El PEPRICH como trinchera contra la modernidad más que como defensa del Patrimonio

14 octubre, 2016

por Alejandro Díaz Pinto

El Plan Especial de Protección del Casco Histórico de San Fernando alterará su propia naturaleza tras la aprobación de un convenio entre PSOE, PA y Ciudadanos con la abstención del PP y Sí Se Puede en contra.

Intereses económicos y comerciales sustentan la revisión de unos niveles de protección considerados “excesivos” y acaban con la descatalogación de la que fuera casa de don Faustino Ruiz, ex-gobernador de Guinea (Real, 98) tras el visto bueno de la Delegación Territorial de Cultura y la Comisión Municipal de Patrimonio, así como su posterior ratificación por la Junta de Gobierno Local.

Y es que olvidan la premisa de que el casco histórico de San Fernando es singular en su conjunto. Un conjunto que a grandes rasgos sigue conservando su homogeneidad pese al vacío legal que justificó durante el Desarrollismo o Tardofranquismo (años 60-80) la pérdida de grandes ejemplos de la arquitectura isleña como la Casa de Zimbrelo o el popular ‘Colegio de los Moros’. La ciudad carece de edificios monumentales en sí mismos salvo algunos ejemplos como Lazaga -lo que tampoco le ha servido hasta ahora para salvar su ruina- o la propia Casa Consistorial. De modo que si dotar de una mayor ‘flexibilidad’ al PEPRICH significa a abrir la veda para que cada finca sea valorada individualmente, es muy posible que un 80% del millar contemplado en el actual catálogo sea desprotegido, y con él esa homogeneidad que le valió su declaración como Bien de Interés Cultural -BIC- dentro del Catálogo del Patrimonio Inmueble de Andalucía en 1996.

Efectivamente, y como apuntaba Javier Cano (C’s) durante el último Pleno Municipal, “la finca se encuentra en ruina desde 2003”, es decir, sin que sus propietarios hayan hecho nada desde entonces por solventar tal situación, ni la Junta de Andalucía por tomar medidas al respecto mediante sanciones o ayudas destinadas al costoso mantenimiento de estas construcciones. Claro que para Ciudadanos, este convenio conlleva “una recuperación lógica para la ciudad modificando un documento que en principio sólo iba a contar con 200 fincas catalogadas”, es decir, una visión incompatible con el concepto de ‘conjunto’ del que venimos hablando y en el que verdaderamente radica el valor del casco histórico de San Fernando.

La casa, a mediados de siglo. Archivo Ángel López.

La casa, a mediados de siglo, en una fotografía del archivo de Ángel López González.

Emilio Rodríguez, de Sí Se Puede, habló en representación de este grupo municipal que mostró su disconformidad a la hora de las votaciones aclarando que “los elementos que la hacían singular y, por ende, susceptible de protección, fueron demolidos por ruina”. Esta información extraída del informe técnico emitido por el arquitecto municipal José Luis Blanco en 2014 contradice la ficha del PEPRICH que se limita a describir dichos elementos -balcones y almenas- como ‘datos ornamentales’, aludiendo posteriormente a su ‘interés individual’ por ‘los elementos catalogados que conservan su primitiva esencia a pesar de las alteraciones’ y también a su interés como parte del conjunto que ‘conforma el caserío tradicional el casco histórico ayudando a preservar su fisonomía’.

Es por ello que el actual PEPRICH proponía una protección parcial para proteger la fachada principal contemplando la restitución de los elementos desaparecidos como una actuación obligada por parte del propietario. Elementos cuya demolición se sustentó en un informe técnico por llegar a un estado de ‘ruina’ que claramente debía haberse remediado con antelación.

Arquitectos, historiadores del arte y otros agentes culturales contactados por este medio se han pronunciado ya al respecto dando lugar a una disparidad de opiniones, pero la mayoría parece oponerse a la desprotección que permitiría el derribo de la fachada de esta histórica finca, argumentando al respecto su pasado histórico, la posible reposición de sus elementos ornamentales e incluso los incumplimientos que fomentaron su deterioro. Alegan, en cualquier caso, “la necesidad de respetar la armonía del conjunto urbano”, incompatible con edificios como el nº 145 de la arteria principal al que curiosamente enfrenta.

Se habla de aprovechamiento de la ciudad y generar actividad económica. Que les pregunten a tantos y tantos pueblos de España si esto es incompatible con mantener la idiosincrasia arquitectónica de sus casas. Al menos, de sus fachadas.

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