¡Están abiertos los esteros!

3 abril, 2017

por Rafael de Urbano en Mundo Gráfico [20/02/1935]

localizado y transcrito por Alejandro Díaz Pinto [03/04/2017]

¡ESTÁN ABIERTOS LOS ESTEROS!

   Acaban de abrirse las puertas de la última salina labrada. La última de las salinas de la Isla, de Cádiz, peculiares, únicas. Ya el agua del mar entra y sale por los esteros. Las manos prácticas de los obreros isleños se dedican a los trabajos de conservación. Profundizan los «lucios», las «vueltas de periquillo», quitan el fango de los tajos y, echándolo al camino central de la nave, endulzan el terreno, para que, secándose bien, haga un piso duro.

   Así estarán hasta Mayo.

   Al terminar las lluvias es cuando se cierran de nuevo las compuertas, y de los esteros a los estanques de concentración y a los cristalizadores va el agua azul en graduaciones subidas, hasta cuajar en cosechas de blancuras.

   La alegría final del peculiar «asao» junto al mismo estero brotó entre chorros de oro jerezano y sanluqueño; que era la última despesca, es decir, la ultima recogida de la pesca que ya se hizo en el estero al cerrar sus compuertas, y se gustaba el aceitoso pez, sabroso como ninguno, con paladar de despedida hasta el año próximo. De postre, sobre plateadas bandejas de sentimientos, coplas —«Quien dijo cantares, dijo Andalucía…»—; coplas para mojar el corazón. Y por medio de todo, colándose hondo, el sol; el sol, que aquí llena el ansia y agita la sangre y hace de bronce las mujeres…

   Ya las mañanas claras están vacías de sonidos. Sólo el ir y venir de las aguas que salen y entran en los esteros abiertos.

   Mientras dura la campaña, mientras se hace la recolección de la sal, el alba tiene rumores de guitarra por estos caminos borrachos de luz. Los «hormiguillas», muchachos que con sus borriquillos transportan la sal de los tajos a los saleros —ese collar de pirámides blancas con que se engalana Cádiz—, cantan a ritmos y tonos idénticos ingenua alborada. Trinos de voces y luces que nadie nunca logró expresarlos. Y cante que aquí nadie enseñó, porque no se encierra en la cerca teórica de un aprendizaje, que este cante es sólo cosa de oír y sentir. Y ya es bastante.

   A lo largo de los canales múltiples, que van todos a parar a la bahía de Cádiz, y que son palotes azules que brillan y rebrillan entre el verdear de la hierbecilla buena, sólo se ven los trabajadores que preparan las cargas de los candrays en salinas surtidoras, ya viejas; y aquellos otros que apilan la cosecha y forman montones nuevos, blancos, blancos… Ved la impresión fotográfica cómo se encierra en un primer plano de fantásticas nieves.

   La carga de los candrays por algunos canales tiene como fondo el célebre puente de Zuazo. Allí, el castillo del mismo nombre, ya existente en tiempo de la dominación árabe, y después balancín de voluntades. Estando en poder de los Ponce de León, duques de Arcos, fué teatro de sonetos bélicos, con los Guzmanes, duques de Medina Sidonia. En 1596, cuando los ingleses saquean a Cádiz, desde este castillo se destrozan bien a los rubios enemigos. Fuertes y decididas tentativas hicieron éstos por tomarlo, mas fueron inútiles.

   El candray, cuando está lleno, allá se va con sus velas, bailarín y pinturero, canalillo afuera, hacia el mar… ¡Cuánta poesía hay escondida por estos aires azules!

   Juego de palas, y la sal sube y baja tejiendo un encaje de gracia al costado del buque receptor, anclado en la bahía gaditana. Otros llegan al amarradero del Arsenal de La Carraca, cuando los vientos arrecian y el mar y el Levante luchan por las costas con silbidos de horrores.

   La sal gaditana va a las Repúblicas del Plata, a Terranova y al Canadá, a Brasil, a Finlandia, a Suecia y Noruega, a Inglaterra y Escocia… Es buscada, porque sus características son ventajosas para la preparación del tasajo y salazón de pescados y cueros, como ninguna otra, ya que ni quema ni seca demasiado.

   Cuadro pintoresco nos regala la contemplación de un vapor inglés rodeado de candrays, con su lírico contraste de cómo le llenan los chicos el vientre al grande… Este lleva el blanco tesoro codiciado hacia el Brasil.

   Más allá, un velero, hermoso tipo de romance viejo, recibe la sal para llevarla al Río de la Plata…

   Bien es verdad que el aumento de derechos arancelarios y otras cargas que en distintas formas se clavan en estos momentos con doble filo mortal en esta industria, la ponen en peligro, con doble mayor tristeza, porque en ella la mano del obrero lo hace todo. Pero hay optimismos y esfuerzos en los directores de la Sociedad explotadora que han constituído todos los dueños de salinas, y arden en ganas de vencer…

   Alrededor de 300.000 toneladas suman los depósitos de las múltiples pirámides blancas que se extienden a lo largo del camino hacia Cádiz, excesos de stock que en buena ley de negocio deberían suprimir toda producción; pero allí bailan en estos momentos las manos sarmentosas de los obreros conservadores, ágiles en la labor. Profundizan los «lucios», las «vueltas de periquillo», quitan el fango de los tajos y lo echan al camino central de la nave, esperando con afán los aguaceros que endulcen y sequen bien el terreno… El mar entra y sale, que están abiertos los esteros, hasta que terminen las lluvias. Y con las primeras flores se cerrarán las compuertas, para que el agua azul en graduaciones, subidas de los esteros a los estanques de concentración, y de aquí a los cristalizadores, cuaje en cosecha de blancuras.

RAFAEL DE URBANO

Cómo se apila la cosecha, formando montones de una intensa blancura.

Cómo se apila la cosecha, formando montones de una intensa blancura.

Los obreros gaditanos en los trabajos de conservación.

Los obreros gaditanos en los trabajos de conservación.

Un velero, hermoso tipo de romance antiguo, que recibe la sal para llevarla al Río de la Plata.

Un velero, hermoso tipo de romance antiguo, que recibe la sal para llevarla al Río de la Plata.

Los trabajadores preparan las cargas de los «candrays» en salinas surtidoras, ya viejas.

Los trabajadores preparan las cargas de los «candrays» en salinas surtidoras, ya viejas.

Juego de palas, y la sal sube y baja, tejiendo un encaje de gracia al costado del buque receptor.

Juego de palas; la sal sube y baja tejiendo encaje de gracia al costado del buque receptor.

Mundo Gráfico [Fuente: Biblioteca Nacional de España]

Una de las revistas más populares y modernas del primer tercio del siglo veinte dedicadas al fotoperiodismo. Nace de una escisión de Nuevo mundo (1894-1913), tras la muerte de su fundador, José del Perojo (1852-1908), por parte de Mariano Zavala (1865-1944), Francisco Verdugo Landi (1874-1959) y el fotógrafo José Demaría López (1870-1936), que firmaba como José López Campúa y José L. Campúa.

De periodicidad semanal (miércoles), y entre 36 y 48 páginas, con una portada generalmente a color, de una fotografía de estudio y orlada de actrices, actores, toreros o personajes célebres del momento. Incluye fotografías, caricaturas, viñetas humorísticas, artículos de costumbres, viajes, arte, moda, deportes, divulgación, política nacional e internacional, críticas de espectáculos, teatro y taurinas, noticias de actualidad y de sucesos, así como narraciones breves, textos en verso y charadas, dedicándole gran espacio a los anuncios publicitarios, entre estos una sección de anuncios telegráficos o por palabras.

Tras constituirse en empresa como Prensa Gráfica, S.A. en 1913, junto a los ya citados, por el fotógrafo Isidoro Cámara (1876-1944) y el dramaturgo Enrique Contreras y Camargo (1872-1913), y con Zavala como director-gerente, la editora fue seguidamente controlada por La Papelera Española, de Nicolás María de Urgoiti (1869-1951), formando un trust con otras revistas y periódicos de la época, en implacable competición con las publicaciones de Prensa Española, de Torcuato Luca de Tena (1861-1929).

Fue la revista dirigida a un público más popular, de calidad inferior y más económica (20 céntimos y, después, 30) del grupo de Urgoiti, y una de las de mayor circulación en España (80-130.000 ejemplares). Tuvo un moderno diseño gráfico y sus fotografías llegaron a ocupar hasta el 90% de sus páginas.

Fue dirigida por Campúa, fotógrafo oficial de la Casa Real, quien junto al también fotógrafo Alfonso García Sánchez (1880-1953), fue enviado especial en la campaña del Rif (1909). Sus páginas en huecograbado y los fotograbados estuvieron bajo la dirección de Isidoro Cámara. Dedicó asimismo un gran espacio a la actualidad gráfica de la primera guerra europea (1914-1917), utilizando los servicios de las agencias Hugelmann, Central News y Chusseay Flaviens y con enviados especiales, incluyendo a Manuel Barroso como corresponsal en Londres.

También sufrió la censura durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). Siguió publicándose durante los dos primeros años de la guerra civil bajo la dirección de Luis Linares, publicando fotografías de la contienda, estando Campúa en diferentes frentes de batalla, pero con tan sólo ocho páginas debido a las restricciones de papel.

Contó con fotógrafos corresponsales en las provincias españolas, como Federico Ballell (1864-1951), en Barcelona; los Pérez Romero, en Sevilla, o Francisco Gómez Durán, en Valencia, y además de los ya citados, publicaron otros como Alejandro Merletti (1860-1943), José María Díaz Casariego (1897-1967), Fernando López Beaubé, Antonio Prats, Pascual Rey, Diego Calvache, Serrano Quiles, Salazar, y el ilustrador Manuel Bayo Marín (1908-1953), entre otros.

Detalle de la cabecera correspondiente a esta publicación.

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