Los pescadores de San Fernando… hace 100 años

19 febrero, 2017

por Rodolfo Viñas en El Sol [14/01/1923]

localizado y transcrito por Alejandro Díaz Pinto [19/02/2017]

Los trabajadores del mar

POR LAS COSTAS DEL ATLÁNTICO

   En San Fernando se organizan los pescadores en torno al Pósito del Pescador. Hay un gran entusiasmo por esta entidad, que, además de ofrecerles medios económicos para atender sus problemas, les facilita centros de cultura. El gremio de pescadores, ha cambiado un poco su estructura. Antes lo dirigían los remitentes. Ahora, se dirigen ellos mismos. Un pescador de San Fernando, ante unos chatos de manzanilla —aquí el pescador bebe manzanilla y se siente optimista— nos cuenta cómo se produjo el cambio. El remitente que espera en tierra firme la «plata» de los peces para cambiarla por la villana calderilla, cuando trata con los humildes pescadores, y por la pelucona de oro que luego luce sobre el abdomen, cuando trata con los consumidores, se sintió contristado y ofreció a los pescadores todo su concurso. En efecto, los remitentes crearon un gremio, en donde los pescadores eran la asamblea general, y los remitentes el Comité directivo.

   El pescador que hace la crítica nos cuenta una fábula para expresar mejor su pensamiento. Un día, los lobos formaron sociedad con las ovejas. Se trataban muy cordialmente unos y otras, pero cada día desaparecía una oveja. Los lobos, decían: Ha desaparecido una hermana, bueno es que vigilemos a los lobos… Hasta que un día, al dar cuenta a la sociedad de la desaparición de todas las ovejas, los lobos relucientes, exclamaron: —Y ahora, ¿qué hacemos?

   El pescador sonríe, porque le parece que no hemos entendido bien la fábula.

   —Por si acaso, hay que «sé» lobo, amigo…

   Sólo que el pescador de San Fernando, no es lobo de mar. Se va a las bocas de la isla a cazar cangrejos o sale al mar cuando hay bonanza, tripulando sus cincuenta barcos pesqueros. Hay predisposición a la pesca; pero cómodamente. Una buena caña, un lugar estratégico, y a esperar pacientemente a la víctima. En los muelles y en la costa hay diariamente más de un centenar de pescadores en acecho. No se desesperan nunca, y se ríen de todo; hasta de su sombra…

   No nos explicamos su indiferencia por los problemas modernos. Ellos, en cambio, se justifican bien. Nos dicen: —Vea usted el castillo…, ¿eh? Bien, ¿y qué? El Sanctipetri, se yergue como un gran señor. Evocan entonces el pasado. Los tiempos de la invasión francesa; la llegada de la Regencia, las Cortes… Hacen una descripción pintoresca de aquella época, pero finalmente afirman: —Ya salvamos a España una vez…

   Después de salvar a España una vez, no es lo más lógico pescar con caña, o caer sobre el marisco que vive en las rocas, en un momento de descuido del crustáceo. Lo lógico sería seguir laborando por España, primero con la caña o con la red en la mano, después, cultivando la inteligencia. Los pescadores, que son muchos millares muchos, deben incorporarse a España, dándole el concurso de su actividad y de su fortaleza. El pescador cambia su voto, que ni le interesa ni le importa, por un chato de manzanilla que es su delirio. El pescador tolera que las pujas del pescado se hagan al oído y da lugar con su indiferencia, a que el pescado, base de alimentación de los humildes, se venda a precios escandalosos… Y es preciso que se redima por su bien y por el bien de la patria.

   A ellos le parece lógico todo esto. Lo entienden perfectamente. Pero, ¿qué culpa tienen ellos que los hombres de la tierra los hayan aislado, a pretexto de que no huelen bien? ¿Por qué no crearon escuelas en los pueblos y en los barrios de pescadores? ¿Por qué llegaron antes que las escuelas las tabernas, con sus vinos deliciosos que dan fortaleza al pescador para las rudas tareas del mar? Si abandonados a la buena de Dios, luchan con las olas y caen en la pelea muchos de ellos, ¿cómo compensar el dolor que produce la tragedia sino con un buen vaso de vino?…

   Ahora son ellos los que llevan razón. Se expresan doloridos, pero a la postre ríen. El pescador de San Fernando acoge con una sonrisa las cosas más serias de la tierra. Esto tiene su explicación. Las Callejuelas, el lugar de la ciudad en donde viven, es limpio, alegre. Las mujeres de los pescadores y las hijas cuidan del hogar con esmero. Las casas están siempre blancas, y en las rejas hay flores. Las mocitas del barrio cuando salen a la calle se adornan con ellas. Y para cada requiebro, tienen una mirada picaresca y una sonrisa triunfal…

   Lo piden todo a la Virgen del Carmen; el pescador, pesca abundante; la mujer, que el marido no gaste el jornal íntegro en la taberna; la hija, el novio… Cuando llega la fiesta de la Virgen, hay conflictos serios porque todos quieren llevarla en triunfo por las calles. A falta de la protección de la España oficial, esperan el milagro…

   Cuando las barcas atracan en el embarcadero de Gallineras, hay un momento de gran emoción. En la tierra, la familia de los pescadores esperan a los trabajadores del mar. ¿Qué les habrá dado Dios hoy? Conforme se van acercando buscan en sus rostros la explicación del misterio… Cuando el pescador grita como si fuera víctima de un ataque de cólera, los que esperan, ríen… ¡Buena pesca!

   He aquí una cosa que no se explica bien. En una época en que el hombre reclama su posesión sobre la tierra, existe todavía una clase social, que después de trabajar diez, doce, catorce horas, puede volver a su hogar sin el pan de cada día.

Rodolfo VIÑAS

***

   La Caja Central de Crédito Marítimo se dispone a conceder al Pósito del Pescador de San Fernando las subvenciones necesarias para desarrollar el cooperativismo y la cultura. Tiene establecidas las enseñanzas para los pescadores y sus hijos, y tratan de realizar las ventas del pescado directamente, suprimiendo a los intermediarios.

   Hay algunas almadrabas que dan un rendimiento importante y las salinas, de fama mundial.

   El pescador de San Fernando, como todos los de la costa, es analfabeto. Tiene, sin embargo, una cualidad muy estimable: su optimismo; y estimulado por la propaganda de los elementos de la Caja Central del Crédito Marítimo, y del ministerio de Marina, se incorpora con entusiasmo a la obra emprendida, para redimir a los pescadores de su triste situación.

Edición de El Sol que incluye el artículo referido sobre los pescadores de La Isla.

Edición de El Sol que incluye el artículo referido sobre los pescadores de La Isla.

El Sol. Diario Independiente [Fuente: Biblioteca Nacional de España]

Se publicó entre 1917 y 1939, siendo obra del ingeniero y empresario Nicolás María de Urgoiti (1869-1951), director de la potente empresa La Papelera Española. Se consideró en su momento uno de los mejores periódicos de Europa y el mejor de España.

Apareció el 1 de diciembre de 1917 y traía claros aires de renovación periodística, persiguiendo el beneficio económico desde una postura de completa independencia anunciada de forma prominente en la primera página. Su interés era la transformación política y social de España. Estaba formado por doce páginas de gran formato sin información taurina ni lotería y con muy poca información de sucesos, por lo que se le tachó de intelectual y elitista. Costaba el doble que los demás periódicos para compensar el precio del papel y la falta de subvenciones y se dirigía a un público de burgueses liberales cultivados.

Fue dirigido por Félix Lorenzo, que antes había sido director de El Imparcial, y que adoptó aquí el seudónimo de Heliófilo. Entre sus colaboradores destaca la figura de José Ortega y Gasset, que marca fuertemente la línea editorial del periódico y adelanta en los artículos que publica el contenido de sus libros. Luis Bagaría, ilustrador y caricaturista político, alcanzó gran fama con las sarcásticas viñetas que siempre publicaba en la primera página. Entre otros destacados colaboradores, podemos señalar a Lorenzo Luzuriaga, amigo y colaborador de José Ortega y Gasset, que dirigió la página de educación e instrucción pública de 1917 a 1921; Salvador de Madariaga, que escribió distintas secciones (‘Nuestras crónicas de Londres’, ‘Desde fuera’) y utilizó el seudónimo de Sancho Quijano.

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