondió llevar a cabo la transición del Barroco al Neoclasicismo, al Nuevo Estilo, en la ciudad de Cádiz y luego en San Fernando, donde vivía otro insigne ilustrado: el Marqués de Ureña. Su formación fue plenamente barroca pero supo asumir, y sobre todo expresar y divulgar, como un auténtico maestro y referente, las directrices ilustradas que calaron pronto y fácil desde Madrid en la cosmopolita Bahía de Cádiz. Su papel se proyecta en la fructífera producción de sus alumnos y seguidores, que junto a Cayón, hicieron de la Arquitectura Neoclásica Gaditana una realidad artística abundante, de singular identidad y magníficos ejemplos, conformando la ciudad de Cádiz y en parte la de San Fernando tal y como las conocemos hoy día. Cayón se revela por tanto como un personaje histórico de gran interés. Tuvo una vida de estudio y trabajo dedicado a la Arquitectura, fue un excelente profesional, alumno, maestro y respetado por sus contemporáneos. Fue un hombre ilustrado, con curiosidad por muchos temas y que desarrolló con éxito empresas arquitectónicas de gran entidad. El trabajo y dedicación docente que llevó a cabo en su casa con Benjumeda y Olivares puede considerarse el germen de la Academia de Bellas Artes de Cádiz, aunque era todavía un sistema docente doméstico que deriva del gremial. Los enseñó, dirigió y apadrinó como lo hacían antiguamente los maestros con sus aprendices en el sistema de gremios, en sus talleres. Eso sí, lo hizo enseñándoles ya las nuevas ideas estéticas de la Academia de Madrid.

… Y al pairo de esto… me veo en la obligación de plantear la cuestión de si la rehabilitación de nuestro Ayuntamiento, que es obvio necesita adecuar los espacios (espero que lo justo y necesario) a los usos prácticos que debe tener, en lo que respecta a la restauración estilística y artística de sus elementos formales y su concepto, se hará soportado sobre un estudio histórico previo (me refiero a “bien hecho”), sobre sus originales características (me refiero al proyecto de Cayón ligeramente modificado por los siguientes arquitectos que terminaron la obra y que también hay que tener en cuenta), y si se respetarán y recuperarán. Ahí lo dejo.

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