El Aguilucho Cenizo: Crónica de una muerte anunciada

23 junio, 2016

por Rocío Palacio Rodríguez

El Aguilucho Cenizo es un ave catalogada como vulnerable cuyas principales zonas de reproducción se localizan en las campiñas cerealistas de La Janda, Puerto Real, Jerez y Arcos de la Frontera.

Son muchos los problemas a afrontar para conseguir una reproducción exitosa de esta especie que cría en medio de nuestros cultivos de cereal, especialmente en los trigales. Construye su nido en el suelo aprovechando la protección que le dan las espigas, por lo que resulta muy difícil marcarlos. Sin embargo es necesario llevar a cabo esta labor para prevenir, en la medida de lo posible, la llegada de unas máquinas segadoras que tecnológicamente son cada vez más potentes, veloces y con unas cuchillas peligrosamente efectivas.

En agricultura, nuestros cereales están cada vez más modificados y su recogida gana tiempo con estos ‘adelantos’. También los pesticidas afectan cada vez más a la biodiversidad. Pero lo más preocupante es que la cosecha suele llevarse a cabo en el mes de junio, justo cuando las crías del aguilucho cenizo aprenden a volar -de ser en julio ya volarían y tendrían más opciones de salvarse-.

En este sentido es importante el papel de la Junta de Andalucía. Algunos años ofrece ayuda a los agricultores bajo el compromiso de atrasar la cosecha para reducir los riesgos sufridos por esta especie. El problema es que no hay constancia en el programa, y, no solo eso, también es necesario convencer al terrateniente para que quiera formar parte del mismo. No olvidemos que Medio Ambiente se lleva la palma en relación a los recortes. Al ser algo que no se ve tanto a corto plazo, es más fácil ‘meter la tijera’, y, en consecuencia, nos encontramos con una importante falta de recursos a la hora de lograr que este ave nos siga acompañando en nuestros campos.

Nosotros no tiramos la toalla. Desde finales de mayo se van marcando los nidos, aunque esto no garantiza, por desgracia, que las crías se salven de la segadora. Más bien depende de lo avispado que sea el maquinista. Al tratarse de un trabajo tan monótono, en todas las campañas hay atropellos de nidos marcados e incluso otros que ni siquiera se han podido marcar. Si los polluelos están más crecidos y tienen capacidad de aletear, nos encontramos con el problema añadido de que lo abandonan, y, pese a haberse hecho un rodal -margen alrededor del nido-, es probable que también acaben sucumbiendo a la segadora. Y eso cuando los ‘volantones’, poco diestros aún, no echan a volar y van directos a las cuchillas.

Así pues, tras tantos horrores y disgustos, cuando llega julio y vamos a visitar los cultivos de cría de este ave vulnerable, no podemos más que sentirnos afortunados al disfrutar del gran milagro de ver volando en libertad a todos esos jóvenes aguiluchos cenizos que han logrado salvarse.

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