El Real Observatorio de La Armada: entre los núcleos histórico-científicos más importantes del planeta

19 junio, 2015

por Alejandro Díaz Pinto

El ROA es el monumento más visitado de San Fernando y está entre los organismos científicos más importantes del mundo. Su biblioteca, fondos documentales y la colección de aparatos que atesora explican esta singularidad que por su relevancia requiere de un mantenimiento profesional constante. Aquí es donde entra en escena Francisco González, Dr. en Filosofía y Letras e integrante del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, quien desempeña su labor en el ROA como Técnico de Biblioteca y Archivo Histórico además de tener a su cargo la Colección de Instrumentos Antiguos.

Día a día

“Un trabajo que nunca se termina”, explica González, ya que aunque el Observatorio parezca estático por el orden, la limpieza y la rigurosa colocación de todas sus piezas, siempre hay algo que catalogar, describir, en definitiva, mejorar dentro del extensísimo fondo documental y bibliográfico que guarda el Observatorio. “Hay días que soy archivero, días que soy bibliotecario y otros me dedico a la conservación del museo”, indica, en función de las necesidades del momento tratando siempre, eso sí, de repartir sus competencias entre estas tres misiones y sin dejar de lado otros proyectos que tiene entre manos. Últimamente, por ejemplo, se ha dedicado a la catalogación de instrumentos antiguos para hacerlos accesibles a través de la Biblioteca Virtual de Defensa; un proyecto de la Subdelegación General de Patrimonio perteneciente a este Ministerio que contempla la realización de fotografías tridimensionales de las piezas más importantes de la colección. “Aún estamos en la fase de selección, completando la nueva edición del catálogo de Patrimonio del ROA que en la actualidad contiene alrededor de 700 fondos”. Salto cuantitativo considerable respecto a los 117 que incluía el publicado en 1995.

“La parte negativa es que abarcas demasiado, la positiva, que acabas siendo tan enciclopédico como la propia institución”, declara, orgulloso de poder tocar todos los palos, estableciendo una retroalimentación entre universos tan lejanos y a la vez tan cercanos: las Ciencia y las Letras. Siempre le inculcaron que cada área iba por su cuenta, pero gracias a su trayectoria en el ROA ha podido experimentar, en primera persona, que en absoluto es así porque “si uno se dedica a trabajar en fondos patrimoniales especializados debe aprender sobre los temas sobre los que tratan dichos fondos”. Esto ha sido posible, en su caso, mediante la “historia oral”, codeándose con personas que habían manejado instrumentos o hecho observaciones para obtener datos que no existen en ningún libro.

En relación a esto último explica que “durante un período de años tuve la suerte de coincidir con los últimos miembros de la Escala de Observadores y Calculadores de La Armada, quienes hacían las observaciones de manera mecánica, antes de su informatización”. Gracias a ellos resolvió muchas cuestiones que durante su formación universitaria no tuvo la oportunidad de aprender porque “la perspectiva científica siempre se obviaba en pro de otras facetas históricas como la política, la social o la estrictamente cultural”, y cuenta, como anécdota, que “yo a Copérnico o Galileo los estudié en Historia de la Filosofía pese a que sus teorías están en la base de la evolución física moderna”.

Sería imposible sintetizar el número de publicaciones científicas, colaboraciones, participaciones en proyectos y otros méritos acumulados a lo largo de su trayectoria profesional, aunque merecen ser destacados por su vinculación directa con la historia del ROA libros como El Observatorio de San Fernando (1831-1924) o su continuación: El Observatorio de San Fernando en el siglo XX.

Francisco González revisa la colección cartográfica.

Francisco González revisa la colección cartográfica.

Expedición Malaspina 2010

Esta redacción ha querido conocer qué en qué proyectos se encuentra inmerso en la actualidad. Expedición Malaspina 2010 es el nombre del que ha venido ocupando la mayor parte de su última etapa profesional, aunque ya en la recta final. Un proyecto cuyo nombre homenajea el bicentenario de la muerte de Alejandro Malaspina y, por extensión “a todos esos marinos del XVIII como precursores de la actividad expedicionaria española”, explica González. En él se integran universidades e instituciones científicas de toda España tomando como base la circunnavegación del buque oceanográfico Espérides para evaluar el impacto del cambio global en los océanos Atlántico, Pacífico e Índico.

De los tres centenares de investigadores que conforman el proyecto hay aproximadamente diez -entre ellos, el propio Francisco González- que componen un apartado específicamente dedicado a la historia de las expediciones de la Marina Ilustrada, digitalizando documentos originales de la época y organizando eventos para divulgar dichos conocimientos. El último paso llegará hacia el mes de septiembre, con la publicación de un libro que recopile todo el trabajo realizado por los especialistas del bloque histórico.

Es precisamente la participación en proyectos de investigación tanto del Ministerio de Educación como de las autonomías o la Unión Europea -ya sea solicitándolos o integrándose en los promovidos desde otras instituciones- lo que permite al ROA amortiguar los efectos de una crisis que afecta a toda la Administración. “Aquí es fundamental la buena voluntad por parte de los profesionales”, indica en relación a los efectos sufridos debido a la precaria situación económica que asuela al país.

González frente a uno de los instrumentos científicos del ROA.

González frente a uno de los instrumentos científicos del ROA.

Como ‘oro en paño’

Entre sus funciones está también la de atender a investigadores externos, especializados, conscientes de que sólo entre los fondos bibliográficos, archivísticos e instrumentales del Observatorio de San Fernando pueden acceder a determinadas piezas. “Se sorprenden mucho de que en España exista una institución con todo su Patrimonio tan bien conservado desde el siglo XVIII, ocupando, en la mayoría de los casos, su ubicación original”. Y es que de las instituciones científicas surgidas con los Borbones, “ésta es de las pocas que no ha sufrido interrupciones, traslados ni paralizaciones en época de guerra”, por lo que posee unos fondos documentales de gran interés, base de multitud de trabajos científicos de la Historia Moderna de España. Series de documentación únicas que reflejan las primeras observaciones astronómicas en un Observatorio español, cálculos magnéticos, sísmicos, de efemérides astronómicas… y siempre ofreciendo datos concretos de San Fernando como eje fundamental de referencia.

Esto es extensible a su legado bibliográfico, ya que desde las primeras observaciones por Vicente Tofiño y publicación del Almanaque Náutico de 1791, el organismo militar no ha dejado de intercambiar sus trabajos con multitud de instituciones científicas europeas, dando lugar a colecciones que no se encuentran en ningún otro punto del país.

“Durante más de 100 años fue el único observatorio astronómico español, punto del que han partido los avances de estas disciplinas en el resto de España. Si bien el árbol se ha ido ramificando hacia nuevas instituciones, casi todas ellas, al mirar hacia atrás, encuentran su origen aquí, en el Observatorio de San Fernando”.

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