«La historia del ‘vaporcito’ tiene más de 500 años»

6 julio, 2017

por Alejandro Díaz Pinto

El historiador Enrique Pérez hace balance de su última publicación. Un libro que aborda el tránsito de pasajeros entre El Puerto de Santa María y Cádiz desde 1483 y otras rutas entre municipios de la Bahía.

La tradición del ‘vaporcito’ se remonta al siglo XV. Aunque esto es un decir ya que antes antes y después fueron faluchos y motonaves los que, respectivamente, se encargaron del traslado de pasajeros entre las distintas localidades de la Bahía gaditana. Al historiador Enrique Pérez Fernández, jerezano de nacimiento y residente en El Puerto, le extrañaba, por tanto, «que no existiera un monográfico que arrojara luz sobre el tema, teniendo en cuenta los testimonios que se remontan más de 500 años», y se puso manos a la obra hasta que el pasado mes de marzo vio publicado el libro De El Puerto a Cádiz: Los barcos de pasaje en la Bahía de Cádiz (siglos XV-XXI).

El título no es casual pues, en efecto, se centra principalmente en esta ruta entre la capital y El Puerto de Santa María bebiendo del Archivo Municipal de esta última localidad. «Aunque contada desde esta orilla, la obra está respaldada por una amplia historiografía de los últimos cinco siglos», explica, «con testimonios de personajes ilustres que relataron su experiencia al atravesar en barco la Bahía de Cádiz». El libro da un repaso a los faluchos -primeras embarcaciones que se hicieron cargo de estos trayectos- para continuar con los vapores y, finalmente, las motonaves. Esta última modalidad incluye la saga de los ‘Adriano’, que hasta el tercero, hundido en 2011, continuó recibiendo en herencia el apodo de ‘vaporcito’. Mucho se habló entonces de esta pérdida irreparable pero «lo cierto es que los antecedentes se remontan muy atrás». Mucho más, de hecho, que la historia de este libro iniciada en 1483, pues «con el dragado de la actual desembocadura del Guadalete y construcción del Portus Gaditanus en época de Lucio Cornelio Balbo ‘el Menor’ (siglo I a. C.) ya debió haber naves destinadas al tránsito de pasajeros», advierte Enrique, quien en una de sus anteriores obras ya hizo hincapié en dicha desembocadura como producto de la mano del hombre.

Pero la investigación no queda ahí. Se centra principalmente en este trayecto, sí, pero incluyendo un epílogo con otros de gran relevancia en la historia de la Bahía, por ejemplo, los vapores del Dique de Matagorda que «tantos trabajadores han usado alguna vez». También los ‘barcos de la hora’ de Rota, o el tráfico entre La Isla y Chiclana a través de los caños. Más de 500 referencias a pie de página dan fe del rigor del trabajo, que además recoge 42 testimonios reales fechados en diferentes épocas.

Portada del libro, editado por El Boletín de Cultura y Ocio de El Puerto de Santa María.

Portada del libro, editado por El Boletín de Cultura y Ocio de El Puerto de Santa María.

Una amplia carrera como investigador

La obra, publicada por El Boletín Ediciones, no es ni mucho menos la primera de Enrique Pérez Fernández, licenciado en Geografía e Historia y autor de media docena de libros contando los que aún están en camino. Se inició en 1997 con Puerto de Santa María ilustrado y compendio historial de sus antigüedades (1764), un clásico hoy para los portuenses que en coautoría con Manuel Pacheco Albalate ‘actualiza’ un famoso manuscrito atribuido tradicionalmente a Rubio de Espinosa que resultó ser, en realidad, de Anselmo Ruiz de Cortázar. Así lo determinaron ambos investigadores.

Poroseguiría su labor investigadora con Tabernas y bares con solera: Una historia de la hostelería en El Puerto de Santa María (1999), que puede considerarse antecedente de Güichis, ultramarinos y otras historias cotidianas de La Isla (Carlos Rodríguez, 2013) y Baches, bares y ultramarinos: Crónica-guía del buen morapio y condumio en el Cádiz de ayer (Julio Molina, 2016) centrados en los establecimientos de sus respectivos municipios. El embrión de este libro fue, como ocurriera con Las Crónicas de Cádiz: Diario inédito de un relator apócrifo de la gaditana Hilda Martín, los artículos que el autor fue publicando sobre el tema durante los noventa en Diario de Cádiz. Una nueva edición de 2014 por El Boletín, mejorada y ampliada, eso sí, sea quizá la única opción para los interesados en el tema. Del original, toda una pieza para coleccionistas, «llegaron a venderse 1.000 ejemplares en solo dos meses», recuerda Enrique sobre esta obra que abarca desde el siglo XVIII hasta mediados del XX.

En 2001 publicó El Vergel del Conde y el Parque Calderón. Un paseo por este parque portuense que «por entonces estaba muy abandonado, pese a la gran historia que ocultaba» le alentó para iniciar un trabajo que compatibilizó durante ocho años con la docencia y otras líneas de investigación.

Finalmente, en 2013, vería la luz su primera incursión en el patrimonio arqueológico junto al restaurador-conservador Juan José López Amador. Fueron ellos quienes lanzarían la hipótesis confirmada por los geólogos Carlos Alonso y Javier Gracia de que «la actual desembocadura del Guadalete fue dragada artificialmente por Balbo el Menor antes de construir las infraestructuras del Portus Gaditanus». Éste último, embrión del municipio, fue el principal puerto de Gades destinado al embarque de productos agrícolas como el vino, el trigo o el aceite. Todo ello y más se recoge en esta obra que bajo el título El Puerto Gaditano de Balbo está disponible en Internet, concretamente en la que Enrique considera «una de las mejores webs de ingeniería romana»: www.traianvs.net.

Mirando al futuro

Enrique Pérez no descansa en su afán investigador y disfruta de las diferentes líneas que aún tiene abiertas, entre ellas, la historia de Valdelagrana, barrio donde reside en la actualidad y que presentará en pocos meses con el título El Coto de la Isleta y Valdelagrana (El Puerto de Santa María). Geohistoria de un espacio entre el mar y las marismas.

Aunque quizá la más interesante para los isleños sea la historia del Marqués de la Cañada, noble ilustrado emparentado con el III Marqués de Ureña y, al igual que éste, poseedor de tierras en la Isla de León, así como de un ‘gabinete de antigüedades’ donde se exponían algunas piezas procedentes del Templo de Hércules y sobre el que en breve realizará un artículo para Patrimonio La Isla. «Tengo ya toda la documentación preparada para, lista para empezar el libro», concluye.

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